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Buscan mujeres cumplir su promesa

Madres, hijas y esposas que pertenecen a las Rastreadoras de El Fuerte no ceden en su objetivo de encontrar a sus desaparecidos.

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Por Guadalupe Gutierrez

Una madre llora al tocar la foto de su hijo desaparecido, la cual se encuentra junto a otras imágenes en la oficina de las Rastreadoras en Los Mochis.(Eleazar Escobar)

Una madre llora al tocar la foto de su hijo desaparecido, la cual se encuentra junto a otras imágenes en la oficina de las Rastreadoras en Los Mochis. | Eleazar Escobar

Tercera y última parte

LOS MOCHIS, Sinaloa.- Quienes las conocen no saben de dónde sacan tanto valor y fortaleza, sus tragedias personales no las sumen en el desánimo ni la desesperanza, sino que empuñando las únicas armas que tienen, palas, picos, azadones, es como las Rastreadoras de El Fuerte se adentran en los montes en busca de lo que más desean hallar: Sus familiares desaparecidos.

Sin importar el quemante Sol, las punzantes ramas de los árboles, los animales, y especialmente el peligro que corren al andar en sitios de riesgo, el grupo de madres, esposas, hijas y hermanas acuden cuatro días a la semana a lugares desiertos a buscar desaparecidos de la región del Norte de Sinaloa.

Esos desaparecidos que las autoridades no han podido o no les ha interesado buscar.

Hasta la fecha, este colectivo ha encontrado a 220 restos de los cuales 150 ya se han entregado a sus familias para que les den cristiana sepultura.

Pero muchas de ellas no ha tenido esa fortuna de hallar a los suyos, sin embargo, siguen buscando, no desfallecen, es una promesa que se han hecho a ellas mismas y aseguran que no pararán hasta encontrar a sus preciados "tesoros".

El sociólogo Felipe Mora Arellano, académico de la Universidad de Sonora, explica que el hecho de que sean las mujeres las que realicen este riesgoso trabajo de buscar a sus seres queridos, se basa en gran parte por ese fuerte vínculo que existe entre la madre y los hijos.

"Son las mujeres las que procrean, las que desarrollan la socialización, están más apegadas a ellos, están más cerca a la respuesta que las promueve, que las motiva a esa búsqueda.

"No quiere decir que los padres no tengan un gran afecto por sus hijos, sienten un profundo dolor, pero por la división social del trabajo los hombres están empleados y si es una familia tradicional, el hombre tiene el compromiso de ir a trabajar", explica.



Un doble dolor

Reyna Isabel Rodríguez Peñuelas pertenece a las Rastreadoras, ella busca a su hijo Eduardo González Rodríguez y a su nuera Zumiko Lizbeth Félix Ortega, quienes desaparecieron el 9 de febrero del 2016 en la población Juan José Ríos, Sinaloa.

"Supuestamente dicen que los iban siguiendo desde aquí las patrullas, y que ellos se metieron en Juan José Ríos y de ahí estuvo hablando (su hijo), se estuvo comunicando pero llegó en un momento en que ya no se comunicó y ya no supimos nada.

"Él, de hecho, ya no vivía aquí porque estaba amenazado por un comandante, entonces él se fue a vivir a Guasave", comenta.

Reyna Isabel señala que en lugar de recibir apoyo de las autoridades para tratar de hallar a su hijo, quien tenía 21 años de edad cuando desapareció, estas la criminalizaban a ella y mejor optó por ya no comunicarse más.

"Me atacaban a mí, (le decían) ‘usted sabe, usted sabe, no se haga, a qué se dedicaba su hijo, en qué andaba su hijo’", recuerda que la acosaban.

Sin poder contener el llanto, comenta que cuando recién desapareció, todos los días se asomaba al bote de la basura o salía al patio a ver si habían abandonado el cuerpo.

"Hasta la fecha, yo cuando voy a búsqueda le grito y le digo, platico, le voy platicando y le digo ‘dime mi gordo si estás aquí’", expresa.

En su hogar ella tiene fotos de su hijo y de su nuera unidas por un rosario; a pesar de su dolor, ella no busca justicia, sólo quiere hallar el cuerpo y que su hijo de una vez por todas descanse en paz.

 

"Mamá, deme su bendición"

El caso de Carmen Alicia Rosas es diferente, pues su hijo Édgar José Gil desapareció en junio del año pasado y fue encontrado el 8 de marzo de este año.

"Eddi", como le decían, era un amoroso hijo quien no salía de casa hasta pedirle la bendición a su madre.

"Él fue a la casa, se bañó, se despidió; siempre se despedía, me decía: Mamá deme su bendición", recuerda mientras las lágrimas ahogan su voz.

