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Las complejidades de la comunidad LGBTQIA+

Estamos viviendo en el siglo XXI una revolución sexual, hay que detenerse a reflexionar sobre algunos aspectos, el tema es complejo y políticamente incorrecto si se habla basado en evidencias, científicamente.

Ricardo  Menéndez

Estamos viviendo en el siglo XXI una revolución sexual, hay que detenerse a reflexionar sobre algunos aspectos, el tema es complejo y políticamente incorrecto si se habla basado en evidencias, científicamente. Lo correcto es normalizar cualquier propuesta que tenga un grupo, por pequeño que sea, y abrirle una categoría en ese mundo LGBTQIA+, entiéndase el mundo distinto al heterosexual de la mayoría. Sin embargo, hay muchas preguntas, más, conforme las siglas se aumentan. Estamos hablando de un amplio grupo, la homosexualidad que solía estar estadísticamente en un 3%, ahora en la generación Z algunas encuestas hablan del 10 y el 15%, el factor social, cultural e ideológico determina qué tanto se expresa y promueve tal o cual aspecto de la sexualidad, eso explica las diferencias en distintos grupos y generaciones. Apenas hace 36 años dejó de clasificarse como una enfermedad después de siglos de incomprensión de que se trata de una variable en la especie, un fenómeno biológico de origen. Hay misterios, como por qué hay más hombres homosexuales que mujeres, el doble, hay hipótesis evolucionistas interesantes que hablan de un ancestral rol del varón homosexual en la comunidad, o sea parte del plan de la conservación de la especie. Estaba normalizada, pero ahora al fusionarse con constructos como no binario, por ejemplo, se confunde un fenómeno normal, la homosexualidad, con asuntos considerados perversos o raros en el mejor de los casos. Hay temas que son tabú, como cierta fobia a la homosexualidad como algo inevitable y parte del paquete genético heterosexual, frecuentemente este es pasado por alto al exigírsele a la mayoría convivan con comodidad con las diferencias de orientación sexual o identidad de género. La transexualidad cuesta la cabeza en algunas culturas, en la llamada occidental, hasta se apoya asumiendo como una variable más tener la idea de tener un cuerpo que no corresponde a quién eres, se normaliza y se omite el enorme sufrimiento que representa, se frivoliza en medio de esta sociedad incluyente, diluyente. El + al final de las siglas fue una necesidad para no alargar la lista, entran todos los que quieran. Así como el movimiento feminista queda afectado por la cuestión trans, el movimiento gay, muy válido, se contamina de cuestiones distintas. La bisexualidad es más un fenómeno social que biológico, se presenta más en las mujeres, interesante. El asexual es una realidad biológica, hay individuos sin apetito sexual, ¿por qué incluirlos?, porque algunos esconden en ello una dificultad con su sexualidad y no son genuinamente asexuales. Los intersexuales son personas con raras alteraciones anatómicas que necesitan apoyo y comprensión. En fin, que no necesariamente tienen un común denominador las personas LGBTQIA+, salvo la discriminación, que no justifica meterlas en el mismo costal.

  •  *- El autor es siquiatra y ejerce en Tijuana.

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