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El Ataque a Irán, del Golfo Pérsico a tu bolsillo

La columna pasada sugerí leer la coyuntura con el marco CIVA: Complejidad, Incertidumbre, Volatilidad y Ambigüedad.

Ismael  Plascencia López

La columna pasada sugerí leer la coyuntura con el marco CIVA: Complejidad, Incertidumbre, Volatilidad y Ambigüedad. Hoy ese lente ayuda a entender por qué los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán no se quedan en la sección internacional: se convierten en costos que recorren cadenas logísticas globales y alteran precios, y costos de transacción como el precio de energéticos y cadenas logísticas.

El 28 de febrero de 2026 comenzó una serie de ataques de Israel y Estados Unidos contra objetivos en Irán, incluyendo su liderazgo, fuerzas armadas y programas nuclear y de misiles. En eventos así, la economía reacciona tanto a los hechos como a las probabilidades.

C de Complejidad. El shock no viaja por un solo canal: energía, transporte, seguros y financiamiento se mueven a la vez. El punto sensible es el Estrecho de Ormuz. En 2024 y 2025, los flujos por Ormuz representaron más de una cuarta parte del comercio mundial de petróleo por vía marítima, cerca de una quinta parte del consumo global de petróleo y productos, y alrededor de una quinta parte del comercio mundial de gas natural licuado. Eso vuelve a la región un multiplicador de costos, incluso si no hay un cierre formal.

I de Incertidumbre. Cuando el futuro se nubla, sube la prima de riesgo. No hace falta una interrupción total para que aumenten seguros marítimos, recargos por ruta y exigencias contractuales. En la empresa, la incertidumbre se paga con inventarios más altos, proveedores alternos y más capital de trabajo inmovilizado. En el sector público, se paga con decisiones difíciles entre amortiguar combustibles o aceptar un ajuste más rápido en precios.

V de Volatilidad. La incertidumbre se expresa en movimientos bruscos: tipo de cambio, spreads y costos de cobertura. Para México, eso altera el costo de insumos importados y complica presupuestos. Si el choque energético coincide con depreciación del dólar con respecto al peso, el traspaso a precios se acelera. Y si los bancos centrales temen efectos de segunda vuelta, sostienen tasas altas por más tiempo, encareciendo el crédito.

A de Ambigüedad. En conflictos rápidos la información es incompleta y a veces contradictoria: no siempre está claro el alcance, los daños ni el siguiente paso. Incluso análisis oficiales advierten que, por ser un evento en desarrollo, varios reportes son difíciles de verificar. La respuesta racional es gestionar por escenarios y por umbrales: ¿qué haré si sube X% el combustible, si se alarga Y días el tránsito, si el dólar se mueve Z%?

Aquí importa pensar en escenarios. Si hay desescalada, la prima de riesgo tiende a diluirse y los precios corrigen. Si la tensión se prolonga, aunque no haya cierres, los costos logísticos pueden quedarse altos por seguros y rutas más caras. Y si hubiera daño relevante a oferta energética o restricciones mayores, el golpe se vuelve macro: menor crecimiento global, presión sobre precios y más cautela financiera.

¿Y Baja California? Aquí CIVA se siente doble: por costos (energía, fletes) y por confiabilidad (tiempos de cruce). El nearshoring puede ser amortiguador si las empresas buscan reducir exposición a regiones de conflicto, pero sólo si la región ofrece certidumbre operativa: energía estable, infraestructura, seguridad y eficiencia aduanera. Para empresas: mapear exposición a combustibles, dólar y tiempos; usar coberturas con disciplina; diversificar insumos críticos y cuidar liquidez. En un mundo globalizado e interconectado a pesar de los movimientos nacionalistas, la distancia no protege y los efectos adversos como costos se propagan del Golfo Pérsico a tu bolsillo.

*- El autor es Doctor en Economía, Maestro en Desarrollo Regional, profesor-investigador en Cetys Universidad.

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