Enterraron a princesas egipcias con armas hace 4,000 años; sus huesos revelan que pudieron haberlas usado
Los investigadores encontraron en los brazos y manos de varias mujeres reales de Dahshur desarrollo muscular y modificaciones óseas compatibles con acciones repetitivas como tensar un arco o sujetar con fuerza un arma. En el caso de Noub-Hotep, esas señales aparecen junto con flechas depositadas en su entierro; en Ita, las marcas son compatibles con el agarre habitual de objetos como dagas o mazas.
EGIPTO.-Durante más de un siglo, los arcos, flechas, dagas y otros objetos colocados en algunas tumbas de mujeres de la realeza del antiguo Egipto podían interpretarse como parte de un conjunto funerario cargado de simbolismo. Un nuevo análisis bioarqueológico plantea una posibilidad distinta: algunas de esas princesas pudieron haber utilizado realmente armas durante su vida.
La investigación, publicada el 17 de julio de 2026 en Frontiers in Environmental Archaeology, reexaminó restos de seis integrantes de la realeza procedentes de Dahshur, correspondientes aproximadamente al periodo de 1850 a 1700 a. C. El grupo incluye al rey Hor, cuatro princesas identificadas y una mujer cuya atribución a la princesa Sathathormeryt sigue siendo provisional. ScienceDaily retomó los resultados el 30 de agosto.
Los esqueletos habían sido recuperados durante las excavaciones dirigidas por Jacques de Morgan entre 1894 y 1895 en los complejos de las pirámides de Amenemhat II y Amenemhat III. Después permanecieron prácticamente fuera del estudio antropológico durante décadas hasta ser localizados nuevamente durante un proyecto de conservación del Museo Egipcio de El Cairo en 2020.
El contexto de Dahshur resulta especialmente importante. La zona conserva algunas de las grandes construcciones funerarias del antiguo Egipto y permite estudiar cómo tumbas, cuerpos y objetos formaban parte de un mismo sistema ritual. EL IMPARCIAL ha explicado también cuántos años tienen las pirámides egipcias y por qué fueron construidas, incluido el papel de Dahshur dentro de esa tradición.
Qué encontraron en los huesos de las princesas
Los investigadores analizaron los huesos conservados para reconstruir edad, sexo, estatura, enfermedades, lesiones y señales relacionadas con actividades repetitivas. Entre los elementos de mayor interés estuvieron las zonas donde músculos y ligamentos se unen al hueso, porque su desarrollo puede ofrecer pistas sobre movimientos realizados habitualmente.
Ita, quien murió aproximadamente entre los 28 y 34 años, presentaba inserciones musculares especialmente robustas en la parte superior del cuerpo. El equipo interpretó el patrón de sus brazos y manos como compatible con movimientos repetitivos de agarre, semejantes a los necesarios para manejar objetos como una daga o una maza. En su tumba había precisamente una elaborada daga.
En Itaweret, una mujer de entre 20 y 34 años, los investigadores identificaron un fuerte desarrollo en zonas relacionadas con brazos, hombros y pecho. El patrón es compatible con el movimiento repetido necesario para tensar un arco. También presentaba fracturas ya curadas en varias costillas y huesos del pie.
Khenmet, de entre 35 y 45 años, mostraba igualmente inserciones musculares y ligamentos muy desarrollados. Los autores relacionaron parte de esas características con movimientos que podrían corresponder al tiro con arco, aunque también detectaron pérdida de masa ósea que requeriría estudios adicionales para precisar su causa.
Uno de los casos más llamativos es el de Noub-Hotep. Las modificaciones observadas en sus antebrazos y mano derecha fueron interpretadas como resultado de movimientos repetitivos de agarre y estabilización. La asociación resulta especialmente interesante porque en su entierro se encontraron flechas, de modo que la evidencia del cuerpo y la del ajuar funerario apuntan en una misma dirección.
Por qué las armas quizá no eran únicamente símbolos
La presencia de armas en tumbas femeninas no basta por sí sola para demostrar que sus propietarias las utilizaran. Los objetos depositados junto a los muertos podían tener funciones religiosas, rituales o relacionadas con el estatus.
De hecho, los propios investigadores sitúan estos entierros dentro de un complejo programa funerario: las mujeres reales desempeñaban un papel en las ideas de muerte y regeneración vinculadas al rey. Arcos, mazas, bastones y otras insignias podían formar parte de ese lenguaje simbólico.
