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Supertormenta solar: Qué se sabe del fenómeno que podría dejarnos sin Internet

La Tierra está protegida por el campo magnético, que desvía el viento solar hacia los polos del planeta. Es por ello que se forman las coloridas auroras.

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Por Redacción/GH

La Tierra está protegida por el campo magnético, que desvía el viento solar hacia los polos del planeta. Es por ello que se forman las coloridas auroras.(Pixabay)

La Tierra está protegida por el campo magnético, que desvía el viento solar hacia los polos del planeta. Es por ello que se forman las coloridas auroras. | Pixabay

LONDRES.-Un estudio reveló que una supertormenta solar que ocurre solo una vez cada 100 años sería catastrófico para la red de Internet.

El análisis presentado en SIGCOMM 2021, la conferencia anual del Grupo de Interés Especial en Comunicación de Datos de la ACM, señaló que podría afectar de forma catastrófica a diversas tecnologías humanas en la Tierra y sumir al mundo en un “apocalipsis de Internet”.

¿Por qué pasaría esto?

La Tierra está protegida por el campo magnético, que desvía el viento solar hacia los polos del planeta. Es por ello que se forman las coloridas auroras.

Pero cada 80 o 100 años, estos vientos se convierten en supertormentas solares que afectan  los sistemas tecnológicos de la Tierra, indica el estudio.

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Sangeetha Abdu Jyothi, de la Universidad de California en Irvine y VMware Research, descubrió que las líneas de fibra óptica de larga distancia y los cables submarinos, que son una parte vital de la infraestructura mundial de Internet, son vulnerables a las corrientes producidas en la corteza terrestre por las supertormentas solares, también conocidas como eyecciones de masa coronal (CME).

Una eyección de masa coronal (CME) implica la emisión de materia cargada eléctricamente y el campo magnético que la acompaña hacia el espacio. Cuando choca con la Tierra, interactúa con el campo magnético terrestre y produce corrientes inducidas geomagnéticamente (GIC) en la corteza”, explicó la doctora Jyothi en un tuit.

Agregó:

“En los actuales cables de Internet de larga distancia, la fibra óptica es inmune al GIC. Pero estos cables también tienen repetidores alimentados eléctricamente a intervalos de ~100 km que son susceptibles de sufrir daños”.

¿Qué tan probable es que ocurra esto?

Jyothi señaló que estos fenómenos suceden entre 1.6% y el 12% por década, pero las posibilidades aumentan durante el periodo de máxima actividad del Sol en su ciclo creciente y menguante.

La investigadora agregó que hasta ahora no hemos hecho pruebas para ver qué tan resistente es la infraestructura contra este tipo de fenómenos.

“En resumen, no tenemos ni idea de la resistencia de la infraestructura actual de Internet frente a la amenaza de las CME”, señaló en un tuit.

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Jyothi recordó que últimas grandes tormentas solares ocurrieron en 1859 (evento Carrington) y 1921.

En esos momentos, la red de comunicaciones de la época, que era la telegráfica, sufrió daños importantes.

¿Qué lugares se verían afectados?

Jyothi afirma que los mayores daños se verían en las latitudes más altas, por encima del ecuador, afirmando que  Estados Unidos tiene un alto riesgo de quedar desconectado de Europa, mientras que Asia tiene más probabilidades de conservar la conectividad.

¿Cómo funciona el campo magnético de la Tierra?

Fue (William) Gilbert, médico de la reina Elizabeth I de Inglaterra, quien en el año 1600 avanzó la idea de que la Tierra es un enorme imán. Las leyes del electromagnetismo fueron desarrolladas por Faraday, Henry y otros, alrededor de 1830-33.

En 1865, Maxwell unificó la electricidad y el magnetismo, pero 10 años antes, las primeras plantas eléctricas y de transmisión habían sido puestas en operación en América y Europa.

La Revolución Industrial había comenzado, basada en unos cuantos principios científicos.

Esta fuerza que influencia al mundo es un fenómeno entendido en la Tierra, pero sus consecuencias aún están por explorarse en las condiciones del espacio interestelar e intergaláctico, afirmó Marco Antonio Martos Núñez de Cáceres, investigador del Instituto de Astronomía (IA) de la UNAM.

Hoy se sabe que este fenómeno que rodea a nuestro planeta es fundamental para la vida. El Sol emite un viento y poderosas emisiones de partículas muy energéticas –a su vez producidas por su actividad magnética– que son canalizadas por la curvatura de las líneas de campo magnético terrestre.

Su geometría hace a las partículas entrar a la Tierra con mayor facilidad por los polos –generadores de auroras boreales y australes– que por el Ecuador. Sin el escudo que representa el campo magnético, la intensidad de la radiación proveniente del Sol, como los rayos X o ultravioleta, exterminaría la vida como la conocemos.

 La Tierra es un enorme imán. Foto: Pixabay
La Tierra es un enorme imán. Foto: Pixabay

En el otro extremo, la energía que radia esa estrella debe suministrar una porción microscópica del total, que es crítica: la utilizada por las plantas para sintetizar las complejas moléculas orgánicas que son básicas para la vida, mencionó el investigador universitario.

Hace miles de años los chinos conocían las propiedades de la piedra magnetita y su virtud de alinear norte y sur cuando era suspendida de una fibra. Las más antiguas paredes de Pekín fueron trazadas siguiendo el norte magnético y no el norte geográfico, una diferencia en la época de aproximadamente un grado.

Esto se debió a que era más fácil trazar de día y de noche con una brújula, a esperar la noche para buscar la estrella polar. Hoy el polo norte magnético continúa separándose del norte geográfico, acotó.

Lo que movió al mundo por siglos hoy se aplica de manera cotidiana, sobre todo en el desarrollo tecnológico. Por ejemplo, los motores de autos funcionan con los principios descubiertos en el siglo XIX: utilizan un imán rotante (o bobina) que genera una corriente eléctrica y, a fin de cuentas, un impulso.

Otro ejemplo son los trenes de levitación magnética, que mueven un gran peso al flotar sobre los rieles a gran velocidad. No requieren motores de combustión. Un campo magnético puede producir fuerzas atractivas o repulsivas, a diferencia de la gravitación, estrictamente de carácter atractivo.

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