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Sonora

Mujeres atadas a un destino violento

A diario 137 mujeres son asesinadas en el mundo y miles sufren por acoso, abuso, violación y feminicidios. Es un fenómeno que parece imparable, pero es urgente detener.

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Por Eliana Alvarado

A diario 137 mujeres son asesinadas en el mundo y miles sufren por acoso, abuso, violación y feminicidios.(Pixabay)

A diario 137 mujeres son asesinadas en el mundo y miles sufren por acoso, abuso, violación y feminicidios. | Pixabay

Atan, sujetan y oprimen. Son golpes, pero también son gritos, burlas, descalificativos, insinuaciones sexuales. Sometimiento, imposición. Eslabones entrelazados que forman un perfecto sistema de cadenas capaz de sobrevivir por siglos.

Romperlo no es fácil: Hay décadas de historia de lucha detrás de cada logro. A veces, hay años de maltrato y abuso antes de que se desaten las cadenas de la violencia.

"Cuando él llegaba, era miedo, era un pánico, no sabía si yo iba a salir bien, o si mis hijos iban a salir bien", dice "Julia", todavía con la voz entrecortada. Y continúa: "Cuando sabía que ya iba a llegar, yo ya empezaba a temblar, ya quería llorar. Era una angustia querer salir de mi casa".

Tiene 50 años. Hace tiempo que dejó a su ex pareja, pero antes de dar ese paso aguantó 19 años de insultos, de golpes, de no tener comida para ella ni para sus hijos. "Reaccioné tarde, pero reaccioné", sostiene.

El camino es largo. Pero con 137 mujeres asesinadas a diario en todo el mundo por alguien de su familia, según la ONU, el reclamo de acabar con la violencia hacia las mujeres parece más urgente que nunca.

En 2017, el movimiento #MeToo que inició en Estados Unidos cobijó a las mexicanas para denunciar públicamente que habían sido víctimas de acoso o violación. Hace unos meses pintaron en la base del Ángel de la Independencia la emblemática leyenda de su lucha: Ni una más.

Muchas mujeres han tomado conciencia de que esta situación no puede seguir, que no podemos seguir calladas porque lo que estamos haciendo al callarnos es seguir expuestas a que esta violencia continúe e incluso se vuelva peor", apunta Lucía Melgar Palacios, investigadora del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

UN PAÍS FEMINICIDA

La mayoría eran jóvenes, pero en los registros también hay niñas, adultas e incluso ancianas. Eran desaparecidas, violadas, asesinadas y posteriormente abandonadas en espacios públicos: Calles, parques, arroyos, cerros, lugares despoblados.

Se habla de 100, de 500, de 700, no hay una sola cifra oficial de los feminicidios de Ciudad Juárez de la última década del siglo pasado. Pero la saña con que se cometieron y especialmente la impunidad convirtieron a ese municipio en el más peligroso en México para ser mujer.

Hoy, ya no es sólo Ciudad Juárez. Veracruz, Estado de México y Sinaloa fueron en los últimos tres años los estados con más feminicidios registrados.

Las cifras no paran de crecer y reflejan parte de una realidad: Entre feminicidios y homicidios dolosos, el Sistema Nacional de Seguridad Pública contabilizó tres mil 795 mujeres víctimas de asesinato en 2019. O dicho de otra manera, diez mujeres asesinadas cada día.

HAY UN ORIGEN

Los números ayudan a entender la dimensión del fenómeno, pero no explican las razones. No se sabe en qué momento surgió la violencia hacia las mujeres ni cuándo permeó en todos los ámbitos. Pero un posible origen está en la división sexual del trabajo: el hombre como proveedor, la mujer en la crianza.

Gilda Salazar Antúnez es académica en el Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) y pionera en los estudios de género y el feminismo. Señala que este argumento pareciera simple, pero encierra un fenómeno complejo que explica la situación actual.

¿Qué es lo que, diría de manera muy breve, nos ha llevado a enfrentar estos niveles de violencia que hoy conocemos? Pues las inequidades, es decir, una sociedad que es inequitativa, una sociedad que hace repartición de las herramientas de vida, no sólo en concreto del trabajo, sino de la formación de las herramientas de vida, a hombres y mujeres", considera.

"Julia" empezó a trabajar muy joven por necesidad, pero dejó de hacerlo cuando se unió a su ex pareja. Él prefería que ella se quedara con sus hijos y que fuera económicamente dependiente, aun si eso significaba que no tuvieran para comer. Y al mínimo reclamo, venían los golpes.

"Él se justificaba diciéndome que yo tenía la culpa. Y yo lo creía así, que era cierto. Porque te hacen creer que sí eres tú la que está mal", recuerda.

PARA SOMETER

En el mundo, la ONU estima que una de cada tres mujeres ha sufrido violencia de género. No hay ningún país, señala la institución, que haya alcanzado la igualdad de género.

Existe en la sociedad una idea arraigada de que el hombre es superior y tiene poder de dominación, dice la investigadora Lucía Melgar. Esta creencia tiene relación directa con el maltrato del hombre hacia la mujer: si él no la considera su igual, entonces pensará que poder sobre ella.

"Por eso se habla a veces de masculinidades tóxicas", añade, "es decir, estamos hablando de una socialización en una masculinidad asociada con la dominación y la violencia y no con el diálogo, la igualdad, la cooperación, la solidaridad, etcétera".

EDUCAR Y REEDUCAR

Si en los últimos años las mujeres salieron a las calles para exigir un alto a la violencia, 2020 será una continuación y al mismo tiempo un parteaguas en esta lucha histórica, coinciden las investigadoras.

Gilda Salazar expone que el feminismo ha tomado formas diversas y "no es un movimiento de masas ni de mayorías", pero que las expresiones de hartazgo que se han manifestado son reflejo de una época.

"Puede ser que yo no me identifique con las máscaras y esas cosas, pero dicho sea de paso, a mí me emociona, porque es una nueva expresión de las generaciones jóvenes".

¿Es posible una sociedad en la que no se maltrate a las mujeres por el hecho de serlo? Salazar Antúnez afirma que sí, pero con un aspecto fundamental: Educar para el cambio de conciencia.

"La clave es la reeducación de las actuales generaciones, de las más viejas, y educación de las generaciones que vienen. Desarraigarlo requiere de altos índices de conciencia", opina.

Lucía Melgar expresa que este cambio es de largo plazo "pero hay que empezar ya". Y resalta que debe ir acompañado de un alto a la impunidad.

Sostiene: "Si seguimos reproduciendo la impunidad, el mensaje sigue siendo ‘no importa si te violan, no importa si te acosan, no importa si te matan, no importa si te desaparecen, el Estado no se preocupa por eso".

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