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España vs. México

Qué estéril y sintomático está siendo el debate sobre la conquista de México, casi obliga a tomar un argumento radical sobre lo moral de esos siglos, buenos y malos.

Ricardo  Menéndez

Qué estéril y sintomático está siendo el debate sobre la conquista de México, casi obliga a tomar un argumento radical sobre lo moral de esos siglos, buenos y malos. El mexicano se empezó a sentir cómodo con lo español apenas el siglo pasado, a mi abuelo panadero español le apedreaban las vitrinas el día de la independencia, aún en los años cincuenta, hasta que colgó vírgenes de Guadalupe. Es muy lamentable que la derecha tome la bandera del conquistador y abra la puerta a la derecha española que piensa nosotros tenemos que darles las gracias. Había dado por superado el Laberinto de la Soledad de Octavio Paz en la postmodernidad, el ver que se reaviva el rencor con viejos argumentos me llevó a releerlo. Su hipótesis psicosociológica era que inconscientemente el mexicano se sentía un hijo de la chingada (palabras de Paz), alguien que no podía identificarse con lo español por haber sido violador de una indígena, la Malinche. La necesidad de solicitar perdón por parte de AMLO y después de Claudia al rey de España me parece algo absolutamente fuera de lugar. Para empezar, es seguir otorgándole el carácter de rey, si se humilla y pide perdón, nos reivindica. Hablar tanto de los indios durante la colonia nos distrae de los indígenas vivos y aún en pobreza, la verdad es que si tuvimos un presidente indígena fue porque era muy inteligente y se vistió de catrín, no enarboló ninguna causa indígena. Bastó que el rey hiciera un comentario de pasillo “mucho abuso” para que se reanudaran las relaciones diplomáticas de manera fluida, así estamos. Es cierto que tenemos una cultura, la mexicana, con todos sus matices, y el español que emigraba al México independiente se asimilaba, todo pueblo mayor tenía un gachupín, generalmente en cantinas o panaderías, a mediados del siglo pasado se detuvo la migración de españoles pobres. Ahora están más presentes en la farándula o los negocios, los españoles conviven con nosotros sin dificultad, sin aires colonialistas, esto está más en ese trauma no resuelto en la historia del mexicano. Imagino a Claudia entre los argumentos idealizados del expresidente sobre el mundo prehispánico y la España y los indígenas de hoy en día; un país con un partido socialista que extiende la mano al nuestro, y por otro lado los indígenas, a los que poco les sirve la Suave Patria de las mañaneras. Reivindicar los derechos del campesino y regresarle tierras, dado el caso, sería más útil que el perdón del rey. Somos el resultado del difícil encuentro de dos civilizaciones, donde una destrozó a la otra. Para finales del siglo XIX más de la mitad no hablaba español, en el siglo XX giró a una décima parte. La imagen del europeo se convirtió en el ideal de belleza, basta con prender la televisión, el mundo indígena actual es algo distante, y con una generación joven absorbida por las redes, como los no indígenas. La nuestra, fue una tragedia histórica, como tantas, hay que vivir con ello.

  • *- El autor es siquiatra y ejerce en Tijuana.

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