Más impuestos para sostener a Pemex: la nueva realidad fiscal de México
Durante décadas, el lema ‘el petróleo es de los mexicanos’ representó un símbolo de orgullo nacional.

Durante décadas, el lema ‘el petróleo es de los mexicanos’ representó un símbolo de orgullo nacional. Pemex fue la gallina de los huevos de oro que financiaba escuelas, hospitales y carreteras. Sin embargo, los datos del Paquete Económico 2026 nos obligan a reconocer una realidad incómoda: por primera vez en nuestra historia fiscal moderna, serán los contribuyentes quienes financien a Pemex, y no al revés.
Hacienda estima ingresos tributarios por 5.8 billones de pesos para 2026, un crecimiento de 6.5 por ciento que llevará la recaudación a un máximo histórico de 15.1 por ciento del PIB. Cada mexicano pagará en promedio 43,439 pesos en impuestos, casi cinco por ciento más que en 2025. El esfuerzo fiscal ciudadano nunca ha sido mayor.
Mientras los ciudadanos pagan más, Pemex dejará de aportar al erario. La petrolera ingresará 233 mil millones de pesos, pero recibirá transferencias por 263 mil millones. El resultado: una pérdida neta de 31 mil millones para las finanzas públicas. Por primera vez, el gobierno destinará más dinero a sostener a la empresa que lo que ésta genera.
Las transferencias a Pemex superan todo el presupuesto del Seguro Social para el Bienestar. Cada mexicano pagará 1,960 pesos de sus impuestos para sostener a la petrolera. Durante el sexenio pasado, Pemex recibió 1.24 billones de pesos del gobierno. Los apoyos no han resuelto los problemas estructurales de la empresa, solo los han pospuesto.
El costo de oportunidad es enorme. Los recursos destinados a mantener a flote una empresa con pérdidas recurrentes podrían invertirse en sectores con mayor retorno social: más médicos, mejores escuelas, infraestructura productiva. Cada peso que va a Pemex es un peso que no resuelve los déficits sociales que aquejan a millones de familias.
Desde Baja California, esta situación tiene implicaciones particulares. Mientras el presupuesto federal se compromete con gastos ineludibles, los recursos para impulsar el desarrollo regional se reducen. En un contexto donde la renegociación del T-MEC exige infraestructura de primer nivel, la asfixia fiscal limita las posibilidades de aprovechar nuestras ventajas competitivas en manufactura avanzada.
Y el futuro luce aún más sombrío. La reciente intervención de Estados Unidos en Venezuela coloca a Washington al frente de las mayores reservas probadas de petróleo del mundo: más de 303 mil millones de barriles, equivalentes al 17 por ciento del total global. Trump ya anunció que las grandes petroleras estadounidenses entrarán a reconstruir la infraestructura venezolana e incrementar la producción. Si este plan prospera, la mayor oferta de crudo presionará los precios internacionales a la baja, poniendo en mayores aprietos a Pemex y obligando al gobierno mexicano a elegir entre rescates aún más costosos o recortes severos en otras áreas del gasto público.
No se trata de abandonar a Pemex. Se trata de reconocer que la estrategia actual no funciona. Los contribuyentes merecen saber que su mayor esfuerzo fiscal no se traduce en mejores servicios, sino en sostener a una empresa que no ha resuelto sus problemas de producción, deuda y eficiencia. Pemex ha pasado de ser fuente estratégica de ingresos a convertirse en carga estructural
La responsabilidad fiscal exige transparencia. Es momento de una conversación seria sobre el futuro energético de México, una que vaya más allá de la ideología y la nostalgia y ponga en el centro el bienestar de los ciudadanos que, con su trabajo y sus impuestos, sostienen a este país.
*- El autor es Doctor en Economía, Maestro en Desarrollo Regional, profesor-investigador en Cetys Universidad.
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