Todos nos quejamos, casi nadie actúa
La basura en Tijuana dejó de ser solamente un problema de limpieza. Se convirtió en el reflejo de una ciudad que poco a poco ha normalizado el abandono.

La basura en Tijuana dejó de ser solamente un problema de limpieza. Se convirtió en el reflejo de una ciudad que poco a poco ha normalizado el abandono.
Basta recorrer vialidades principales, colonias populares, cañones o zonas comerciales para encontrar bolsas acumuladas, muebles tirados, contenedores saturados y pequeños basureros clandestinos que ya forman parte del paisaje diario. Lo más preocupante no es únicamente la suciedad; es el hecho de que ya casi dejó de sorprendernos.
Nos acostumbramos.
Y cuando una ciudad se acostumbra al deterioro, comienza también a perder comunidad, orden y sentido de pertenencia.
Por supuesto que existe una responsabilidad gubernamental evidente. El servicio de recolección sigue siendo insuficiente en muchas zonas y, pese a que el Ayuntamiento anunció inversiones superiores a los 500 millones de pesos para limpieza urbana durante este año, los resultados visibles continúan siendo limitados para gran parte de la población. La percepción ciudadana sigue siendo la misma: la ciudad continúa sucia.
Pero el problema va mucho más allá de la basura.
También existe una creciente contaminación visual que termina reforzando esa sensación permanente de desorden. La saturación de espectaculares, carteleras y anuncios comerciales invade cada vez más la ciudad sin que exista realmente una visión urbana clara sobre límites, armonía o imagen pública.
A eso se suma el exceso de grafiti en bardas, puentes, espacios públicos y propiedades privadas. No se trata de debatir expresiones artísticas o culturales; el problema aparece cuando el abandono visual termina dominando el entorno urbano y enviando el mensaje de que cualquier espacio puede ser deteriorado sin consecuencias.
Y ahí nuevamente hemos fallado todos
Porque resulta demasiado cómodo responsabilizar únicamente al gobierno mientras seguimos viendo basura arrojada en lotes baldíos, desechos abandonados en banquetas y personas que sacan desperdicios fuera de horario o simplemente esperan a que alguien más resuelva el problema. Nos indignamos en redes sociales, compartimos fotografías y criticamos a las autoridades, pero pocas veces existe un verdadero esfuerzo colectivo para cambiar las cosas.
Y eso incluye prácticamente a todos.
Los organismos empresariales hablan constantemente de competitividad, inversión y desarrollo económico, pero rara vez impulsan una agenda permanente sobre limpieza urbana, contaminación visual y recuperación de espacios públicos. Los grupos sociales reaccionan solamente en momentos específicos, pero no existe una presión sostenida ni una visión de largo plazo para rescatar la ciudad.
Incluso muchos ciudadanos creemos cumplir simplemente con barrer el frente de nuestra casa o negocio, como si el problema terminara en nuestra banqueta. Pero una ciudad no funciona de manera aislada
La basura, el deterioro visual y el abandono urbano afectan mucho más que la imagen de Tijuana. Obstruyen drenajes, generan contaminación, deterioran espacios públicos, afectan la calidad de vida y terminan enviando un mensaje peligroso: aquí el abandono ya se volvió normal.
Y quizás eso sea lo más grave.
Porque mientras todos seguimos encontrando culpables, la ciudad continúa deteriorándose frente a nosotros.
*- El autor es un opinólogo tijuanense enamorado de su ciudad.
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