Las últimas horas de Benito Juárez
Cada año, el Gobierno de México y diversas instituciones, incluida la masonería a la que perteneció y fue miembro distinguido, realizan ceremonias cívicas y guardias de honor en su memoria, destacando las ofrendas florales depositadas en su mausoleo y en recintos históricos.

Cada año, el Gobierno de México y diversas instituciones, incluida la masonería a la que perteneció y fue miembro distinguido, realizan ceremonias cívicas y guardias de honor en su memoria, destacando las ofrendas florales depositadas en su mausoleo y en recintos históricos.
El aniversario luctuoso de Benito Juárez se conmemora cada 18 de julio, fecha en la que falleció en 1872 en el Palacio Nacional de la Ciudad de México.
A Juárez se le recuerda como el “Benemérito de las Américas” y el principal constructor del Estado mexicano moderno.
Murió a los 66 años de edad, tras haber sido presidente de la República durante varios periodos (1858-1872) como legado histórico Impulsó las Leyes de Reforma, la separación entre la Iglesia y el Estado, la consolidación de la República y la educación laica.
Pero hoy no quiero destacar sus logros, quiero compartir la narrativa de sus ultimas horas de vida:
Las últimas horas de Benito Juárez relatadas por el Dr. Ignacio Alvarado
La mañana del 18 de julio de 1872 ya corría la noticia de la enfermedad que aquejaba al presidente Juárez, sin embargo, la gravedad de su padecimiento no era del dominio público.
“…Serían las once de la mañana de aquel luctuoso día, cuando un nuevo calambre doloroso del corazón, lo obligó a arrojarse rápidamente a su lecho; no se movía ya su pulso, el corazón latía débilmente; su semblante se demudó, tuve que acudir, contra mi deseo a la aplicación de un remedio muy cruel pero eficaz: el agua hirviendo sobre la región del corazón; el señor Juárez se incorporó violentamente al sentir tan vivo dolor y me dijo con el aire del que hace notar a otro su torpeza: “Me está usted quemando”. “Es intencional señor, así lo necesita usted ”, le contesté. El remedio produjo, felizmente, un efecto rápido, haciendo que el corazón tuviera energía para latir; después de este lance, el alivio fue tan grande y tan prolongado, que se pasó cerca de dos horas sin que volviera el dolor; Aquella calma pronto desapareció, y un nuevo ataque, más formidable, más repentino y más prolongado que el de la mañana, vino a perturbar la reciente tranquilidad de los que lo rodeamos, le apliqué sin perder tiempo el remedio y aún me parece que estoy mirando cómo se crispaban y extendían alternativamente las fibras de los músculos sobre las que hizo la aplicación, señal evidente de un agudísimo dolor; dirigí mi vista, su semblante ¡nada! ni un solo músculo se movía; ni la más ligera expresión de dolor o de sufrimiento; su cuerpo todo permanecía inmóvil y esto cuando al quitar el agua se levantaba una ámpula de varias pulgadas sobre su piel vivamente enrojecida.
…Horas después no era ya lugar de descanso del presidente, sino el lecho mortuorio del hombre grande, del patricio que desapareció de entre nosotros pronunciando sus últimas palabras en bien de la República. Así pasó Benito Juárez de la vida transitoria a la inmortalidad, con la tranquilidad de conciencia con que muere todo hombre justo y honrado que, como él, supo siempre cumplir con su deber.”
- *- El autor es Coordinador del Área Pericial del Instituto INJUS.
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