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El doble turno que nadie ve

Hay un momento que muchas madres conocen de memoria: son las 7 de la mañana, ya revisaron el correo, ya corretearon a los hijos, ya pensaron en el almuerzo y en la junta de las nueve. Antes de que el mundo empiece, ellas ya llevan horas en marcha.

Elisa Ibáñez

Hay un momento que muchas madres conocen de memoria: son las 7 de la mañana, ya revisaron el correo, ya corretearon a los hijos, ya pensaron en el almuerzo y en la junta de las nueve. Antes de que el mundo empiece, ellas ya llevan horas en marcha.

Hoy en el marco del Día de las Madres quiero hablar de ellas: de las madres que caminan por los pasillos de nuestras empresas, que presiden mesas directivas, que asesoran con criterio en consejos de administración, que lideran equipos y también lideran familias. Mujeres que no eligieron entre una vida profesional y una vida personal, sino que decidieron, con valentía, tener ambas.

En las empresas convivimos con ellas todos los días. Son la empresaria que llega puntual al desayuno, aunque saldrá corriendo a una kermés escolar. Son la consejera que da su opinión con claridad y que saliendo pasa por una cartulina. Son la colaboradora que cumple sus metas, pide permiso para llevar al niño al médico, y lo recupera sin que nadie se lo pida.

Su doble jornada no es una queja, es una realidad.

na realidad. Quien ha visto crecer un negocio y criar una familia al mismo tiempo sabe que ambas cosas se parecen más de lo que parece: requieren paciencia estratégica, tolerancia a la incertidumbre, capacidad de delegar y, sobre todo, amor como combustible de fondo.

Las madres empresarias no solo generan empleos, modelan culturas organizacionales más humanas. En muchos casos, son ellas quienes impulsan dentro de sus empresas las políticas de flexibilidad, los permisos de paternidad, los apoyos para lactancia. No porque lo hayan leído en un manual, sino porque lo han vivido.

La experiencia de criar, en su dimensión más amplia, desarrolla habilidades que ningún diplomado ni maestría garantiza: escucha activa, visión de largo plazo, gestión de crisis con cabeza fría, capacidad de sostener a otros mientras una misma enfrenta sus propias tormentas.

Las madres en los consejos de administración traen esa perspectiva al más alto nivel de decisión. Su presencia no es cuota, es aportación genuina de una inteligencia forjada en la complejidad de lo cotidiano

Forjada en la complejidad de lo cotidiano. Y luego están ellas: las que hacen funcionar las empresas desde adentro, en cada área, en cada turno. Las que no tienen el título de directora, pero llevan la empresa en la cabeza igual que llevan la semana de sus hijos. Las que piden flexibilidad con dignidad y la devuelven con resultados.

Celebrarlas es también preguntarnos:¿nuestras empresas están a la altura de lo que ellas nos dan? ¿Tenemos políticas quere conocen su doble realidad? ¿O seguimos exigiéndoles que dejen la maternidad en la puerta?

Desde Coparmex creemos en un empresariado con responsabilidad social, y esa responsabilidad empieza puertas adentro. Retener e impulsar el talento femenino, especialmente el de las madres, no es filantropía; es inteligencia de negocio.

Hoy las celebramos. Mañana, sigamos construyendo las condiciones para que no tengan que elegir entre ser buenas profesionistas y ser buenas madres, porque esa nunca debió ser una elección.

Feliz Día de las Madres a todas las que mueven empresas, familias y países.

*- La autora es contadora pública certificada y presidenta de Coparmex Tijuana.

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