México de rodillas, ¿Cómo llegamos a esto?
“Cuando no tomas una postura en contra de la corrupción, tácitamente la apoyas.” Kamal Haasan

La gran pregunta es: ¿Cómo pudimos dejar que un cáncer de este tamaño creciera y se enraizara en nuestra sociedad, al grado de paralizar la economía, a la muerte de un cabecilla del crimen organizado?
vivido el fin de semana pasado, es consecuencia de muchos años de contubernios y permisividad gubernamental. Su origen, probablemente, data de comienzos del siglo XX, en plena Revolución Mexicana. En el norte del país, especialmente en los estados de Sinaloa, Durango y Chihuahua, el cultivo de la amapola empezaba a crecer utilizándose para calmar el dolor de los heridos, y la mariguana circulaba entre soldados y prisioneros, también como una medicina o un tranquilizante. No existían los cárteles de drogas, sin embargo, ya había un mercado que iba en crecimiento.
En su momento, los presidentes Porfirio Díaz y Venustiano Carranza prohibieron el consumo de estas drogas. Díaz firmó en 1882, un decreto que prohibía la venta de la “planta Rosa María” (mariguana) y Carranza en 1916, estableció las primeras políticas en contra del tráfico de opio hacia el mercado estadunidense, según documentos del Archivo General de la Nación.
Jorge Hernández Tinajero y Guillermo Andrés Ospina, en su libro: “Amapola, opio y heroína. La producción de Colombia y México”, mencionan que el crecimiento de estos estupefacientes se debió a la demanda de morfina en Estados Unidos a consecuencia de la Guerra Civil, así como la llegada de trabajadores de origen chino al “Triángulo Dorado”, que abarca una parte de Sinaloa, Durango y Chihuahua, formando una región montañosa de difícil acceso, que ha facilitado diferentes cultivos de manera soterrada.
Poco a poco fue creciendo el negocio ilícito y posteriormente aparecen una primera generación de capos como Rafael Caro Quintero y los Arellano, y a su caída surgen nuevos liderazgos, sin embargo, el verdadero problema se da cuando se infiltran en las esferas gubernamentales cooptando a las corporaciones policíacas y peor aún, a las autoridades de diversos municipios del país, como recientemente ocurrió con el alcalde de Tequila; Jal.
Todo esto generó que se fundara en los Estados Unidos, la DEA en 1973, durante el gobierno del presidente Richard Nixon, con objeto de combatir el tráfico de drogas en su país.
El mercado de las drogas creció enormemente en la segunda mitad del siglo XX, al grado de que el gobierno norteamericano otorgaba un tipo de certificación a los gobiernos que hacían su tarea en el combate al narcotráfico. México, en algunos años perdía esa certificación y ello le obstaculizaba acceder a préstamos del FMI o del Banco Mundial.
Durante el sexenio del presidente Calderón, se desató una guerra frontal contra el narcotráfico, la cual, al carecer de una estrategia integral, solo provocó la pulverización de los grupos organizados. Peña Nieto no hizo grandes cambios en la materia y López Obrador con su política de “Abrazos, no Balazos”, permitió que el crimen organizado se infiltrara a todos los niveles del gobierno y la nueva administración de la Dra. Sheinbaum, ha tenido que combatir a los grupos delincuenciales, más por presión del gobierno estadounidense, que por convicción y los acontecimientos del fin de semana pasado, parecen confirmarlo, al conocerse la participación del gobierno de los Estados Unidos en su implementación.
El hecho es que, gracias a la corrupción e impunidad imperante, heredada especialmente del gobierno anterior, estamos frente a un escenario que en momentos pareciera ser más grande y poderoso que la propia fuerza del Estado. Ojalá que todavía estemos a tiempo de combatirlo.
- *- El autor es asesor empresarial en cabildeo.
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