"Me dijo, ‘mamá nunca olvide que yo la quiero mucho‘, eran las palabras preferidas de él, y que yo las conservo".

Carmen Alicia indica que su hijo desapareció el 13 de junio del 2018 y nadie supo cómo pasó, nadie pudo darle alguna explicación, un motivo, sino que fue como si se lo hubiera tragado la tierra.

Luego de meses de angustia que la llevó a padecer una fuerte depresión, el 8 de mayo, tras los resultados de una prueba de ADN, le entregaron los restos de su hijo los cuales ya hacía dos meses estaban en una funeraria local.

"Llego a la oficina de la funeraria, lo agarro (el cuerpo) y me lo querían quitar, pero yo no quería, batallaron mucho para quitármelo porque yo le decía que era mío; todo fue muy triste, todos se pusieron mal porque yo no lo quería soltar", platica mientras llora al recordar ese doloroso momento.

Finalmente, recuerda, a "Eddie" se le hizo un funeral y se le ofició un triduo de misas, lo cual fue reconfortante para la familia debido a la gran cantidad de parientes que acudieron a rezar por el alma de su hijo y a mostrar su solidaridad.

Ahora ella sabe que tiene atravesar por una nueva etapa que es el duelo, pero al menos, esa dolorosa incertidumbre ha terminado.



Se lo arrebatan

Herlinda Gutiérrez, de 28 años de edad, aún recuerda el día en el que cuatro individuos se metieron al interior de su hogar y sacaron a la fuerza a su esposo, Carlos Evencio Elizalde.

Aunque ella luchó con todas sus fuerzas por sujetarlo, le fue imposible pues eran cuatro hombres contra ella.

Eso sucedió el 31 de mayo del 2018, apenas a tres días de que Carlos Evencio cumpliera los 30 años de edad y hasta la fecha no han sabido nada de él.

"Desde ese día no sabemos nada de él, lo hemos buscado pero nada", explica la joven mientras las lágrimas sofocan su voz.

Herlinda ahora trabaja para mantener a las tres hijas de la pareja, quienes quedaron en desamparo, pues el proveedor y jefe de la familia no ha regresado desde ese día al hogar.

Florencia Hernández, madre de Carlos Evencio, también sufre por la incertidumbre del paradero de su hijo.

"Pues mi esposo cada rato pregunta y pregunta (a las autoridades) qué se sabe de él, no nos dicen nada, sólo que en los cuerpos que hayan no ha salido (en la prueba de ADN) la sangre de nosotros.

"Yo no duermo, puro pensando si vivirá o no vivirá, pero yo sí tengo esperanzas (de encontrarlo vivo), las esperanzas no se me acaban", asegura.

Sin embargo, tanto Herlinda como Florencia se integraron a las Rastreadoras para tratar de localizar a Carlos Evencio.

Por más duro que sea, ellas necesitan saber qué pasó con su familiar; ya sea vivo o muerto, esperan algún día encontrarlo y cerrar de una vez por todas este amargo capítulo de sus vidas por el que atraviesan.

 

"Quisiera hacer más"

Éricka Acosta es sicóloga, abogada y voluntaria en el grupo de las Rastreadoras.

Aunque ella no tiene un familiar directo desaparecido, señala que unos parientes políticos fueron raptados en 2013 y ya no se supo de ellos.

En tres años que Éricka lleva en el grupo de las Rastreadoras, ha aprendido a convivir con el dolor de estas mujeres, a escucharlas, comprenderlas y animarlas para que puedan seguir adelante con sus vidas.

"Definitivamente, uno quisiera hacer más... el sufrimiento, la angustia, la vida les cambia a ellas completamente, ya no son nada de lo que pudieran haber sido antes de que sus hijos desparecieran", lamenta.

Dentro de este ambiente, sin embargo, ella ve un lado positivo en las Rastreadoras y es la solidaridad que muestran unas con otras, pues quién mejor que otra mujer que pase por la misma situación para comprenderse y consolarse mutuamente.

"Hay unión, aun como todas las familias hay de todo, pero creo que el enlace principal es el dolor, el ver a las personas adultas que sacan fuerzas yo no sé de dónde", expone.

Acosta González indica que es impresionante la cantidad de desaparecidos que hay en la región y lamenta que el Gobierno no haga lo necesario para combatir el crimen y prevenir los estragos que está causando esto en la sociedad.

¿Qué hace falta hacer para que paren las desapariciones?, se le pregunta.

"Principalmente los valores de casa, creo, la supervisión de los padres hacia sus hijos, más pláticas en las escuelas, más atención a los niños, tenemos un Estado donde es impresionante ver lo que los niños quieren ser en un futuro... hacen falta más programas pero creo que el que tú en tu casa pongas cimientos de ahí dependen muchas cosas", opinó.

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