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Sonora

Urgen políticas públicas para evitar escasez de agua

Sonora registra un estrés hídrico catalogado como "muy alto", por lo que es imperioso reducir la demanda del líquido.

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Por Shaila Rosagel

Expertos sugieren analizar las actividades económicas de cada región, especialmente donde hay escasez de agua, a fin de planear en función de la disponibilidad del líquido.(Jesús Palomares)

Expertos sugieren analizar las actividades económicas de cada región, especialmente donde hay escasez de agua, a fin de planear en función de la disponibilidad del líquido. | Jesús Palomares

CIUDAD DE MÉXICO.- El estrés hídrico, aunque no se puede evitar, se puede manejar con tecnologías y políticas públicas que ayuden a reducir la demanda para evitar la escasez de agua, dicen expertos en entrevista con Grupo Healy.

Sonora registra un estrés hídrico muy alto al superar el grado de presión de 101.9%, muy por encima de recomendaciones internacionales y de la media nacional de 19.5%, según la Comisión Nacional del Agua (Conagua).

“El agua es un problema muy local, por lo que existen políticas que pueden funcionar bien en algunos lugares y no en otros”, explica Leah Schleifer, especialista en Comunicaciones para el Programa del Agua del World Resources Institute (WRI).

Schleifer precisa que existen políticas que conservan y restauran las cuentas de donde se origina el agua que pueden ser de gran ayuda y reducir el costo del tratamiento del agua.

“Reutilizar el agua y alentar la tecnología eficiente en el uso del agua puede reducir la demanda”, dice.

Eugenio Barrios Ordóñez, subdirector de Administración del Agua de la Conagua, explica que hay sólo una forma de revertir el estrés hídrico: Manejando la demanda de agua.

“Hay que ir creando reservas de agua para el ambiente. El 1 de julio se publicó un decreto presidencial para proteger el agua de la población, de todos los mexicanos durante los próximos 50 años”, expone.

Demanda real

El funcionario precisa que desde Conagua existen dos ámbitos de intervención: El primero tiene que ver con contar con los balances de agua y ajustar la demanda real de agua.

“En muchas regiones hay más agua de papel que la que tenemos en realidad. Una función de la Conagua es ir ajustando esas concesiones para que se ajusten a la disponibilidad real de agua que tenemos”, dice.

Barrios Ordóñez añade que existen programas y apoyos enfocados a mejorar la eficiencia de los sistemas de agua potable y saneamiento, proyectos de inversión en abastecimiento.

En el caso de Baja California y Sonora, dice, se impulsan proyectos de desalinización de agua de mar para cubrir la demanda público-urbano.

“Otro ámbito es mejorar las prácticas del sector agrícola, de los distritos de riesgo, de los pequeños productores para que sea más eficiencia y que produzcamos más con menos”, explica.

El funcionario añade que si se analiza de manera tendencial, se concluye que el estrés hídrico siempre crecerá debido a que la demanda de agua irá al alza por el incremento de las necesidades de agua de la población.

Pero, si se mejoran las eficiencias en los sistemas de distribución y conducción de agua se podrían recuperar volúmenes que actualmente se pierden y podrían utilizarse para cubrir el incremento de la demanda.

"Adecuar las prácticas de la gente, el desarrollo de una región a esa disponibilidad de agua que se tiene. Si tener cultivos muy intensivos de uso de agua como alfalfa en zonas desérticas es un sin sentido”, dice.

Regional y local

Carlos Gay García, investigador del Centro de Ciencias de la Atmósfera, y coordinador del programa de Investigación en Cambio Climático de la UNAM, explica que los gobiernos deben de pensar de forma regional y local.

“En zonas como Baja California la idea de la desalación de agua de mar hay que estudiarla en serio. Ya ha habido algunos intentos que se han hecho al Sur de la península y habría que revivir y ver qué es lo que están diciendo los técnicos ahí”, indica.

En Sonora, señala, se tendría que ver con detalle y decisión “qué es lo que se va hacer en el contexto de cambio climático”.

Porque la naturaleza ya no nos va ayudar para nada. Va a seguir en el campo que la hemos empujado y seguirá manifestándose en la misma dirección: Más problemas, más temperatura, más ondas de calor, más enfermedades relacionadas con ondas de calor, con falta de agua”, precisa.