La novedad del estudio consiste en combinar ese contexto arqueológico con lo observado en los esqueletos. Los autores encontraron asimetrías, inserciones musculares robustas y modificaciones en manos y brazos que consideran compatibles con actividades repetitivas de alta intensidad. En Khenmet e Itaweret, por ejemplo, identificaron señales relacionadas con el movimiento de tensar un arco.
Por ello, el equipo sostiene que algunos de esos objetos pudieron tener también una dimensión práctica durante la vida de las mujeres, además de su significado funerario.
Un entierro femenino de una época cercana ya había mostrado la riqueza y complejidad de estas prácticas. En 2024, EL IMPARCIAL informó del descubrimiento de una tumba egipcia de unos 4,000 años perteneciente a Idi, hija de un gobernador, donde también aparecieron objetos funerarios que ayudaron a reconstruir la posición social de la fallecida.
Las lesiones también hablan de una vida físicamente activa
El estudio documentó además traumatismos ya curados. Itaweret tenía fracturas en costillas y pies, mientras que otros miembros del grupo presentaban lesiones y alteraciones relacionadas con estrés físico.
Los investigadores plantean que algunas pudieron originarse por caídas, golpes, cacería, entrenamiento militar u otras actividades exigentes, pero los huesos no permiten determinar con certeza cuál de esas situaciones provocó cada lesión.
El hecho de que varias fracturas hayan sanado correctamente también resulta relevante. Los autores consideran que la recuperación es compatible con el acceso de estas personas de la élite a cuidados eficaces para su época, aunque el privilegio real no las protegió de infecciones, problemas nutricionales ni enfermedades.
El análisis de restos humanos ha permitido obtener información semejante en otros contextos egipcios. Un caso publicado anteriormente por EL IMPARCIAL mostró cómo el estudio moderno de una momia egipcia con un inusual recubrimiento de barro permitió distinguir entre el tratamiento original del cuerpo y modificaciones realizadas posteriormente.
Lo que el estudio no permite afirmar
Los resultados no prueban que estas princesas participaran en batallas ni que deban describirse automáticamente como guerreras. Lo que muestran los investigadores son patrones de actividad física que, al compararse con las armas de sus entierros, resultan compatibles con la práctica habitual de arquería y manejo de determinados objetos.
Además, la colección está incompleta. Con excepción de parte de los restos del rey Hor, los cráneos de las mujeres ya no están disponibles para su estudio. Los investigadores reconocen que la separación y pérdida de piezas limita la reconstrucción completa de sus vidas.
El equipo todavía busca realizar análisis de ADN antiguo e isótopos estables, herramientas que podrían proporcionar más información sobre parentesco, procedencia geográfica y dieta. Por ahora, el estudio debe entenderse como una reconstrucción elaborada a partir de los restos que sobrevivieron y pudieron ser examinados.
La investigación se suma a una serie de estudios que están reconstruyendo la historia egipcia a partir de evidencias que van más allá de templos y objetos. En julio de 2026, por ejemplo, arqueólogos reportaron en Luxor una tumba de unos 3,000 años cuyas inscripciones permitieron reconstruir parte de la historia de Paser y su esposa.
En Dahshur, esta vez fueron los propios huesos los que añadieron una pieza al rompecabezas: las mujeres de la realeza no necesariamente llevaron una existencia físicamente pasiva y las armas colocadas junto a algunas de ellas pudieron reflejar actividades que formaron parte de su vida, además de su función ritual después de la muerte.
Lo que encontraron en los restos de Dahshur
- Seis individuos fueron reanalizados: el rey Hor y cinco mujeres de contextos reales, una de ellas identificada solo de forma provisional.
- Los restos proceden de excavaciones realizadas entre 1894 y 1895 en los complejos funerarios de Amenemhat II y Amenemhat III.
- Fueron redescubiertos para su estudio en 2020 dentro de las colecciones del Museo Egipcio.
- Varias mujeres presentaron cambios en brazos y manos compatibles con arquería, agarre de armas y otras actividades físicas repetitivas.
- La ausencia de buena parte de los cráneos y los estudios pendientes de ADN e isótopos limitan las conclusiones que pueden obtenerse.
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