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¿No existen protocolos?

En las escenas del primer video que nos, llega vía Facebook, del proceso de desalojo del Restaurante Antojitos Mexicanos, en la ciudad de Tecate, observamos a un grupo de policías discutiendo con el Periodista y Abogado, Salvador Aguiar Labrada, sobre la diligencia que estaban efectuando.

En las escenas del primer video que nos, llega vía Facebook, del proceso de desalojo del Restaurante Antojitos Mexicanos, en la ciudad de Tecate, observamos a un grupo de policías discutiendo con el Periodista y Abogado, Salvador Aguiar Labrada, sobre la diligencia que estaban efectuando. El abogado tiene unos documentos en la mano, pero como el video no tiene sonido, no se sabe cuáles son los alegatos que se intercambian. Uno se imagina que son documentos legales, con los cuales los dueños del negocio se están defendiendo. De la misma manera, asumimos, sin ninguna evidencia, que Salvador Aguiar es el abogado de los demandados. En el segundo video que me llega, los agentes de la policía municipal ya tienen al abogado esposado y, con el sonido que tiene, nos damos cuenta de que ha sido arrestado, aunque no se sabe cuál es el delito o la falta administrativa que provoca el arresto. De repente, uno de los agentes le aplica una llave china, en el cuello, al abogado esposado, y lo tira al suelo de manera inmisericorde. El abogado protesta porque es una injusticia, se queja de que lo lastimaron y expresa que tiene setenta años. Al policía que lo aventó al suelo esto no lo amedrenta, y lo levanta de los brazos, esposados en la espalda, sin ninguna consideración. Hasta aquí la descripción del vergonzoso suceso.

Por la forma en que se comportaron los policías se puede advertir que, primero, no existe un protocolo específico, para atender situaciones con personas de la tercera edad. Para cualquiera, con el sentido común alerta, resultará obvio que la fuerza desmedida contra un anciano no debe utilizarse. Los huesos, los músculos, los tendones, y en general, todo su cuerpo, han sufrido una disminución de sus capacidades y dejaron de ser flexibles. Con mucha facilidad sufren lesiones graves que pueden poner su vida en riesgo. Sin embargo, si existe un protocolo para atender estas situaciones, entonces los agentes de la policía municipal están desobedeciendo las directrices, y ellos deciden cuáles serán sus conductas en todos los casos. En otras palabras, si los policías utilizan la misma conducta salvaje para atender todas las situaciones de riesgo, sea este mínimo, notable o mayor, entonces la anarquía reina en esa institución.

Este asunto no debe dejarse al garete, sino que debe investigarse hasta las últimas consecuencias. No solo porque se hayan violentado los Derechos Humanos de un abogado y periodista, sino porque es elemental que se respete la dignidad, y se dé un trato justo a los ciudadanos. En asuntos tan graves como este incidente violatorio y violento, la presencia de un supervisor de la policía, debe de ser exigida. Ya es ampliamente conocida la agresividad de la policía municipal hacia los ciudadanos. Ya existen denuncias levantadas formalmente, que nunca han sido investigadas, dejándolas acumularse en las fiscalías. Esta actitud valemadrista de las fiscalías está promoviendo la impunidad e impacientando a los ciudadanos. De por sí, la extrema violencia y los constantes ajusticiamientos de personas en nuestra ciudad nos tienen estresados, las cosas no irán mejor si no respetan nuestros Derechos Humanos y nuestra dignidad. A Salvador Aguiar Labrada, como mínimo, se le deben ofrecer disculpas públicas, y solventarle los gastos médicos y lo que resulte. Mientras que al policía agresor, se le debe sancionar rigurósamente. Vale.

*- El autor es licenciado en Economía con Maestría en Asuntos Internacionales por la UABC

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