Edición México
Suscríbete
Ed. México

El Imparcial / Columnas / Columna Tijuana

Sleepy Pancho

En casi todo el mundo la imagen de un mexicano se ha representado con una figurilla de un hombre sentado, con sombrero, envuelto en un sarape y recargado sobre un nopal.

En casi todo el mundo la imagen de un mexicano se ha representado con una figurilla de un hombre sentado, con sombrero, envuelto en un sarape y recargado sobre un nopal. Esa imagen que hace ver al mexicano como una persona floja y sin aspiraciones y que tiene que ver con este Sleepy Pancho o Lazy Pancho ¿en dónde se origina? ¿De dónde surge la idea de representarnos así?, ¿acaso fue producto de algún loco observador extranjero?, ¿o será la exageración de una realidad nacional? El nombre del culpable es Rómulo Rozo. Él fue un artista plástico colombiano se estableció en México, en donde pasaría el resto de su vida y en donde moriría el mismo día que recibió la ciudadanía mexicana. Este artista plástico, ya habiendo asimilado en gran medida la cultura mexicana y enamorado por el arte escultórico prehispánico, “buscaba la manera de expresar esa sabiduría y pensamiento indígena heredado a los descendientes mestizos, y lo logró creando una de las más bellas obras de su arte escultórico”. La obra se titula El Pensamiento y es una escultura en piedra de 60 centímetros de altura que actualmente se encuentra en la colección del Museo de Arte de La Paz, Bolivia. Pues bien, en el primer día de exhibición de la pieza en la Biblioteca Nacional de México, a algún gracioso se le ocurrió poner una botella de tequila al pie de la escultura y la prensa mexicana siempre oportuna tomó fotografías que primero se convirtieron en caricaturas, después en artesanías (luego vino el cactus) y finalmente en estereotipo. Rómulo ya había dejado al mexicano por siempre en piedra sentado en el suelo, con sus brazos envolviendo sus rodillas y con su puntiagudo sombrero de ala ancha que lo protege en su eterno letargo, Rómulo Rozo se reivindicó, si cabe la expresión, con su obra cumbre, el Monumento a la Patria en el Paseo Montejo de Mérida, en el que por 12 años esculpió más de 400 figuras del México prehispánico, colonial, de las Guerras de Independencia, de Reforma y de la Revolución. Sleepy Pancho es un estereotipo negativo que proyectaba con creatividad la idiosincrasia reflexiva del mexicano, pero fue deformada para dar pie a un estereotipo negativo en los años 40 y 50. La imagen de un campesino reclinado contra un cactus, su sombrero atrapado sobre sus ojos, su postura relajada y su aparente pereza, se convirtió en el “Lazy Mexican” o “Sleepy Pancho”, vulgarizado en los filmes hollywoodenses. A un mexicano esta imagen le podría sorprender, o incluso molestar, y es que en nuestra sociedad actual no es algo que veamos muy a menudo. Pero la pregunta es: ¿por qué todavía siguen visualizándonos con nuestro sombrero y nuestro tequila? Lo cierto es que, basta con observar al público que apoya en un partido de futbol de México para encontrar las respuestas a esta pregunta. Los mexicanos se hacen notar con los colores de la bandera, además de sombreros típicos, bigotes, tequila y otros accesorios que nos hacen ser reconocidos como un pueblo alegre, fiestero, apegado a sus tradiciones y apasionados, estas cualidades son muy mexicanas y debemos estar orgullosos de ellas, fomentan una identidad como país. Los mexicanos somos un pueblo que trabaja y que está en constante cambio y debemos luchar por nuestro país y ser reconocidos por nuestro carácter pasional, luchador, trabajador, alegre y colorido. Basta recorrer los pueblos de Chiapas como Zinancatepec (lugar de murciélagos) en donde las mujeres Tzotziles elaboran prendas con un bordado producto de su imaginación y laborioso trabajo, el cual es irrepetible, mujeres trabajadoras orgullosas de dar parte de su vida al fabricar sus artesanías o los migrantes que viven en Estados Unidos u otras partes del mundo, que mes a mes envían remesas para mantener a sus familiares en nuestro país y que el gobierno federal presume indebidamente de ello. No son necesarios los programas sociales para sacar a la gente de su pobreza extrema, se necesita llevarles educación hasta los más recónditos lugares de nuestro país, los miembros de nuestras comunidades indígenas son altamente inteligentes aprovechemos su cultura prehispánica y no perdamos sus costumbres ancestrales, eso es México.

En esta nota