Rastrearon 4,581 animales y hallaron que la presencia humana cambia cómo usan su espacio
El estudio, publicado en Science el 21 de mayo de 2026, combinó registros GPS de mamíferos y aves con datos anónimos de movilidad de teléfonos; las respuestas variaron según la especie y el grado de modificación del paisaje.
La presencia de personas estuvo asociada con cambios en la manera en que numerosas especies silvestres utilizan el espacio y los recursos, incluso después de distinguir ese efecto de carreteras, ciudades, zonas agrícolas y otras modificaciones físicas del entorno.
Un equipo de investigadores de UC Santa Barbara, el Smithsonian’s National Zoo and Conservation Biology Institute y Yale University analizó datos GPS de 4,581 animales de 37 especies de mamíferos y aves en Estados Unidos. El estudio fue publicado en la revista Science el 21 de mayo de 2026.
La investigación volvió a ser difundida a finales de agosto por ScienceDaily, pero el trabajo científico original no es de agosto: fue publicado tres meses antes.
El resultado central fue que la presencia humana afectó a más del 65% de las especies estudiadas, aunque no de una única manera. Algunas redujeron el espacio que utilizaban; otras lo ampliaron y, en determinados casos, la respuesta dependió de qué tan transformado estaba ya el paisaje.
Cómo separaron la presencia humana del efecto de ciudades y carreteras
Uno de los principales problemas al estudiar la relación entre personas y fauna es distinguir si un animal responde directamente a los humanos o al entorno que estos han transformado.
Los confinamientos y cambios de movilidad ocurridos durante la pandemia de COVID-19 ofrecieron una oportunidad poco habitual para separar ambos factores. Los científicos compararon semanalmente registros de los mismos periodos de 2019 y 2020, cuando la distribución de la actividad humana cambió de manera abrupta en numerosos lugares.
Para saber dónde se encontraban las personas, el equipo utilizó datos anónimos de geolocalización procedentes de teléfonos celulares con resolución a escala de vecindario. Esos registros se combinaron con información GPS de los animales y con mediciones sobre modificación del paisaje.
Los investigadores analizaron dos dimensiones: el área geográfica utilizada por cada individuo y su nicho ambiental, es decir, el conjunto de condiciones y recursos del entorno que aprovechaba.
En el desglose presentado por UC Santa Barbara, la presencia humana estuvo relacionada con cambios en el área ocupada o el nicho ambiental en 67% de las especies de mamíferos y 68% de las especies de aves. Además, 57% de las especies mostraron efectos asociados tanto con presencia humana como con modificación del paisaje.
La relación entre actividad humana y fauna también aparece en otros escenarios. En Chernóbil, por ejemplo, la prolongada reducción de la presencia humana ha coincidido con el regreso de distintas especies a zonas anteriormente habitadas. Chernóbil se transforma en refugio de vida silvestre pese a la radiación: qué especies han regresado y qué riesgos persisten tras el desastre nuclear
Lobos, venados y grullas no reaccionaron igual
El estudio no encontró una conducta universal. Esa es una de sus principales advertencias: no puede concluirse que todos los animales huyan de las personas ni que todas las especies reduzcan su territorio.
Los lobos mostraron una respuesta distinta a la de muchas especies: ampliaron el espacio utilizado cuando aumentó la presencia humana. Los autores plantean como posible explicación que recorrer una zona mayor les permita mantenerse alejados de las personas, pero esa interpretación no debe confundirse con una causa demostrada.
El venado de cola blanca presentó otro patrón. Su nicho ambiental aumentó conforme crecía la modificación del paisaje, pero se redujo cuando aumentó la presencia de personas. Las grullas canadienses mostraron la respuesta contraria.
La diversidad de reacciones ayuda a explicar por qué la conservación no puede basarse únicamente en separar áreas naturales de zonas urbanizadas. El mismo nivel de actividad humana puede tener consecuencias distintas dependiendo de la especie y del paisaje donde ocurra.
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El uso de dispositivos para entender los desplazamientos de fauna ya ha permitido documentar otros comportamientos inesperados. En la Patagonia, por ejemplo, el seguimiento GPS de pumas mostró cambios en el tamaño de sus territorios después de que algunos ejemplares comenzaran a aprovechar una nueva fuente de alimento. Lo que nadie imaginó tras la restauración ambiental en la Patagonia: pumas vuelven a la región pero comienzan a cazar pingüinos
La misma tecnología también puede tener aplicaciones directas de manejo. En los Everglades, el seguimiento de una pitón invasora mediante un transmisor permitió localizar una zona de anidación oculta. Una pitón llevó a los científicos hasta su nido oculto en los Everglades
Lo que el estudio todavía no puede responder
El hallazgo demuestra que los animales cambian la forma en que utilizan el espacio y los recursos, pero no establece que esas modificaciones sean necesariamente positivas o negativas para su supervivencia.
Ruth Oliver, coautora principal del trabajo e investigadora de UC Santa Barbara, señaló que el grupo trabaja ahora en una segunda pregunta: determinar si los animales que modifican su comportamiento ante las presiones humanas tienen una probabilidad mayor o menor de morir.
También debe evitarse extender los resultados automáticamente a toda la fauna mundial. La investigación se concentró en 37 especies de mamíferos y aves del territorio continental de Estados Unidos, y las propias diferencias encontradas entre lobos, venados, grullas y otros animales muestran por qué una misma conclusión no puede aplicarse por igual a todas las especies o paisajes.
La principal consecuencia para la conservación es, precisamente, esa necesidad de precisión: además de considerar cuánto se transforma un hábitat, puede ser necesario evaluar dónde, cuándo y con qué intensidad están presentes las personas.
Las cifras centrales del estudio
- 4,581 animales fueron incluidos en el análisis.
- Participaron 37 especies de mamíferos y aves.
- La presencia humana produjo respuestas en más del 65% de las especies estudiadas.
- 67% de las especies de mamíferos y 68% de las aves mostraron cambios asociados con la presencia humana en el espacio utilizado o en su nicho ambiental.
- El seguimiento comparó periodos de 2019 y 2020, aprovechando los cambios de movilidad ocurridos durante la pandemia.
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