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Los therian

Me preguntaron esta semana mi opinión sobre el fenómeno therian, no lo entrecomillo para no herir susceptibilidades, así estamos.

Ricardo  Menéndez

Me preguntaron esta semana mi opinión sobre el fenómeno therian, no lo entrecomillo para no herir susceptibilidades, así estamos. Lo interesante de este fenómeno es que se trata de algo generado por, y para, las redes sociales. Por lo tanto, es tan tonto como significativo de nuestra juventud actual, sometidos a la pantalla y estupidizados como animales. No es una forma de psicopatología como tal, pero sin duda hay que tener problemas de identidad, o de personalidad, como para sumarse a este colectivo. Se trata de borrar lo más posible su humanidad y dar la apariencia, mediante el disfraz y la conducta. Me pregunto cómo será la vida íntima de estos sujetos, intuyo, que muchos no tendrán. Sospecho dos tipos, los tontos o los que sufren psíquicamente, podría ser ambas. Son una pequeñísima minoría, pero en estas semanas han causado revuelo y es un tema de moda, pasajero. El fenómeno continuará, se normalizará como algo lúdico, y no dudo más de uno se una por motivos simplemente lúdicos, sin identificarse con un animal. Ellos no se creen que son el animal, pero sí que parte de su cerebro lo es. Entran y salen de este refugio psicológico, les produce bienestar expresar y actuar esa sensación de ser cierto animal, generalmente, obviamente, perros y gatos, originalmente fueron lobos, revisé su historia. Busqué y encontré de todo, lo más viral fue una mujer en Tokio que entiendo fue arrestada por pasearse arrastrándose con una larga cola con movimientos y apariencia de serpiente, llevaba mucho tiempo circulando como si nada entre los transeúntes, bueno, hay que reconocer que los japoneses están llenos de virtudes, pero están algo malitos, por lo menos para los ojos occidentales. Hay casos extremos psicóticos donde la persona realmente está convencida de ser un animal, o algo parecido, y se alteran físicamente con amputaciones y tatuajes, esos son aún más raros, pero más virales. Se trata de un signo de nuestra fluidez social, casi todo se vale, siempre y cuando sea lo que genuinamente siente esa persona de sí mismo. Digamos que son tan tontos como los animalistas, pero más intensos en la empatía al animal. Aclarar que existen los furrys, que son aquellos que no se la creen y lo hacen por puro placer, son otra comunidad, estos se reúnen más y frecuentemente con un interés sexual, fetichista, también disfrazados ocultando su persona. Confieso que no conocía a los therian hasta hace semanas, por mi consultorio han pasado miembros de la comunidad furry, nunca un therian, hasta hoy, no sé si crecerá o allí quedará esta forma postmoderna de ser. En mi infancia el único humano con forma de perro era Tribilín, tontón por cierto.

  • *- El autor es siquiatra y ejerce en Tijuana.

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