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Un concierto pa’ Tijuana

El sábado 21 de marzo Tijuana tuvo su “Primera cita” con un experimento curioso: un concierto por la paz organizado por el gobierno federal y colaboración del gobierno del estado, con uno de los artistas más populares del momento, Carín León, y con la expectativa de convocar multitudes.

Ariosto Manrique Moreno

El sábado 21 de marzo Tijuana tuvo su “Primera cita” con un experimento curioso: un concierto por la paz organizado por el gobierno federal y colaboración del gobierno del estado, con uno de los artistas más populares del momento, Carín León, y con la expectativa de convocar multitudes. En papel sonaba bien, en redes sonaba mejor, pero en la realidad sonó hueco. Las sillas vacías terminaron siendo el coro más fuerte de la noche.

Debo empezar diciendo que no se trata de negar el esfuerzo pues gobernar implica intentar. Pero también implica escuchar. Y ayer la ciudad habló… aunque fuera con “Ojos cerrados” desde su casa.

La gente no fue. Personalmente no creo que haya sido por desprecio a la música, ni por apatía, ni por errores logísticos, creo que algo más profundo: desánimo, distancia, desconfianza.

Durante años se nos ha querido vender la idea de que la convivencia masiva y el colectivismo resuelve tensiones sociales, que el espectáculo cura fracturas, que el ambiente festivo sustituye la política pública, que el pan y el circo sí funcionan. Pero el ciudadano de hoy ya no es el mismo, ya no se deja llevar tan fácil, ya no compra narrativas solo porque suenan bonito, y cuando siente que el mensaje no le habla directo, simplemente no aparece… sin drama, sin protestas, sin escándalo, solo ausencia.

En esa ausencia hay un mensaje muy fuerte para el gobierno. Es como si la ciudad hubiera preguntado: ¿“Según quién” esto conecta con nuestras prioridades? La paz y la tranquilidad de nuestra ciudad no se decreta desde un escenario, se construye en colonias iluminadas, en trámites ágiles, en oportunidades reales, se construye cuando el gobierno escucha a la gente y a la sociedad organizada, deja ser promotor de eventos y se convierte en generador de confianza.

Lo más delicado es que estos intentos cuestan, cuestan recursos públicos, tiempo institucional y, sobre todo, credibilidad. Y la credibilidad es como una relación sentimental complicada: si se rompe muchas veces, por más que digas “Que vuelvas”, la respuesta puede ser silencio. Un silencio que pesa más que cualquier abucheo.

También hay algo emocional en juego: Baja California es tierra de carácter, aquí la gente participa cuando siente sentido, se involucra cuando percibe propósito, pero cuando huele a simulación, se aleja. Como quien dice: “Me la aventé” muchas veces creyendo en promesas… ya no más.

Quizá la lección no es amarga, sino útil. Tal vez este episodio es una especie de “La Boda del Huitlacoche” política: mucha música, mucha decoración… pero pocos invitados convencidos. Un recordatorio de que gobernar no es llenar plazas, sino llenar expectativas. No es producir momentos virales, sino resultados tangibles.

Miren amigos, la ciudadanía puede ser paciente, incluso generosa, puede decir “Te lo agradezco” cuando ve intención genuina, puede acompañar cuando hay rumbo claro, pero cuando percibe desconexión, también sabe retirar la confianza… y el voto.

*- El autor es Director de Testa Marketing, investigación de mercados.

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