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A pesar de la adversidad México atrae Inversión

México cerró el primer trimestre de 2026 con una cifra que invita al aplauso: 23,591 millones de dólares de Inversión Extranjera Directa, lo que representa un crecimiento de 10.4% anual y encadena tres años consecutivos de avance.

Ismael  Plascencia López

México cerró el primer trimestre de 2026 con una cifra que invita al aplauso: 23,591 millones de dólares de Inversión Extranjera Directa, lo que representa un crecimiento de 10.4% anual y encadena tres años consecutivos de avance. La narrativa oficial celebra la “fortaleza económica” del país. Conviene, sin embargo, leer la letra pequeña antes de descorchar la botella.

El dato: 94.2% de toda la IED registrada corresponde a reinversión de utilidades, que se disparó 33.5% hasta los 22,222 millones de dólares. Las nuevas inversiones —el capital fresco que llega por primera vez a instalar una planta y contratar gente— apenas crecieron 7.5%. Dicho con crudeza: de cada cien dólares que ingresaron, solo siete son nuevos. Es una señal de confianza de quien ya está aquí —aunque también conviene admitir la otra cara de la moneda: para una empresa con plantas y cadenas de proveedores ya instaladas, el costo de liquidar lo ya invertido es muy alto, y reinvertir puede ser menos una apuesta entusiasta que la decisión más racional dado lo hundido del capital—. El nearshoring que prometía una avalancha se parece más a una consolidación.

La actividad que más creció fue servicios financieros y seguros, que pasó de 5,321 a 6,851 millones de dólares, un alza de 28.8%. La fabricación de vehículos, en cambio, subió de 3,351 a 4,033 millones. Que el capital financiero crezca más rápido que el manufacturero no es neutral: la inversión en banca y seguros genera rentabilidad, pero su efecto sobre el empleo directo y los encadenamientos productivos locales es mucho menor que el de una planta automotriz. Es inversión que mueve flujos, no necesariamente líneas de ensamble.

Baja California captó 1,394 millones de dólares, el 5.9% del total nacional, y se ubicó en cuarto lugar del país, solo detrás de la Ciudad de México, el Estado de México y Nuevo León gracias a la ubicación geográfica y a las gestiones del Secretario de Desarrollo e Innovación de Baja California Kurt Honold, cuyo perfil es empresarial, pragmático y por encima de ideologías de izquierda. El crecimiento es notable: 51.19% más que en el primer trimestre de 2025. Y aquí la diferencia con el promedio nacional juega a nuestro favor. Mientras la capital concentró banca y seguros, Baja California atrajo proyectos automotrices, parques industriales y transporte de mercancías, además de la ampliación de líneas de producción de electrodomésticos. Es decir, capital con vocación productiva, ligado a la economía real fronteriza. La tarea pendiente: la nueva ola de alto valor —IA, centros de datos, semiconductores— hoy se ancla en el Bajío, no en la frontera.

Y este es el punto que no admite complacencia. La economía mundial se está deteriorando: las tensiones entre Estados Unidos y China, la guerra en Medio Oriente, el conflicto entre Rusia y Ucrania y la propia renegociación del T-MEC dibujan un horizonte de fragmentación comercial y posible recesión global. En ese escenario, el récord de hoy no garantiza nada. Si México —y en particular Baja California— quiere salir fortalecido y no debilitado de la tormenta, debe invertir en lo que sostiene la competitividad en el largo plazo: educación para la nueva economía, que forme el talento técnico que las industrias de alto valor exigen, e infraestructura logística estratégica, como el largamente postergado proyecto de Punta Colonet. Esa es la diferencia entre absorber una recesión o ser arrastrados por ella. El capital se celebra cuando llega; la resiliencia se construye antes de necesitarla.

*- El autor es Doctor en Economía, Maestro en Desarrollo Regional, profesor-investigador en Cetys Universidad.

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