Un telescopio extraterrestre podría recibir imágenes de la era de los dinosaurios desde 66 millones de años luz, aunque observar ejemplares individuales sería casi imposible
La luz que salió de la Tierra antes de la extinción de los dinosaurios continúa viajando por el espacio, pero convertirla en imágenes detalladas requeriría una tecnología que no existe actualmente.
Un telescopio extraterrestre situado a 66 millones de años luz podría recibir ahora la luz que la Tierra emitió o reflejó durante la etapa final de los dinosaurios. Esto significa que sus observadores no contemplarían nuestro planeta como es en 2026, sino como era poco antes de la extinción masiva del final del Cretácico.
La distancia colocaría a esos hipotéticos observadores en el momento adecuado para captar la Tierra prehistórica. Sin embargo, eso no significa que pudieran distinguir tiranosaurios, plantas o paisajes. Para observar ejemplares individuales necesitarían un telescopio con capacidades muy superiores a las de cualquier instrumento conocido.
La explicación se encuentra en una regla básica de la astronomía: la luz necesita tiempo para viajar. Cuanto más lejos se encuentra un objeto, más antigua es la imagen que recibimos.
¿Por qué un planeta lejano vería la Tierra de los dinosaurios?
La luz se desplaza en el vacío a casi 300 mil kilómetros por segundo. Aunque esta velocidad es difícil de imaginar, las distancias del universo son tan grandes que la radiación puede tardar años o millones de años en llegar de un lugar a otro.
Un año luz no es una medida de tiempo, sino de distancia. Corresponde al trayecto que recorre la luz durante un año, equivalente a unos 9.46 billones de kilómetros.
Por esta razón, un planeta localizado a 66 millones de años luz recibiría actualmente la luz que salió de la Tierra hace 66 millones de años. Ese momento coincide aproximadamente con la desaparición de los dinosaurios no avianos.
Desde diferentes distancias se observarían etapas distintas:
- A 66 millones de años luz, la Tierra del final del Cretácico.
- A 100 millones de años luz, una etapa anterior del Cretácico.
- A 150 millones de años luz, el planeta durante el Jurásico.
- A 230 millones de años luz, la época aproximada de los primeros dinosaurios.
La luz de esos periodos continúa alejándose de la Tierra en todas direcciones. No se trata de una grabación guardada en algún punto del espacio, sino de radiación que sigue su recorrido por el universo.
Te puede interesar: T-Rex rompe récord en subasta: fósil de 67 millones de años se vende por 50.1 millones de dólares
¿Podrían observar dinosaurios caminando sobre la Tierra?
La respuesta depende de la capacidad del telescopio. Encontrarse a la distancia adecuada permitiría recibir luz de la época correspondiente, pero no garantizaría obtener una imagen detallada.
Desde 66 millones de años luz, la Tierra sería extremadamente tenue. Además, su cercanía aparente con el Sol dificultaría separarla del resplandor de la estrella.
Los telescopios humanos actuales pueden detectar exoplanetas y estudiar algunas características de sus atmósferas, pero no consiguen distinguir animales, edificios o accidentes geográficos sobre sus superficies.
Para observar un dinosaurio individual sería necesario captar una región de apenas unos metros desde una distancia de millones de años luz. Esto exigiría una resolución fuera de las posibilidades tecnológicas conocidas.
Un instrumento extraterrestre con mayor capacidad quizá podría estudiar características generales del planeta, como:
- La composición de su atmósfera.
- La presencia de agua.
- Cambios globales en la vegetación.
- Sustancias químicas relacionadas con procesos biológicos.
- Variaciones importantes provocadas por un impacto o una extinción.
Incluso con esos datos, reconocer directamente un dinosaurio sería una tarea distinta y mucho más compleja.
¿Cómo funciona el retraso de la luz dentro del Sistema Solar?
David Galadí Enríquez, astrónomo residente en el Observatorio de Calar Alto del Instituto de Astrofísica de Andalucía, explica en un artículo publicado originalmente en The Conversation que los seres humanos perciben el universo mediante mensajeros que viajan a una velocidad limitada.
La radiación electromagnética, incluida la luz, es el mensajero más utilizado en astronomía. También se estudian las ondas gravitacionales, los neutrinos y los rayos cósmicos.
El retraso de la luz puede apreciarse dentro de nuestro propio vecindario espacial:
- La luz de la Luna tarda aproximadamente 1.3 segundos en llegar a la Tierra.
- El Sol se observa con cerca de ocho minutos de retraso.
- Las comunicaciones con Marte pueden demorar hasta 20 minutos en un solo sentido, según la posición de ambos planetas.
- La sonda Voyager 1 fotografió la Tierra desde más de 6 mil millones de kilómetros y captó el planeta como era más de cinco horas antes.
Cuando una sala de control recibe la confirmación de que una nave aterrizó en Marte, el descenso ya ocurrió varios minutos atrás. La señal apenas terminó de recorrer la distancia hasta nuestro planeta.
¿Qué verían desde un planeta ubicado a 90 años luz?
Galadí Enríquez utiliza como ejemplo a TOI-836b, un exoplaneta situado aproximadamente a 89.7 años luz.
Cuando su artículo fue publicado en 2023, un observador localizado en ese sistema habría contemplado la Tierra de 1933. Si dispusiera de un telescopio capaz de distinguir personas, podría ver el nacimiento de la abuela de un bebé nacido en 2023, pero no el nacimiento del bebé.
En 2026, la luz que estaría llegando a ese planeta correspondería aproximadamente a 1936. De la misma forma, desde la Tierra observamos TOI-836b como era casi 90 años atrás.
Este principio funciona sin importar la dirección: ningún observador recibe información instantánea de un lugar distante.
¿Desde Andrómeda podrían ver a los primeros humanos?
La galaxia de Andrómeda está ubicada a unos 2.5 millones de años luz. Desde allí observarían actualmente una Tierra anterior a la aparición del ser humano moderno, cercana a las primeras etapas del género Homo.
Al mirar Andrómeda desde nuestro planeta ocurre lo mismo. Los telescopios no muestran cómo luce esa galaxia en 2026, sino la imagen que emitió hace alrededor de 2.5 millones de años.
El astrónomo describe esta limitación como una “jaula de luz”. Todo lo que contemplamos en el cielo pertenece al pasado: la Luna a poco más de un segundo, el Sol a ocho minutos y las estrellas a años, siglos o milenios.
¿Por qué este retraso ayuda a estudiar el universo?
La imposibilidad de observar el presente de los objetos lejanos también representa una herramienta científica. Mirar a mayor distancia permite estudiar periodos cada vez más antiguos del universo.
Gracias a este fenómeno, los astrónomos pueden analizar galaxias jóvenes y captar el resplandor residual producido después del origen del cosmos. La velocidad limitada de la luz convierte al espacio en un registro natural del pasado.
Por ello, un telescopio situado a 66 millones de años luz podría recibir actualmente la luz procedente de la Tierra de los últimos dinosaurios. Pero para convertir esa radiación en una imagen capaz de mostrar un ejemplar individual necesitaría una tecnología que, hasta ahora, solamente puede imaginarse.
Grupo Healy © Copyright Impresora y Editorial S.A. de C.V. Todos los derechos reservados