Familia en renta/ Un hombre por semana
Dir. Hikari/ Marco Polo Constandse

En una secuencia pre-créditos prácticamente muda, conocemos todo lo que hay que saber sobre Phillip Vanderploeg (Brendan Fraser), el cliché del actor americano buscando subsistir en Japón. Durante este montaje es obvio que, si algún día tuvo cualquier tipo de relevancia en el medio, el momento ya ha pasado. Ahora se gana la vida interpretando objetos inanimados en comerciales. Su agente le consigue un papel interpretando a un americano triste en un funeral y eso lo lleva a ser contratado por una agencia de “familias en alquiler”, negocio conocido en Japón, basado en la contratación de actores para roles substitutos en las vidas de los clientes. Novio para la boda falsa de una joven lesbiana que no quiere confrontar a su familia, un periodista que entrevista a un viejo actor y un padre para una pequeña niña llamada Mia. Las ideas que la cinta expone son interesantes, sin embargo, el obscuro que existe dentro del mercado de la renta humana en Japón, no es explorado. Hikari decide caminar por el lado más amable, después de todo se trata de una comedia familiar, y aunque por momentos roza la melaza de una película de Hallmark (con un soundtrack extremadamente empalogoso y manipulador), la directora logra enderezar lo suficiente el timón como para lograr genuinos momentos de introspección, que sortean los clichés sentimentalistas. Hay una mejor película, debajo de su envoltura agradable y comercial, que quizá podría aproximarse a los estudios emocionales de Kore-eda, si tan sólo Hikari se permitiera adentrarse un poco más a sus personajes. A pesar de manejarse superficialmente, el mensaje acerca de la vulnerabilidad humana y la búsqueda de reconocimiento en los ojos ajenos llega directo al corazón. Lanzándose más directamente a la comedia (romántica), Ana de la Reguera protagoniza y debuta como codirectora, de la mano de Marco Polo Constandse, en Un hombre por semana. Mónica (de la Reguera) es una ingenua correctora de estilo que cree tener la vida tranquila con la que siempre soñó, casada, con hija y una gatita, hasta que un día su marido le confiesa que existe alguien más. Después de un año de divorcio Mónica aún duda si es tiempo de empezar a salir con hombres, hasta que sus amigas la convencen de utilizar una app de citas. La hilaridad inicia. Con esta premisa la cinta aprovecha para crear, con las distintas citas de Mónica, un divertido desfile de estereotipos masculinos, por el que pasan whitexicans insufribles, sugar babies, vendedores en pirámide, americanistas y swingers. La historia tiene un tono ligero y divertido similar a la serie de Ana, o sea, el estilo de un sitcom. Sin embargo, es una comedia mexicana superior a los típicos chaparros y derbeces, con personajes, aunque chuscos, muy identificables. Pero lo más importante, y casi inexistente en el cine mexicano contemporáneo, actuaciones naturales dentro de la comedia. Las amigas de Mónica, una, lesbiana con problemas de compromiso, y la otra, una mujer que mantiene a su marido, hacen excelente contraparte a su ingenuidad y ñoñez. Ana interpreta a Mónica con la personalidad de una virgen, que de un momento a otro descubre el sexo, practicándolo con uno y otro de sus “matches”. Es evidente que, tanto frente como detrás de la cámara, Ana se divierte infinitamente, e incluso se pueden identificar atisbos de auto ficción (como en su serie). Mónica dejó de lado sus ambiciones como escritora ante sus obligaciones familiares, conformándose con ser correctora, pero finalmente retoma su camino. Ana podría estar encontrando el suyo detrás de la cámara. Con momentos de genuina carcajada la cinta es una excelente opción para pasar un buen rato.
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