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Trump. La impunidad sin freno

El año nuevo inició cargado de incertidumbres.

El año nuevo inició cargado de incertidumbres. Entre la noche del 2 y el amanecer del 3 de enero, el gobierno de Estados Unidos ofreció otra muestra de su barbarie; contrariando elementales principios de convivencia internacional violentó la soberanía de Venezuela. Asesinó a decenas de personas, civiles y militares, y secuestró al presidente Nicolás Maduro junto con su esposa Cilia Flores. El hecho es resultado de larga urdimbre; por años, el imperio construyó una narrativa negra en torno al gobierno de aquella nación hermana; lo etiquetó como dictadura, narcogobierno, y amenazó con deponerlo. Finalmente, cumplió su amenaza.

Antes, la administración estadounidense ya había desvelado su cara delincuencial, masacrando tripulantes de presuntas narcolanchas en aguas caribeñas y robando un barco petrolero, luego de lo cual el cínico Donald Trump declaró que se quedaría con lo hurtado. Un ilícito, un criminal confeso... silencio por doquier. Más tarde, llegó el acto extremo del secuestro del mandatario de un país soberano... la comunidad internacional apenas balbucea.

¿Por qué el poderoso hizo lo que hizo? Porque sabe que frente a los débiles saldrá airoso. El autodenominado adalid de la democracia y la libertad se quita la máscara vez más. Por si alguien lo había olvidado, vuelve a exhibirse como el abusador de siempre. Por las armas impone su voluntad y se apropia de los recursos naturales de los vulnerables.

Incapaz de contener su diarrea verbal, el desquiciado líder de los bárbaros ha manifestado en diversas ocasiones que Groenlandia, Ucrania, México, Colombia, Cuba, están en su lista; total, puede hacerlo. La ambición de Trump no tiene límites; pero tan deleznable actitud es medida de la cobardía que caracteriza su desgobierno: nunca realizaría acción similar en contra de un país con poder equiparable.

El sello de los tiempos es el desmoronamiento de los referentes del así llamado mundo libre. La Carta de las Naciones Unidas es hoy indistinguible de un rollo de papel de baño. Estados Unidos no hace honor a aquel documento, firmado en 1945 en San Francisco al término de la 2a. Guerra Mundial, en el cual las partes se comprometen a “salvar a las siguientes generaciones de las calamidades de la guerra”, a reafirmar la fe en los derechos humanos fundamentales y en la igualdad de atribuciones tanto de naciones grandes como pequeñas. El hegemón olvidó que en el Artículo 2 de la Carta se instruye a los miembros a dirimir las disputas por medios pacíficos, así como a abstenerse de amenazar o usar la fuerza en contra de la integridad territorial o la independencia política de otros estados.

Las acciones de Trump y sus sicarios ilustran el agotamiento del modelo económico, político e ideológico defendido por Occidente durante larga data, que generó beneficios para unos cuantos a costa del malvivir de las mayorías. China y Rusia son ahora protagonistas de una nueva circunstancia: la multipolaridad; si los gobiernos de Xi Jinping y Vladimir Putin son capaces de frenar la voracidad del arbitrario, es factible que la alternativa adquiera firmeza más pronto de lo imaginado. Mi apuesta es que, gracias a los yerros crasos del trumpismo un mayor número de naciones del Sur solicitarán registro en el bloque conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS); y que por esos mismos errores, el presidente Nicolás Maduro pasará a la historia con blasones. Ya se verá.

  •  *- El autor es Director General de Asuntos Académicos del Colegio de la Frontera Norte.

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