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La fractura de Morena y Ebrard

Morena no salió bien librado de su proceso de selección de su candidata a la presidencia y por primera vez a nivel nacional tiene una fractura que puede profundizarse en los siguientes meses.

Morena no salió bien librado de su proceso de selección de su candidata a la presidencia y por primera vez a nivel nacional tiene una fractura que puede profundizarse en los siguientes meses. Dependerá de lo que decida hacer Marcelo en los siguientes días, aunque su margen de maniobra se reduce cada día, como argumentaré en los párrafos siguientes.

Como sabemos, Ebrard pidió en un primer momento que se revisaran los resultados y se consideraran las irregularidades que se observaron durante la campaña. Después, sabiendo que esta vía no tenía viabilidad, ha decidido “formar un movimiento nacional” que lleve seguramente a la construcción de un nuevo partido.

Sin embargo, hay muchas dudas sobre lo que realmente quiere hacer para afrontar su situación. Para empezar y situar correctamente la discusión, Marcelo no está rompiendo con la 4T o con López Obrador. Está inconforme con los resultados, pero no tiene una diferencia de fondo con el proyecto de gobierno que representa Morena.

Esto, como puede deducirse, limita muchísimo el alcance de su protesta. Si realmente fuera una ruptura, en estos momentos ya hubiera una crisis más honda en el partido gobernante y en la misma presidencia del país. Pero no tiene esa dimensión.

El otro factor que limita mucho el alcance de su protesta es su “peso político”. Antes de la contienda interna entre las corcholatas se creía que Marcelo tenía un gran peso político como tal y, por lo mismo, como prospecto para ocupar un puesto importante en el gobierno futuro. Pero se ha descubierto que no es así.

Es decir, Marcelo no representa una vertiente significativa dentro de las filas de Morena y tampoco ocupa un lugar importante en la perspectiva de AMLO. Ebrard es bien visto como funcionario, donde se muestra eficiente y habilidoso, pero no como una persona que pueda encabezar o dirigir el proyecto de gobierno de Morena.

Ebrard, de alguna manera, ha buscado colocarse casi siempre en el espectro político de la socialdemoracia (que ahora se ha desdibujado completamente), pero esa corriente de pensamiento no tiene ninguna importancia en las filas del morenismo. Esto explica también por qué no hay otros grupos o corrientes que apoyen a Marcelo para limpiar el proceso interno. Nadie lo apoya.

Esto significa que el futuro de Marcelo en Morena está prácticamente cerrado, cosa que debió haber previsto desde un principio. Morena no va a aceptar nunca una vertiente socialdemócrata en sus filas, ya sea que venga de la izquierda o del priismo más cercano al centro político.

Entonces, ¿qué le queda a Marcelo? Casi nada, pues ya no puede irse de candidato al Frente Amplio por México porque éste no va a deponer a Xóchitl; podría irse a MC pero sería para dividir el voto y restarle posibilidades a Xóchitl, quedando posiblemente en tercer lugar. Finalmente le queda formar un movimiento o un partido, pero eso es algo que se ve muy lejano.

Seamos claros. Marcelo no está en esa tesitura. Ebrard no es un hombre de lucha. No viene de ahí. Viene de los entresijos del poder. Sus posiciones las ha ganado a partir de pertenecer a la clase política del PRI y luego de Morena. No es alguien que se va a “levantar” en contra de Morena o de AMLO. Lo que busca es una tajada más grande, no cambiar las cosas.

Si Ebrard quisiera cambiar las cosas y replantearse un camino diferente en México, tendría que aceptar que el proyecto de Morena y de AMLO ha significado un retroceso en términos de democracia, de tolerancia y pluralidad política, además de otros órdenes. Y no son errores los que se han cometido, es la concepción política propia del autoritarismo del viejo régimen priista que adoptó Obrador.

Para abrirse un nuevo camino, Ebrard necesita romper con eso, es decir, romper con lo que significa Morena en donde él ha estado cinco largos años sin decir nada. Pero eso no va a suceder, por lo que su protesta se va a ir diluyendo y perdiendo cada vez más importancia.

Por eso AMLO se ve “tranquilo” ante la posible salida de Ebrard, porque sabe que si bien los candidatos de Morena no tienen mucho fuste o un poco de carisma, no hay en este momento en México una corriente o un movimiento político que represente una amenaza al poder de Morena.

Sabe que Xochitl o Marcelo como candidato le puede arrebatar el voto de la clase media y otros más, pero no los suficientes como para perder la presidencia. Por una razón muy simple: porque los partidos y muchos de los actores políticos que están en el bando contrario a Morena, carecen de legitimidad y credibilidad. Este es el problema. Lo estamos viendo a nivel local, en los estados, un tema al que volveré después.

*El autor es analista político.

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