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Las lecciones del fuego

Más allá de las pérdidas materiales y humanas, los incendios que se presentaban en el Mexicali del primer cuarto del siglo XX hicieron ver a los fronterizos de la importancia vital de las compañías de bomberos.

Más allá de las pérdidas materiales y humanas, los incendios que se presentaban en el Mexicali del primer cuarto del siglo XX hicieron ver a los fronterizos de la importancia vital de las compañías de bomberos. Para la década de los años veinte ya eran considerados unidades prioritarias para la buena marcha de la sociedad a ambos lados de la línea internacional y sus miembros gozaban de una alta estima en las comunidades de los valles de Mexicali e Imperial. Por eso, el 13 de junio de 1923, el Chronicle anunciaba que: “Los miembros de los departamentos de bomberos de Mexicali, Calexico y El Centro, con sus familias, serán invitados de honor esta noche y mañana por la noche en la presentación del teatro Rialto de las imágenes tomadas de la reciente gran conflagración en Mexicali. El gerente Cunningham del teatro dijo esta mañana que los bomberos ciertamente se ganaron el honor de todas las consideraciones en su batalla con las llamas y que el Rialto los quería justo al frente. Cuando los bomberos miren las vistas esta noche, sin duda tendrán la recurrencia de algunas emociones del fuego junto con el reavivamiento de los recuerdos de las dificultades que se enfrentaron en la feroz batalla con las llamas abrasadoras”.

Pero no todo se podía confiar a la rauda reacción de los bomberos. Para el 14 de junio, los negocios de materiales de construcción ya ofertaban sus productos contra incendios: “El día de ayer se inició la entrega de cantidades de bloques de adobe en varios de los sitios del distrito recientemente incendiado en Mexicali en los que anteriormente se encontraban edificios de armazón. Los bloques de adobe serán contados como material a prueba de fuego, se dice y se permitirá su uso en la reconstrucción de la zona del incendio. No se permitirá que se levanten estructuras de madera. De estas había muchas antes del incendio en la zona que se quemó. Alimentaron las llamas como si fueran yesca engrasada”. Se aprendía de prisa, a partir de las lecciones que el fuego enseñaba.

Para el 20 de junio de 1923 ya se informaba que se introducirían techos de concreto para mayor protección: “Una característica del nuevo edificio que será erigido por Al Casner en Mexicali será un techo doble, la construcción superior será de concreto. El tejado de hormigón será el primero que se instale en Mexicali. Sin embargo, se espera que se duplique en gran parte del nuevo edificio que se va a construir allí en la zona quemada en el reciente gran incendio. Para el techo de concreto hay una afirmación avanzada de una gran protección contra el fuego junto con la provisión de más alivio del calor una durabilidad de por vida”. Por ejemplo, el incendio de la Chinesca de 1923 dejó su marca en forma de recuerdos, tal y como el periódico de Calexico lo mencionaba el 27 de junio: “El dinero de las cajas fuertes y cofres de Mexicali que pasaron por el gran incendio está empezando a aparecer en circulación. Una buena cantidad ha salido en los últimos días, saliendo de los bancos, donde fue tomado para ser depositado al recuperarse de las ruinas en el barrio chino. Muchos que toman posesión de las piezas de plata ennegrecidas recibidas en el cambio están guardando éstas como recuerdos”. Eran los souvenirs del incendio más grande de esta región fronteriza.

Para el 29 de junio, el periódico fronterizo procedía a señalar que las lecciones del incendio no habían caído en oídos sordos. Algunos de los dueños de los edificios quemados actuaban en la reconstrucción tratando de evitar futuros incendios. Así, Jim Peters, cuyo edificio fue “el único lugar de negocios que se salvó en el área del reciente gran incendio, se están aprovechando las lecciones que el fuego demostró ser de valor protector. El tejado del edificio se ha levantado y el cableado bajo él se ha puesto en las mejores condiciones de protección. En la parte superior del tejado se ha colocado una cubierta de amianto para evitar el peligro de las chispas o la caída de las brasas del fuego. Como medida de protección adicional, se está construyendo una arcada con techo de amianto alrededor del edificio, con pilares de hormigón armado en los bordes de las aceras”. Era una reacción normal para prevenir desastres similares. Pero no evitaría otros incendios similares en este barrio oriental, como los de 1931, 1945 y 1992.

*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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