Las medidas que se pueden tomar, aclara, son  de carácter preventivo. Algunas, como la captura de agua de lluvia, podrían analizarse en serio para retener la escasa agua que cae durante el año.

“Hay que empezar a ver cómo está la situación de traer agua de otros sitios. La idea de extraer agua de los acuíferos, que seguro habrá algunos compartidos con Arizona y con California, habría que ponerles mucha atención. Porque si empieza a ser la única fuente el agua subterránea esa también se acaba y si no hay lluvia, no hay recuperación de esos depósitos subterráneos”, advierte.

Gay García agrega que la tecnología de la desalación puede ser una opción para luchar contra el estrés hídrico y el cambio climático.

Y, aunque existen diversas opciones conocidas que se pueden discutir “el punto es concentrarse en qué se puede hacer en particular en cada diferente lugar”.

AHORRAR AGUA EN SERIO

Leah Schleifer de WRI explica que países como Australia son un ejemplo a nivel mundial en medidas para combatir el estrés hídrico.

Australia, dice, casi redujo a la mitad el uso de agua doméstica para evitar su propio momento del “Día Cero”.

El “Día Cero” se define como el momento en el que un país no pueda satisfacer su demanda de agua.

El esquema de comercio de agua del País, el más grande del mundo, permite la asignación inteligente de agua entre los usuarios, explica la vocera de WRI.

En Australia se han tomando medidas de emergencia como el almacenamiento de agua y la construcción de desaladoras de agua de mar.

En México, en especial en Sonora y Baja California dice Alfonso Cortez Lara, investigador del Departamento de Estudios Urbanos y del Medio Ambiente de El Colegio de la Frontera Norte (Colef) Mexicali, no se han tomado las mejores decisiones en materia de políticas públicas.

“Si ya teníamos una condición natural de estrés hídrico, teníamos que tomar previsiones y seguimos sin tomar previsiones efectivas. Y más que eso tenemos una condición a la baja de humedad”, añade.

Cortez Lara cuestiona el que en ambas entidades los gobiernos locales atraigan inversiones intensivas en el uso de agua, debido a que no son razonables ni sostenibles.

Precisa que las políticas públicas se han enfocado a generar más agua para satisfacer la demanda y a la creación de infraestructura como canales, acueductos y presas.

Pero, anota, poco han hecho para atacar la demanda y consumo en sectores como el agrícola que, en Sonora y BC consumen en promedio por arriba del 80% de la disponibilidad del agua superficial y subterránea.

Cortez propone que si se incrementa entre un 3 y 4% la eficiencia en el uso y manejo de agua en las zonas de riego, se podrían ahorrar volúmenes considerables de agua: Un total de 200 millones de metros cúbicos al año.

“Que equivalen dos veces lo que consume Mexicali al año, la zona urbana de Hermosillo al año”, expone.

Reducir el consumo
Con una mayor regulación, explica, se puede reducir el consumo y el manejo de demanda en el sector de riego.

Otra medida, agrega, es sobre las actividades productivas en ambas regiones.

“No puedes seguir trayendo actividades que representen poco beneficio para la región y que sí representen un consumo acelerado de un recurso altamente competido y sí escaso”, añade.

Además, opina, se pueden tomar acciones para reducir las fugas de agua en la red de distribución de las grandes ciudades de estas entidades.

“Hicimos un estudio del Banco Mundial y en Tijuana, Mexicali, San Luis Río Colorado y en Hermosillo hay pérdidas de la red de distribución del orden del 30%. Se pierden tres de cada 10 litros que tienen en plantas”, dice.

Cortez añade que el tratamiento de agua es más barato y amigable que la desalinización de agua de mar, que es intensiva en el uso de energía, pues representa el 50% de la producción de un litro de agua potable.

“Y el impacto que tiene una planta que sigue utilizando la tecnología de osmosis inversa en la zona donde está ubicada, como las que se están promoviendo en Puerto Peñasco, Sonora o en Playas de Rosarito. De cada 10 litros de agua de mar, sólo le sacas cuatro de agua potable y seis de salmuera; es un impacto fuerte al medio ambiente”, explica.

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  • Reportaje El Imparcial

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