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Sonora

A sus 100 años, nada le borra el recuerdo de su gran amor

Rosalía agradece llevar grabada en la memoria su vida al lado del hombre de sus sueños.  

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Por Jesús Palomares

Doña Rosalía sostiene el retrato de quien es su amor eterno, don Marcelino.(Jesús Palomares)

Doña Rosalía sostiene el retrato de quien es su amor eterno, don Marcelino. | Jesús Palomares

NAVOJOA.- En 100 años de vida, el recuerdo más preciado de Rosalía Estrella Ontiveros es el del amor de su vida, Marcelino. 


Sentada en una silla de ruedas Rosalía se acomoda su pañoleta en la cabeza, contenta  por llegar a un centenar de años. De pronto, a sus ojos se asoman las lágrimas que más tarde corren por sus mejillas al tiempo que toma entre sus manos el retrato de quien fue su esposo y que falleció en el 2011.


Mi viejito murió a los 101 años, ese día que los cumplió... él me dijo que se quería morir en mis brazos”, relató, “pero yo le dije que no, que se iba a morir cuando Dios quisiera”.

Ese día, rememora, después de darle agua, su esposo se quedó dormido en sus brazos para siempre. 


Y aunque han pasado nueve años de la partida de su compañero, Rosalía expresa que aún lo ama como el día en que lo conoció.

“Todavía lo quiero porque fue muy bueno conmigo, aunque a veces me hacía enojar porque se iba a los bailes como un joven. Era muy bueno para chiflar”, comentó.


LEGADO DE AMOR 


Del amor entre “Mamáia” y “Papáino” -como de cariño les dicen sus allegados- nacieron 10 hijos, 24 nietos, 64 bisnietos y 14 tataranietos, a quienes no pudo ver en su aniversario por la contingencia sanitaria.


“Me fui con él... no tenía valor de decir que me quería casar porque me iban a regañar, tenía 16 años yo”, cuenta Rosalía de principio de su historia de amor.


La centenaria comparte también que a los 12 años de edad empezó a trabajar en los quehaceres domésticos, pero aprendió además medicina tradicional y fue curandera. 


“Desde que se enfermó mi mamá me echaron a la cocina y a la friega de todo: Lavaba, planchaba, hacía comida para cinco hombres y hacía lonche para medio día”, expresa,

“curaba... se lastimaban e iban a que los sobara de la tripa; a las mujeres les componía la matriz”.


Además, revela, conoció a los generales Álvaro Obregón  y Fausto Topete, pues uno de sus tíos participó en la Revolución Mexicana.

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