Hermosillo Guillermo Gastélum tiene la misión de "dar vida" a quienes fallecieron con su trabajo de embalsamador.

Prepara a difuntos para su último viaje

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Por Jorge López

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Durante más de 35 años, Guillermo Gastélum Valenzuela les "ha dado un poco de vida" a las personas que fallecen con su técnica de embalsamado que realiza diariamente en una funeraria de Hermosillo, profesión que hoy en día es muy común, pero no deja de ser un tabú.

Desde joven, Guillermo se mudó de su natal Sinaloa a Sonora, para trabajar en los campos agrícolas, donde conoció a don Genaro Garzón, fundador de la Funeraria San Francisco, una de las más concurridas en la ciudad.

El empresario lo invitó a trabajar con él en la funeraria, ya que ambos eran originarios del mismo Estado y eso le ayudó a impulsar su carrera en el ámbito forense.

"Aquí en la funeraria teníamos la medicina forense y andábamos recogiendo cuerpos en la carretera, teníamos todo lo del departamento forense, entonces poco a poco se fue acostumbrando uno.

"Muchos amigos míos, en reuniones así como que se asustan cuando saben a qué me dedico", dijo, "pero ya se acostumbraron también, antes no había muchos embalsamadores y lo veían a uno como raro, porque embalsamaba cuerpos".

Un curso intensivo de 6 meses que tomó en Tucson, Arizona, fue la base de la experiencia que Guillermo ha adquirido por más de tres décadas y que han forjado su perspectiva del significado de la muerte.

"A la muerte yo la veo como una cosa muy natural, sabe uno que nace y no sabe cuándo va a morir, pero yo lo veo normal. Antes de trabajar en esto sí era diferente, nunca me imaginé que yo iba a embalsamar muertos", señaló.

Aunque no realizó el trabajo de embalsamado, sí le tocó participar en el funeral de Luis Donaldo Colosio, uno de los personajes más emblemáticos que recuerda, pero cada uno de los trabajos que realiza, resaltó, son hechos con respeto y profesionalismo, sin importar la persona.

DISFRUTA SU TRABAJO

Guillermo es padre de cuatro hijos y tres de ellos cuentan con una profesión distinta a la suya, pero su hija menor, de 13 años de edad, quiere estudiar medicina forense, lo que llena de orgullo y satisfacción.

"Yo disfruto mucho mi trabajo, no lo veo tan diferente como otros trabajos, y pareciera extraño, pero mucha gente me felicita por lo que hago, mis amigos me dicen: ‘Oye, ahí te encargo. Cuando llegue yo, déjame muy guapo’.

"Lo que pasa es que yo también los maquillo, los rasuro, los arreglo, les corto el pelo y tratamos de dejar los cuerpos que se vean lo más presentable posible", expresó, "para que sus familiares los recuerden como realmente eran".
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