Camino al infierno
Sirat Dir. Oliver Laxe

Ocultos en el desierto marroquí, al centro de una multitud de ravers que parecen celebrar la última gran fiesta de un mundo postapocalíptico, saltan a la vista dos personajes que no pertenecen. Un padre y su hijo. Se encuentran ahí por su desesperado intento de encontrar a la hija de la familia, que desapareció meses atrás, y podría estar en alguna de estas fiestas clandestinas.
Quienes bailan en la arena son disidentes de la sociedad que han encontrado el último refugio posible. Lo único que les queda, frente a un mundo que se ha desmoronado, es vibrar. El hecho de que lo hacen en el núcleo de lo que podría convertirse en la tercera guerra mundial refuerza su intención. Se trata de un acto revolucionario, quizás el acto final. En su búsqueda Luis (Sergi Lopez) y Esteban (Bruno Nuñez Arjona) entablan amistad con un pequeño grupo de ravers que se dirige a otra fiesta lejana. Cuando el ejercito irrumpe y cancela la celebración, debido a conflictos armados que pueden anteceder a una guerra mundial, el grupo arranca intempestivamente hacia la mítica fiesta. Ante un momento de duda, y el grito de su hijo Esteban, Luis decide seguirlos, con la esperanza de encontrar a su hija.
Una vez que han tomado el camino, sus nuevos amigos, advierten a Luis, “es el desierto, no sabes dónde te estas metiendo”.
El insiste en seguir adelante, justificándose a sí mismo y a Esteban “tenemos que encontrarla”.
A este punto aparece el título en pantalla. Sirat, según la tradición islámica, es el puente que atraviesa el infierno, conectando con el paraíso. Una vía más delgada que un cabello y más afilada que una espada. Es en este momento, que el improbable grupo de personajes pone pie sobre el puente.
Con la tristeza en sus rostros, la esperanza los impulsa. Cada tropiezo le confirma a Luis que esto ha sido un error, “no debíamos haber venido”, mientras que en la radio se escucha “las naciones están tomando partido”.
Oliver Laxe ha construido una versión de El salario del miedo (Henri Georges Clouzot, 1953) para el tercer milenio. Si los inmigrantes “atrapados” en el purgatorio sudamericano de Clouzot, buscaban subsistencia y la salida de su “prisión”, los disidentes de Laxe están en el suyo como una forma de resistencia, ante al colapso del mundo moderno. La mayoría de ellos son un testimonio vivo del fracaso de la historia. Freaks, veteranos de guerra carentes de miembros, entonando canciones de protesta, “no vine a la tierra a matar, voy a desertar”. Han formado familias elegidas, no echan de menos a las biológicas. Entre ellos, Luis y Esteban encuentran un efímero refugio a su pesar. Comunidad.
La cruel odisea porque la que transitan, paso a paso se vuelve más insoportable (como en El salario del miedo) hasta que se torna en el mismo infierno, donde todos, uno a uno, van cayendo. El sufrimiento vivido contrasta con la belleza visual del desierto capturada en las imágenes de Laxe. Un baile final. Un último respiro. Antes de que todo salte por los aires y se convierta en polvo.
Luis lo pierde todo, a consecuencia de sus propias decisiones, una y otra vez tuvo vez tuvo la oportunidad de cambiar de rumbo. Siguió adelante. Sus actos afectaron también el destino de los que de buena fe lo acompañaron.
Este reino de arena está plagado de riesgos. El acto final de Luis se convertirá en la purificación necesaria. Caminar sobre el filo de la espada. La única forma posible de atravesar el umbral para poder ser transportados hacia el paraíso.
“¿Así se siente el fin del mundo? No sé cómo se siente. Siempre es el fin del mundo.”
Estrenan en 2027
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