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Sonora

El macho no nace, se hace...

No hay nada que indique que biológicamente el hombre "está hecho" para ciertas cosas, es la educación que recibe la que define su comportamiento.

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Por Sara Bojórquez

El macho no nace, se hace...(Pixabay)

El macho no nace, se hace... | Pixabay

La palabra machismo no está en su vocabulario, es más, le resulta difícil de definir por una simple razón: “El machismo no sirve para nada”, una corta y sencilla frase que toma otro valor cuando quien la dice es precisamente un hombre mientras bolillea unas tortillas de harina, de las grandes.

Los hermanos Luis Armando y Ángel Valenzuela Salas, de 35 y 26 años, respectivamente, coinciden en que la educación que les brindaron sus padres en su natal Nácori Chico fue la clave para que ellos no hagan diferencia ni en su casa ni en el trabajo, pues simplemente no existen las labores del hogar “para él” y “para ella”. Hombres y mujeres merecen el mismo respeto y tienen el mismo valor.

No sabría explicar lo del machismo, yo nunca he sido machista… no entiendo cómo pueda ser el machismo ni su razón de ser”, sostiene Luis Armando, quien desde los 9 años empezó su aprendizaje de todo tipo de labores, desde el rudo trabajo en el rancho hasta los quehaceres domésticos.

Por eso para ellos ver un letrero que ofertaba empleo para quien supiera hacer tortillas representó una oportunidad de trabajo. “Llegamos, vimos este trabajo... hablamos con la señora y nos dijo: ‘Cálense’ (prueben)... y pues nos ‘calamos’ y ya, parece que le gustó”, relata.

El que dos hombres trabajen haciendo tortillas “sobaqueras” en un puesto de burros no debería ser algo extraño ni motivo de admiración, pero lo es y eso se debe a que los roles de género son muy rígidos, pero también su historia coincide con las teorías de muchos expertos: El machismo no está en los genes.

La sicoterapeuta Marina Castañeda Gutman indica que incluso desde el nacimiento empiezan las diferencias entre los niños y niñas.

El machismo es algo que se aprende, no es algo que tenga un origen genético”, afirma la autora de los libros “El machismo invisible” y “El machismo ilustrado”.

Esto lo sabemos porque hay países del mundo donde hay menos machismo y hay países donde hay más machismo y esto se debe evidentemente a la cultura y a la educación que se les da a niños y niñas”, asevera.

Y así poco a poco se asignan en automático los roles para niños y para niñas. Agrega que desde los juegos, el derecho que se les da a ellos a enojarse y reclamar si no obtienen algo cuando quieren, mientras que a ellas se les inculca la importancia de ser tranquilas, conciliadoras y pacientes: “Se cumplen más los deseos de los niños, incluso de los bebés, que de las niñas”.

POR TODOS LADOS
Pareciera que el mundo conspira porque todas las piezas se acomodan; hasta la televisión expone unos roles muy definidos: Las mujeres se dedican al hogar, a la crianza de los hijos, al cuidado de la casa, del esposo.

Es una división del trabajo según roles de género muy rígidos: La trampa de esto es que estos roles de género en una sociedad machista se consideran como innatos, como dados biológicamente siendo que no es así”, destaca Castañeda Gutman.

Con ella coinciden los autores del libro “Cómo criar hijxs no machistas”, Liora Gomel, comunicóloga y educadora, y Ariel Dorfman, una pareja de argentinos que también son activistas.

Nos dimos cuenta que en uno de los lugares donde más se puede visibilizar la discriminación es el machismo”, expone Ariel Dorfman, director general de la fundación “Encontrarse en la diversidad”.

El espíritu de su libro, señala Liora, es compartir el recorrido que han vivido en la crianza de sus cuatro hijos, con todos los cuestionamientos que ello implica.

Su principal recomendación es quizá la más sencilla, como educar con el ejemplo: En casa hay repartición de las labores de manera equitativa, un principio para ellos básico que parte de que ambos tienen la misma capacidad.

Y CUANDO ES INVISIBLE

Para Marina Castañeda Gutman hay un tipo de machismo que también es muy peligroso: El invisible.

Cuando se piensa en machismo se viene a la mente la imagen de la forma más evidente, fragrante y violenta: Hombres que golpean, violan o matan a una mujer, y se dejan de lado todas esas reglas no escritas que rigen las relaciones.

Una de las principales características de este tipo de machismo es la transferencia de la responsabilidad de hombres a mujeres. El ejemplo más claro es cuando el hombre enferma y es ella quien lo acompaña a las consultas, a los análisis y se encarga de seguir al pie de la letra todas las indicaciones médicas.

Como por arte de magia vemos que un problema que era originalmente del hombre se ha vuelto un problema para la mujer”, asevera Castañeda Gutman.

“Es casi como una ley en una sociedad machista y es algo que no consideramos como machismo porque se ve natural que la mujer cuide al hombre: Están casados y tienen el deber de ayudarse mutuamente, lo que está faltando en esta película es el mutuamente”.

Otro punto que destacan, y en el que coinciden los tres entrevistados, es que el machismo lo sufren no sólo las mujeres.

“El machismo tiene que ver básicamente con una configuración de poder y todos los que no entran dentro de esos parámetros, no importa si eres varón o mujer”, explica Dorfman, “es esa práctica de poder donde algunos valen más y otros menos”.

¿HAY ESPERANZA?

Y si el machismo es algo que se aprende, entonces, ¿esto puede cambiar?, ¿se habla de un despertar feminista?

Para Ariel Dorfman no hay que temer a usar la palabra feminista, entendida como encaminada a la igualdad.

“Me parece que sí es una conciencia donde creemos que se están haciendo como ciertos vínculos de desigualdad de discriminación, de género que nuestras abuelas no podían ver, que nuestras hijas nacen con una conciencia distinta”, apunta.

Lo más interesante, añade, es que padres, madres y tutores empiezan a buscar maneras de concretar una crianza igualitaria.

Mariana Castañeda Gutman también está convencida de que puede haber un cambio.

“Sí hay esperanza porque vemos en otros países que las cosas han cambiado y han cambiado rápidamente, en 50 años o menos, 30 años, ha cambiado la relación entre hombres y mujeres”, señala.

Aunque en México se pierde de vista que si bien es cierto que la situación de la mujer en algunos ámbitos ha mejorado muchísimo en los últimos 20 años, hay algo que todavía no cambia: Ellos.

“La joven mexicana de 20 años ya es de otra especie, o sea, quiere estudiar, quiere trabajar, es emprendedora, hace deportes, es independiente, se mueve solita, aspira a tener una profesión o a trabajar en algo propio”, sostiene, “mientras que el chavo de 20 años sigue siendo el mismo de antes, espera que las cosas se hagan por él”.

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