El efecto patético
Entre el siglo XIX y XX cambió el sentido del concepto de lo patético. Era un recurso de la retórica para referirse a algo emocionalmente intenso, cambió a otro concepto popular para lo ridículo, lo lamentable o de pena ajena.

Entre el siglo XIX y XX cambió el sentido del concepto de lo patético. Era un recurso de la retórica para referirse a algo emocionalmente intenso, cambió a otro concepto popular para lo ridículo, lo lamentable o de pena ajena. Es una categoría que hay que enlistar dentro de las características psicológicas de Trump. Ya he insistido en que el mundo está padeciendo las acciones de una persona con un trastorno narcisista maligno y, ahora, herido. El efecto patético es lo que provoca en el otro ese trastorno de la personalidad, es como el emperador desnudo, tan narcisista que imagina lo ven como el mejor del mundo en casi todo, como el bello traje imaginario del cuento. Este emperador, Trump, resulta impermeable al señalamiento que está desnudo, no es ni la sombra de quien se imagina a sí mismo. No es un simulador, aunque sí un engañador, engaño es su mayor recurso. Se la cree y tiene un narcisismo camaleónico que se adapta al momento cambiando de opinión sin ningún escrúpulo. Resulta tan excesivo que nos genera una imagen patética, tanto que quienes se consideran trumpistas deberían preguntarse sobre su identificación con alguien que resulta patético para la mayoría del mundo. Esos que piensan “habla como yo siento”, que sostienen hay algo mesiánico, en realidad imperialista, en el ser americano y que Trump es su encarnación. Sus memes de salvador hablan de la necesidad que tiene de mostrarse como superhéroe. Habla al espejo y dice lo que piensa, toda crítica o diálogo le resulta algo maligno y hostil, no hay posibilidad de acuerdos o un mínimo de honor. Lo más lamentable es que una tercera parte de los americanos se identifican con él, les parece alguien que los representa, y lo es. Se habla de una lista de objetivos a agredir como Venezuela, Irán,
Cuba y hasta México está en la mira, recientemente ya se ha burlado machistamente de nuestra presidenta, como lo puede hacer de otro mandatario, China es en realidad su real rival. Su vida es patética, su familia, sus apariciones en público, su personalidad, son tan evidentes su carencia de cultura, moral y empatía que asusta haya millones de americanos que se ven en él. Eso que desde fuera se ve como un ridículo, en él tiene una sensación de injusticia, un victimismo exagerado. La gran pregunta es cómo lo sacarán de la presidencia, yo me lo imagino renunciando con aires de grandeza y víctima antes de arriesgarse a una destitución, no lo toleraría. Tan se trata de un grave problema en su personalidad que muchos en su derredor están considerando tomar distancia. Quizá sea una manifestación de lo patético de su país.
- *- El autor es siquiatra y ejerce en Tijuana.
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