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Silencio incómodo en SLRC

En política, el silencio también comunica.

En política, el silencio también comunica. Y en San Luis Río Colorado, el silencio del alcalde César Iván Sandoval Gámez frente a hechos graves comienza a pesar más que cualquier discurso.

Primero, el hallazgo de fosas clandestinas en el desierto. Un fuerte golpe a la conciencia colectiva de una ciudad que ya vive con la herida abierta de las desapariciones. Pero entre la tierra removida no solo aparecieron restos humanos; también apareció un uniforme policial perteneciente a un elemento adscrito al cuarto de armas de la corporación municipal. El dato no es menor.

Cuando un uniforme oficial aparece en un sitio de inhumaciones clandestinas amerita respuestas. ¿Qué hace ahí? ¿Fue extraviado? ¿Fue robado? ¿Fue utilizado? ¿Hay vínculos?

Hasta ahora, el alcalde ha optado por evitar declaraciones incómodas y eludir cuestionamientos directos. No hay conferencia abierta. No hay postura clara.

El silencio institucional se vuelve más delicado cuando se suma otro hecho reciente que sacudió a SLRC: el asesinato del empresario Enrique Orozco Oceguera. Un crimen que generó indignación en el sector productivo y un posicionamiento firme de organismos empresariales exigiendo justicia y seguridad.

Como si el caso no fuera suficientemente grave, un agente de la Agencia Ministerial de Investigación Criminal fue imputado y permanece en prisión preventiva por alterar la escena del crimen, presuntamente destruyendo documentación dentro del inmueble donde ocurrió el homicidio.

En cualquier gobierno, dos hechos de esta magnitud obligan a una autoridad a comparecer, informar y dar la cara.

El alcalde no investiga, es cierto. Pero gobierna. Y gobernar implica responder políticamente por el clima de seguridad y por la confianza institucional. El problema no es solo lo que ocurre en el desierto o dentro de una escena del crimen. El problema es la percepción de opacidad. San Luis Río Colorado necesita claridad.

El silencio puede ser una estrategia, pero en momentos de crisis termina siendo una confesión política, la de no querer enfrentar la dimensión del problema.

PASO A PASITO

La presidenta Claudia Sheinbaum diría “cabeza fría”, el secretario Ebrard dice que con “sangre fría” hay que ver los nuevos aranceles anunciados por el presidente Trump tras el revés que le dio la Corte estadounidense.

Hay cautela del Gobierno mexicano por el impacto que podría tener este gravamen, por lo que aguarda conocer los detalles del arancel global del 10% que el mandatario estadounidense asegura que impondrá en respuesta a la eliminación de los aranceles recíprocos. Para disipar dudas y medir el tamaño del golpe arancelario, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, acudirá la semana próxima a Washington, D.C., donde espera conocer los detalles y defender los intereses de México.

Los que se salva son los productos mexicanos y canadienses que se venden en Estados Unidos bajo el tratado trilateral, que quedan exentos de ese gravamen del 10%.

Mientras el funcionario mexicano pide ponerse en “modo zen”, los especialistas consideran que esta postura del presidente Donald Trump pone a México contra las cuerdas y sobre todo en medio de la revisión del TMEC.

Cuando todos creían que con esa decisión de la Corte de Estados Unidos acababa la incertidumbre, Trump retoma la Ley de Comercio de 1974 y ahora ordena un arancel global que vuelve a poner al mundo expectante.

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