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Científicos encuentran algo inusual en el sistema inmune de personas que superan los 110 años

Un estudio publicado en Cell Reports encontró que un tipo poco común de linfocito T aumentó desde una mediana de 4% en adultos de 70 a 99 años hasta 17.6% entre supercentenarios, aunque los investigadores advierten que esto no demuestra que esas células sean la causa de su longevidad.

Las personas que logran vivir 110 años o más presentan una característica poco habitual en su sistema inmune: una proporción elevada de células capaces de atacar directamente objetivos anormales, según una investigación que ofrece nuevas pistas sobre la manera en que las defensas del organismo cambian durante la vejez extrema.

El estudio, publicado el 19 de agosto de 2026 en la revista científica Cell Reports, analizó un tipo de célula conocido como linfocito T citotóxico CD4, o CD4 CTL. Los investigadores encontraron que su presencia aumentaba marcadamente alrededor de los 100 años y alcanzaba sus niveles más altos entre los supercentenarios.

El equipo examinó muestras de sangre de 28 adultos: ocho participantes de entre 70 y 99 años, 10 de entre 100 y 109 y otros 10 de 110 años o más. La proporción mediana de CD4 CTLs fue de 4%, 9.6% y 17.6%, respectivamente.

Es decir, entre los participantes de mayor edad, estas células representaban cerca de una de cada cinco células T, frente a aproximadamente una de cada 25 en el grupo de menor edad analizado. La tendencia sugiere una modificación importante del sistema inmune alrededor del centenario, aunque existieron diferencias entre individuos y una persona menor de 100 años presentó incluso la proporción más elevada de toda la muestra.

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Qué tienen de particular estas células inmunes

Los linfocitos T suelen dividirse funcionalmente entre células que coordinan la respuesta inmunológica y otras capaces de destruir directamente células infectadas o anormales. Los CD4 CTLs son una población atípica porque, pese a ser CD4 positivas, desarrollan también una función citotóxica.

Kosuke Hashimoto, primer autor del estudio e investigador de la Universidad de Osaka, explicó que el envejecimiento inmunológico no necesariamente consiste únicamente en una pérdida progresiva de funciones. La expansión selectiva observada apunta a que, incluso a edades extremas, determinadas células pueden seguir adaptándose a los desafíos que aparecen con los años.

Esta idea resulta relevante porque el envejecimiento suele asociarse con inmunosenescencia y con una mayor dificultad para responder frente a infecciones y otras alteraciones. En ese contexto, estudios sobre la inflamación y el envejecimiento del sistema inmunológico han mostrado que la relación entre edad y defensas es más compleja que un simple deterioro uniforme.

Algunas células formaban enormes grupos de clones

Los científicos también estudiaron los receptores de estas células para averiguar por qué se habían vuelto tan abundantes.

Cuando una célula T reconoce determinado objetivo puede multiplicarse y producir numerosas copias con el mismo receptor. En este estudio, el clon dominante representó en promedio 33.3% de todos los CD4 CTLs de cada participante; en un centenario, un solo clon llegó a concentrar 53.8%.

Esa expansión es compatible con una exposición repetida a antígenos persistentes: señales que habrían provocado una respuesta inmunológica reiterada durante el tiempo. Sin embargo, la investigación no logró determinar exactamente qué estaban reconociendo esos clones.

El equipo encontró además que algunas secuencias de sus receptores se parecían a las observadas previamente en células T expandidas dentro de tumores, en especial en casos de cáncer de pulmón. Esto llevó a los investigadores a plantear la posibilidad de que parte de esta adaptación contribuya a vigilar células anormales antes de que desarrollen una enfermedad clínicamente detectable. Por ahora, se trata de una hipótesis, no de una protección contra el cáncer demostrada.

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El estudio no encontró “el secreto” para vivir 110 años

La principal cautela es que los resultados muestran una asociación, no una relación de causa y efecto.

Los investigadores no demostraron que tener más CD4 CTLs permita vivir más años, ni que aumentar artificialmente esas células pueda prevenir enfermedades. Tampoco puede establecerse, con este diseño, si esa particular organización del sistema inmune ayudó a los participantes a alcanzar edades excepcionales o si apareció como consecuencia de haber vivido tanto tiempo.

El estudio fue además pequeño y transversal: comparó personas de distintas edades en un momento determinado, en vez de seguir al mismo grupo durante décadas. Las observaciones se realizaron principalmente a partir de células circulantes en la sangre, por lo que todavía falta conocer cómo se comportan los CD4 CTLs en distintos tejidos del organismo.

Hashimoto señaló que uno de los siguientes pasos será precisamente investigar su actividad dentro de tejidos humanos. Solo con estudios adicionales podrá establecerse si estas células desempeñan un papel protector frente a tumores, células senescentes u otras amenazas que se vuelven más frecuentes con la edad.

La investigación se suma a otros trabajos que intentan entender por qué algunas personas conservan funciones biológicas durante periodos excepcionalmente largos. Casos familiares de longevidad, como el de tres hermanas brasileñas estudiadas para buscar diferencias genéticas e inmunológicas, muestran que todavía se investiga cuánto corresponde a genética, ambiente, respuesta inmunológica y otros factores.

Lo que encontraron en las personas de mayor edad

  • 28 participantes: ocho de 70 a 99 años, 10 de 100 a 109 y 10 de 110 años o más.
  • 4% de CD4 CTLs: proporción mediana entre los participantes de menor edad.
  • 9.6%: mediana entre quienes tenían entre 100 y 109 años.
  • 17.6%: mediana entre los supercentenarios de 110 años o más.
  • Limitación clave: el estudio no demuestra que estas células provoquen longevidad ni que eviten el cáncer.

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