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En 1896, el médico francés Arsène d’Arsonval metió la cabeza dentro de una bobina enchufada a la corriente. Cerró los ojos y vio luces parpadeando. En aquella sala no había ninguna luz encendida; las encendía un imán

El fenómeno, conocido como magnetofosfeno, ocurre cuando determinados campos magnéticos variables inducen corrientes eléctricas que estimulan el sistema visual. Investigaciones modernas han confirmado el efecto y sus implicaciones para la seguridad electromagnética.

En 1896, el médico francés Arsène d’Arsonval metió la cabeza dentro de una bobina enchufada a la corriente. Cerró los ojos y vio luces parpadeando. En aquella sala no había ninguna luz encendida; las encendía un imán

En 1896, el médico y físico francés Jacques-Arsène d’Arsonval metió su cabeza dentro de una bobina conectada a corriente alterna. Cerró los ojos… y vio destellos. No había ninguna luz encendida en la sala. Lo que estaba “encendiendo” su visión era un campo magnético. Hoy sabemos que ese fenómeno tiene nombre —magnetofosfeno— y una explicación científica sólida.

Un experimento que parecía desafiar a la visión

A finales del siglo XIX, d’Arsonval realizó un experimento que parecía contradecir el funcionamiento normal de la visión: expuso su cabeza a un campo magnético alterno generado por una bobina y experimentó sensaciones luminosas sin recibir luz del exterior.

Lo que observó no era una ilusión inexplicable ni un truco. Se trataba de un fenómeno visual provocado por la estimulación eléctrica del sistema visual mediante campos magnéticos variables, conocido actualmente como magnetofosfeno.

El episodio histórico fue retomado recientemente por la cuenta de TikTok @1volt1amp, y tanto la demostración de d’Arsonval como los experimentos posteriores del científico británico Silvanus P. Thompson están documentados en una revisión histórica publicada en 2010 en Acta Technica Jaurinensis.

¿Cómo puede un campo magnético hacer que veamos luces?

Para entenderlo hay que distinguir dos tipos de campos magnéticos:

  • Un imán permanente genera un campo que puede permanecer prácticamente estable.
  • Una bobina alimentada con corriente alterna produce un campo cuya intensidad y dirección varían continuamente.

De acuerdo con la ley de inducción electromagnética de Faraday, un campo magnético variable puede generar un campo eléctrico capaz de impulsar corrientes en materiales conductores. Y el cuerpo humano contiene agua y electrolitos, sustancias que permiten la conducción eléctrica.

Por eso, cuando se expone a determinadas variaciones de un campo magnético suficientemente intenso, pueden aparecer pequeñas corrientes eléctricas en sus tejidos. La retina, ubicada en la parte posterior del ojo, es clave: sus células transforman normalmente la información luminosa en señales eléctricas que viajan al cerebro. Cuando una corriente inducida modifica la actividad de este sistema, puede producirse una sensación luminosa aunque no haya entrado luz al ojo. El resultado se percibe como pequeños destellos, parpadeos o manchas luminosas.

Este mecanismo ha sido estudiado mediante modelos anatómicos de la cabeza que calculan los campos eléctricos y las corrientes inducidas en la retina.

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La frecuencia importa: los 20 Hz

Uno de los aspectos más llamativos es que el fenómeno depende de la frecuencia del campo magnético:

  • Las investigaciones muestran que el umbral de percepción es particularmente bajo alrededor de los 20 hercios (Hz), equivalentes a 20 ciclos por segundo.
  • Esto no significa que cualquier campo de 20 Hz produzca destellos: también influyen su intensidad, la geometría de exposición y las características de cada persona.
  • La ICNIRP (Comisión Internacional de Protección contra la Radiación No Ionizante) reconoce esta respuesta particular del sistema visual y la utiliza para establecer restricciones de exposición a campos electromagnéticos de baja frecuencia.
Jacques-Arsène d'Arsonval documentó en 1896 sensaciones luminosas producidas durante experimentos con campos magnéticos alternos.

De 1896 a las resonancias magnéticas actuales

La observación de d’Arsonval no quedó como una curiosidad del siglo XIX:

  • En 1910, Silvanus P. Thompson realizó nuevos experimentos con campos magnéticos alternos y sensaciones visuales, contribuyendo a documentar la capacidad de los campos electromagnéticos de interactuar con tejidos nerviosos.
  • Más de un siglo después, los equipos de resonancia magnética permiten estudiar algunos efectos relacionados bajo condiciones controladas.
  • Un escáner de 7 teslas puede generar un campo aproximadamente 140 mil veces más intenso que el campo geomagnético terrestre de 50 microteslas, aunque la comparación depende del lugar y de dónde se mida.
  • Un estudio publicado en Occupational & Environmental Medicine en 2014 encontró una asociación entre la exposición laboral a campos magnéticos de equipos de entre 1.5 y 7 teslas y la aparición de molestias transitorias, especialmente vértigo y sabor metálico.

