Modificar la ley
Por el derecho a la libertad de expresión.

Los siguientes relatos de delitos fatales graves, tienen como actores principales a menores de edad que actuaron con premeditación, alevosía y ventaja. Los motivos que los llevaron a actuar de esa manera pudieron ser cuestiones personales, de contrato con particulares, por órdenes del crimen organizado o tratando de evitar actos de tortura o asesinato contra ellos o su familia inmediata. Estos son, como se puede ver, motivantes inevitables, o del tipo de, o matas o te matan. No hay de donde escoger. No obstante, ciertos tipos de asesinatos no entran en este esquema, y parecen ser más bien asuntos con motivaciones personales profundas, que emergen de estados psíquicos cuyos orígenes deben ser investigados para buscar como corregirlos y evitar que se repitan. Porque la lógica del tu matas, y si no lo haces, te matamos, no sólo no resuelve el problema, sino que lo agrava y lo enquista en la sociedad.
El 12 de febrero del 2026, en Ciudad Obregón, Sonora, dos menores de 13 y 16 años, asesinaron a una mujer y su hijo. Durante la investigación les encontraron tres armas largas, un bate de béisbol, cuchillos de cocina con manchas de sangre en la ropa, teléfonos celulares de sus víctimas, chalecos tácticos y ponchallantas. Todo indica que eran integrantes de una organización criminal más amplia y/o, que ellos actuaban como delincuentes independientes consumados y con mucha experiencia delictiva. (Tomado de www.am.com.mx) En ese mismo esquema, un niño de 15 años llegó armado a su preparatoria en Michoacán, y asesinó a dos profesoras porque no lo dejaron entrar a la institución, por llegar tarde. Llevaba un arma para uso exclusivo del ejército y aceptó que la obtuvo en su casa y que le pertenecía, muy probablemente, a su padrastro, que es miembro activo de las fuerzas armadas. No hace falta ser un consumado investigador de fatalidades, para darnos cuenta de que hay sucesos dentro de estas aniquilaciones, que se integran en un esquema parecido. Primero, son personas de menos de dieciocho años, que asesinan a niños a mansalva, o sea sin ponerse ellos en peligro mientras lo hacen. Los asesinatos son un escarnio a los valores más elementales de la sociedad actual y, al parecer, quienes los llevan a cabo, están conscientes de que el riesgo de obtener sentencias duras y fuertes es nulo. Las actuales leyes determinan que la pena más dura es estar encarcelados tres años.
Resulta obvio observar que estas leyes están hechas para proteger a los delincuentes menores de edad. Los argumentos se apoyan en hacer observaciones de la negativa situación al interior de sus hogares, que los llevó a cometer estos inhumanos actos de barbarie. Por consiguiente, como fueron agredidos dentro del entorno hogareño provocándoles traumas y otros daños psicológicos, sus procesos criminales, deben ser tratados con mucha suavidad, porque ellos, los niños asesinos, son producto de la mala educación recibida. No obstante, ellos procedieron con motivaciones malignas.
Por mucho que se argumente a favor de estas leyes injustas, quienes sufrieron los mayores daños, fueron quienes murieron con crueldad extrema y sus familiares que los perdieron. Mientras que protege a los agresores, desampara a los agredidos. Resulta un imperativo el proceder con urgencia a reformar lo necesario, para que, dependiendo del caso y la gravedad de este, se les juzgue como adultos y se les castigue con penas tan altas como el caso lo amerite. Ya es la hora en que se le de vuelta a la tortilla, y se inicie con los juicios contra menores de edad que cometieron asesinatos con premeditación, alevosía y ventaja. Eso mismo debe suceder con quienes bajo el influjo del alcohol y las drogas, conduciendo un automóvil, maten a ciudadanos caminando tranquilos por las calles y ellos salgan libres. Vale.
*- El autor es licenciado en Economía con Maestría en Asuntos Internacionales por la UABC.
Sigue nuestro canal de WhatsApp
Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí
Grupo Healy © Copyright Impresora y Editorial S.A. de C.V. Todos los derechos reservados