El Imparcial / Columnas /

Opinar, nuestro deporte nacional

Si las opiniones pagaran impuestos, México pagaría toda su deuda externa.

Ariosto Manrique Moreno

Si las opiniones pagaran impuestos, México pagaría toda su deuda externa.

Aquí todos somos directores técnicos, economistas, urbanistas, epidemiólogos, abogados constitucionalistas y expertos en relaciones internacionales. Todo depende del tema que aparezca en el celular esa mañana.

En la carne asada siempre hay uno que sabe cómo acabar con la inseguridad, en el grupo de WhatsApp de la colonia aparece el que explica por qué el gobierno “debería”, en Facebook vive el especialista que resolvería la economía en tres posts y en el café de la mañana nunca falta quien asegura que él administraría mejor cualquier empresa… aunque nunca haya pagado una nómina.

Lo verdaderamente sorprendente es cuando alguien pregunta: “¿Quién le entra?”

Entonces empieza el campeonato olímpico de los paros y pretextos: “No tengo tiempo, para eso pago impuestos, todos son iguales, que lo haga el gobierno.”

Curiosamente, siempre son los mismos los que terminan organizando la kermés de la escuela, presidiendo el patronato, limpiando el parque, encabezando una cámara empresarial, buscando donativos para una causa o aceptando formar parte de un consejo ciudadano. Los criticamos con facilidad, pero cuando llega la hora de reemplazarlos… nadie levanta la mano.

Los números ayudan a entender el problema: de acuerdo con el INEGI, apenas 11.7% de los mexicanos mayores de 18 años participa en alguna organización de la sociedad civil. Dicho de otra manera: casi nueve de cada diez ven el partido desde la tribuna y no se meten a jugar.

Por otra parte, alrededor del 44% realiza algún tipo de trabajo voluntario, también según el INEGI. Es una buena noticia, pero gran parte corresponde a actividades esporádicas. Ayudar un sábado haciendo servicio social es lo de menos, lo complicado es sostener un compromiso durante años, incluso cuando nadie lo reconoce.

A eso se suma otro obstáculo: la desconfianza. Latinobarómetro reporta que la mayoría de los mexicanos cree que hay que desconfiar de los demás y una sociedad que desconfía termina haciendo exactamente eso: nada en equipo. Sin confianza no nacen asociaciones fuertes, ni proyectos comunitarios, ni ciudadanos capaces de construir algo más grande que ellos mismos.

Mientras tanto, seguimos esperando que “alguien” arregle el país.

Hay personas que creen que ya cumplieron con su deber cívico porque compartieron una publicación, dejaron un comentario incendiario o consiguieron cien “likes”. Pero una comunidad no mejora con eso; mejora cuando alguien acepta ser vocal de la escuela, entrenador de un equipo infantil, voluntario de una asociación, integrante de un patronato o mentor de un emprendedor. La diferencia entre una sociedad estancada y una que progresa rara vez está en la cantidad de personas que opinan, está en la cantidad de personas que se comprometen.

Defender la libre empresa, exigir mejores gobiernos o reclamar instituciones más eficientes es perfectamente válido. Pero ninguna de esas causas prosperará si seguimos creyendo que la ciudadanía consiste únicamente en opinar. Las sociedades más desarrolladas son las que producen más personas dispuestas a asumir responsabilidades, no son las que producen más comentaristas.

En un país donde todos comentan, pero pocos participan, termina siendo gobernado por quienes simplemente se levantaron de la silla mientras los demás seguían escribiendo comentarios.

*- El autor es director de Testa Marketing, investigación de mercados.

Sigue nuestro canal de WhatsApp

Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí