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Hermosillo

Muestra "El Pantera" que nunca es tarde para hacer el bien

Tras pagar por sus errores en prisión, cuenta su historia para ayudar a otros.

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Por Tanya Vásquez

"El Pantera" lleva en su piel las marcas de cuando era pandillero.(Julián Ortega)

"El Pantera" lleva en su piel las marcas de cuando era pandillero. | Julián Ortega

HERMOSILLO, Sonora.- En su piel lleva el estigma de su pasado, los múltiples tatuajes en brazos, torso, cuello y rostro, hacen notar que Lorenzo Soto, mejor conocido como "El Pantera", fue un pandillero.

Desde niño en su natal Ciudad Juárez lo único que veía eran drogas, mafia y una falta de amor familiar, con tan solo 11 años comenzó a inyectarse heroína, pasar a Estados Unidos e involucrarse con la "Mara 18".

Su apodo lo obtuvo dentro de la pandilla, vestía de negro con una trenza en punta de la cabeza y le gustaba oler sangre, la sangre de sus víctimas. Y aunque ese "Pantera" ya está en el pasado, el apodo aún lo conserva.

"En los pleitos siempre me gustaba oler la sangre de las víctimas o a veces chuparla y me vestía de negro y siempre estaba rapado y cargaba una trenza acá arriba y estaba pintada de blanco", platicó.

A los 11 años se fue a vivir a Los Ángeles, vivía en las calles, probó todas las drogas y a los 17 cayó en prisión por robo de vehículo, poco más de seis meses duró preso y al salir, su vida siguió igual.

Años después, en la frontera de México asesinó a un hombre que intentó abusar de él, arrojó su cuerpo al río, pero después lo encontraron y dieron con el culpable, a quien sentenciaron por más de 50 años en prisión.

SUFRE EN PRISIÓN

Formar parte de la Mara le dio algunas desventajas en prisión, fue trasladado en más de quince ocasiones a distintos reclusorios, estuvo confinado a una pequeña celda donde un sacerdote acudía a querer salvarlo y a quien terminó asesinando.

Después de abusos físicos de algunos policías y una denuncia, logró negociar su salida, pero dieciséis años en la cárcel no lo hicieron cambiar, fue la voz de una monja que le dijo las palabras que hasta la fecha, no puede escuchar de sus padres "te amo, hijo".

"Nunca tuve el amor de mi papá ni de mi mamá, una vez mi papá me dijo ‘te vas a rascar con tus propias uñas’ y no entendía eso, hasta después, mi madre siempre luchó para darnos todo, pero mi padre siempre estaba en medio dañándola".

Antes de ingresar a prisión dejó a su esposa con una niña, al salir ya había tenido dos hijos más, pero "El Pantera" decidió adoptarlos a ellos dos y otro más, además de procrear otro, sus cinco hijos hoy son profesionistas y lograron lo que él no pudo.

Uno de ellos cuenta la historia de su padre a través de música hip hop, el cómo su madre los abandonó y todo lo que vivió dentro de las pandillas, "El Pantera" también lo hace, cuenta su historia por varios países para prevenir a padres e hijos sobre el abuso de las drogas.

ENDEREZA EL CAMINO

A más de 20 años de dejar la cárcel, "El Pantera" predica la palabra de Dios, pero aún batalla, hay quienes no quieren darle empleo, incluso tuvo que vender dulces para sacar a su familia adelante.

En los aeropuertos a veces no lo dejan pasar por las marcas en la piel, tiene prohibida la entrada a Estados Unidos y El Salvador, por el problema de las pandillas, pero él no se cansa y sigue, sigue con su vida y su mensaje.

"No puedo entrar a Estados Unidos, pero no me hace falta, mi país es muy bonito, aunque por ahora está pasando momentos muy difíciles, también he ido a Brasil, Colombia".

Su plan ahora es construir un albergue para hijos de mujeres prostitutas en Ciudad Juárez, alejarlos de las drogas y también ayudar a personas de la tercera edad que han sido abandonadas.

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