Sin embargo, hay una distinción importante: el mareo no puede atribuirse simplemente a que la retina recibe corrientes inducidas. Los campos magnéticos intensos también pueden afectar al sistema vestibular del oído interno, responsable del equilibrio. Investigaciones controladas con resonancias de 7 teslas han documentado sensaciones de vértigo y fosfenos en algunos participantes, aunque eso no implica que todas las personas expuestas vayan a experimentarlos.

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¿Puede ocurrir debajo de una línea de alta tensión?

Las líneas eléctricas de alta tensión también generan campos eléctricos y magnéticos de baja frecuencia:

  • En México, la red eléctrica funciona a 60 Hz; en numerosos países europeos, a 50 Hz. Ambos valores están dentro del intervalo que se estudia por sus posibles efectos sobre tejidos eléctricamente excitables.
  • Sin embargo, la presencia de un campo magnético no significa que sea suficientemente intenso para generar un magnetofosfeno.
  • Las directrices internacionales establecen restricciones de exposición tomando en cuenta los efectos de la estimulación nerviosa, incluidos los fosfenos retinianos. La ICNIRP señala que evitar estos efectos visuales contribuye a prevenir respuestas sensoriales molestas o perturbadoras, y para la población general se aplican factores de reducción respecto de los umbrales identificados experimentalmente.

Por ello, no sería correcto afirmar que cualquier instalación eléctrica puede producir estos destellos: la exposición depende de la intensidad del campo, la distancia, la configuración de la instalación y otras condiciones. Tampoco debe interpretarse que no ver destellos demuestra por sí solo la ausencia de cualquier otro riesgo.

¿Qué partes de la explicación de TikTok son correctas?

El contenido publicado por @1volt1amp coincide con conocimientos científicos establecidos en su explicación principal, aunque conviene distinguir algunos aspectos:

  • El experimento de 1896: está documentado históricamente. También existen referencias a la frecuencia de 42 Hz utilizada por d’Arsonval.
  • La estimulación de la retina: es una explicación respaldada por estudios de inducción electromagnética y modelos anatómicos.
  • La frecuencia de 20 Hz: corresponde aproximadamente al intervalo de máxima sensibilidad para la percepción de magnetofosfenos.
  • Las molestias cerca de resonancias magnéticas: están documentadas, pero el vértigo y el sabor metálico no deben atribuirse automáticamente al mismo mecanismo retiniano.
  • La cifra sobre personal afectado: algunos estudios han registrado porcentajes elevados de síntomas, pero varían según la población y las condiciones de exposición; no existe una proporción universal aplicable a todos los trabajadores.

La explicación también simplifica el comportamiento del campo magnético al señalar que “se enciende, se apaga y se invierte”. En una bobina alimentada con corriente alterna sinusoidal, el campo cambia periódicamente de intensidad y sentido.

¿Qué demuestra realmente este fenómeno sobre la visión?

La importancia del magnetofosfeno va más allá de los experimentos con imanes:

  • Demuestra que la sensación de ver luz no siempre requiere que haya luz entrando al ojo. El sistema visual depende de señales electroquímicas; cuando estas se producen mediante estímulos distintos de la iluminación habitual, el cerebro también puede interpretarlas como una experiencia visual.
  • No significa que los ojos detecten campos magnéticos como si fueran un nuevo color. Lo que sucede es que determinadas condiciones electromagnéticas pueden estimular el sistema nervioso encargado de procesar la visión.
  • La diferencia es fundamental: el ojo no está observando un imán ni una fuente luminosa inexistente; está respondiendo a una estimulación eléctrica que genera una percepción.
  • El experimento de d’Arsonval ayudó a mostrar que electricidad y magnetismo podían interactuar con el sistema nervioso humano. Más de un siglo después, esa relación sigue siendo objeto de investigación científica y de evaluación en las normas de exposición electromagnética.

Las cifras detrás del fenómeno

  • 1896: año del experimento histórico atribuido a Jacques-Arsène d’Arsonval.
  • 1910: año de los experimentos posteriores de Silvanus P. Thompson.
  • 20 Hz: frecuencia aproximada a la que el umbral de percepción de magnetofosfenos es más bajo.
  • 7 teslas: intensidad del campo de ciertos equipos de resonancia magnética de ultraalto campo.
  • 2014: año de publicación de un estudio sobre síntomas transitorios asociados con la exposición laboral a equipos de resonancia magnética.

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