Científicos descubren que pesticidas comunes ‘roban’ años de vida a los peces al dañar su ADN, acelerando su envejecimiento biológico incluso en aguas que cumplen con los estándares de seguridad
La biología mundial enfrenta una revelación inquietante. Un estudio publicado en la revista Science demuestra que el insecticida clorpirifos acorta drásticamente la vida de los peces al degradar sus telómeros, funcionando como un acelerador silencioso de la vejez en los ecosistemas acuáticos
EEUU. — La ciencia ha detectado un “asesino silencioso” que no mata de inmediato, sino que acelera el reloj de la muerte. Investigadores de la Universidad de Notre Dame, en un estudio masivo que analizó a más de 20,000 ejemplares, han confirmado que la exposición crónica a niveles bajos de pesticidas agrícolas está provocando que los peces envejezcan de forma prematura.
Según reporta The Guardian, el biólogo Jason Rohr y el investigador Kai Huang identificaron que el culpable es el clorpirifos, un insecticida ampliamente utilizado en potencias como EE. UU. y China. El daño no es visible a simple vista, pero es devastador a nivel celular: el químico ataca los telómeros, las capas protectoras de los cromosomas que determinan la capacidad de regeneración del cuerpo.
¿Por qué este hallazgo cambia las reglas del juego en 2026?
Tradicionalmente, las regulaciones de seguridad se basan en la “toxicidad aguda” (qué dosis mata a un animal rápidamente). Sin embargo, este estudio demuestra que:
- Envejecimiento Celular: Los peces en aguas contaminadas tienen la misma edad cronológica que los de aguas limpias, pero sus células son biológicamente mucho más viejas.
- Basura Celular: Se halló una acumulación masiva de lipofuscina en el hígado de los peces, una proteína que actúa como residuo metabólico propio de la vejez avanzada.
- Falla en la Reproducción: Al morir más jóvenes, los peces más grandes y fértiles desaparecen, lo que pone en riesgo la estabilidad de toda la especie y la seguridad alimentaria.
Un conflicto global por el Clorpirifos
La controversia escala este 25 de enero de 2026 debido a que estos efectos de deterioro ocurren en concentraciones que actualmente son legales bajo los estándares de agua dulce en Estados Unidos. Mientras la Unión Europea mantiene su prohibición total, el hallazgo de que el daño es acumulativo y silencioso presiona a la administración de Donald Trump para revisar las normativas ambientales.
Como señala Rohr, los resultados desafían la suposición de que los químicos son “seguros” si no causan daño inmediato. Este descubrimiento sugiere que los humanos, al compartir mecanismos biológicos de telómeros con los vertebrados, podríamos estar enfrentando riesgos similares de envejecimiento prematuro y enfermedades asociadas a la edad por la exposición ambiental a estos químicos.
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