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Sonora

Regresan a la vida simple

Este estilo de vida significa para Stevan y Lucía respetar la tierra y cuidar el medio ambiente.

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Por Eduardo López

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Lucía Gómez Mancera y Stevan de la Rosa cultivan sus granos y para ello tienen sus semillas.(Eleazar Escobar)

Lucía Gómez Mancera y Stevan de la Rosa cultivan sus granos y para ello tienen sus semillas. | Eleazar Escobar

Para no utilizar residuos fósiles, utilizan un horno solar que les permite cocinar sus alimentos por medio de energía limpia.(Eleazar Escobar)

Para no utilizar residuos fósiles, utilizan un horno solar que les permite cocinar sus alimentos por medio de energía limpia. | Eleazar Escobar

Regresan a la vida simple(Eleazar Escobar)

Regresan a la vida simple | Eleazar Escobar

Un horno de leña le da el toque al hogar en Los Paredones, en el Municipio de Banámichi.(Eleazar Escobar)

Un horno de leña le da el toque al hogar en Los Paredones, en el Municipio de Banámichi. | Eleazar Escobar

Una antigua fragua y un soplador le permiten a Stevan hacer y reparar herramientas que utilizan para la labor en el campo.(Eleazar Escobar)

Una antigua fragua y un soplador le permiten a Stevan hacer y reparar herramientas que utilizan para la labor en el campo. | Eleazar Escobar

PRIMERA DE TRES PARTES

¿A qué estarías dispuesto a renunciar con tal de aportar algo, por pequeño que sea, para mejorar tu entorno, y a la vez influir en otras personas para reducir el impacto negativo de la vida moderna hacia el planeta?

Tal vez aplastar el botón de encendido de la máquina que prepara café sea una maravilla para muchos por lo práctico que resulta. Stevan y Lucía oprimieron muchas veces en su vida bastantes botones de aparatos. Pero un día decidieron parar y pensar.

¿Qué recursos, de todo tipo, se están gastando para que yo me haga un café o lave la ropa con solo aplastar un botón”, se cuestionaron una y otra vez, y comenzaron a renunciar a la facilidad de los aparatos y de lo procesado, antes de encontrarse.

Stevan De la Rosa Tames y Lucía Gómez Mancera se conocieron en el Centro del País y decidieron hacer una vida juntos, una vida rural, donde comieran el fruto de sus siembras, donde regresaran a la tierra a través de métodos como la cultura sustentable. 

Este es un sistema de producción que ha cobrado fuerza recientemente e incluye tener una cultura permanente de respeto a la tierra, mediante una base agrícola sostenible y ética por el uso del suelo.

Originario de Tijuana, Baja California, y luego de concluir su carrera universitaria Stevan viajó por el mundo para aprender técnicas de bioconstrucción. Por medio de un amigo conoció una parte del Río Sonora y decidió venir a explorar y conocer la zona.

“Me vine por todos los pueblitos, pasaba un rato, un día, dos, conociendo, platicando con la gente y ahora sí que aquí fue donde se dio que el terreno y yo nos encontramos”, contó sobre Los Paredones, el lugar donde ahora vive con su esposa Lucía y Samuel, su hijo.

LA VIDA DIARIA

Stevan decidió que los conocimientos que aprendió en Indochina, Tailandia, Laos, Camboya, en algunos países de África, en Estados Unidos y en México, los pondría en práctica en su terreno de 2.5 hectáreas, ubicado en el Municipio de Banámichi.

Llegar a Los Paredones es ver a más de 30 tipos de árboles distintos, todos regados por el agua de una acequia, construcciones rústicas de adobe y paja, máquinas viejas pero habilitadas para el trabajo, animales de libre pastoreo y siembras orgánicas.

Lo que ahí se produce, especialmente granos, elotes, calabazas, lentejas, garbanzo, avena, chícharos, centeno, entre otros productos, se siembra y cosecha a mano, y se utiliza para el consumo personal o el trueque con otros vecinos del lugar.

“La vida diaria aquí, como no contamos con electricidad, todo también es a mano, vamos a agarrar agua de la acequia, la filtramos, cocinamos en un horno solar, que es como un horno común pero lleva más preparación, hay que regar el huerto…”, narró Lucía.

El estilo de vida rural que se vive en Los Paredones es para Lucía y Stevan más pausada, lo que les requiere de una mayor intención para hacer las cosas del día a día, en un afán de respeto y equilibrio por la tierra y el ambiente.

POR UNA MEJOR CASA

La idea de la pareja es hacer algo por el ambiente y disminuir, al menos en una pequeñísima proporción, los daños que hace al planeta la vida en las ciudades.

Nuestra propuesta de vivir es solamente lo que a nosotros nos hace tranquilos”, aseguró Lucía, “es bajar algunas necesidades como personas, pero aumentar la calidad de vida, bajar las necesidades es no necesitar tanto de lo que sea”.

Para lograr su intención basan sus actividades de producción en sistemas simples y que puedan ser ciclos cerrados, destacó Stevan. Como ejemplo, elaboran composta con los desechos orgánicos de su cocina y la regresan a la tierra, lo que la hace más rica en nutrientes.

“Lo que estamos haciendo aquí no es para nada algo purista ni perfecto, vamos a los abarrotes cada dos o tres días por plátano, queso, lo que dijimos que sembramos es nuestra dieta, pero sí consumimos otras cosas, por ejemplo, aceite de olivo para la ensalada”, resaltó.

En Los Paredones no hay electricidad, por lo que procuran no almacenar mucha comida. Para resguardar un poco algunos alimentos tienen la “fresquera” que consiste en dos ollas de barro, una dentro de otra, y en el espacio entre ambas colocan arena que luego remojan con agua.

CONSTRUYEN A MANO 

Por la formación de ambos, no ha sido del todo difícil construir. Stevan aprendió en sus viajes por el mundo las artes de ecotecnias, y Lucía es arquitecta, por lo que incluso diseñan las construcciones con sistemas de enfriamiento y de calor.

La pareja relató que sí fue difícil renunciar a las comodidades de los aparatos modernos y de la vida en la ciudad para cambiar su estilo de vida.

“Toda la comida que hacemos aquí comienza desde la semilla, no es como que abres una lata y un paquete, lo mezclas y en cinco minutos ya está y lleva poquito tiempo, eso es algo que de repente extraño, sobre todo cuando estoy cansado y tengo mucha hambre”, agregó Stevan.

Por ejemplo, dice Lucía, un minisplit no vendría nada mal durante el verano, con más de 40 grados Celsius de temperatura ambiente, pero lo resuelve metiéndose a la acequia con su hijo, Samuel, y sentándose luego debajo de un árbol de mezquite.

Ambos, aunque califican su proyecto como personal, dicen que sí buscan dejar un impacto pero lo comparten sólo con quien se interesa. Pero también quieren ayudar en el cuidado de la Tierra.

“Ya le hemos dado ‘clic’ muchas veces a ese botón y la montaña y el mar y el río ya están bastante degradados y pienso que, si yo trato de tomar esa responsabilidad y pues de que se degraden ellos mejor me degrado un poquito más yo”, dice Stevan.

El anhelo de Lucía, ahora que es madre, es inculcarle a Samuel, su hijo, los valores de amor y respeto hacia la naturaleza y hacia el planeta.

“Cómo él decida vivir”, concluyó, “simplemente con que tenga el valor de respetar el ecosistema en que vive”.

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