Hermosillo

Lleva vida "de perro"

Miles de perros deambulan por las calles de la ciudad en busca de alimento y un lugar para resguardarse de las inclemencias del clima.

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Por Julián Ortega

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La visita más constante es en un puesto de carne del Mercado Municipal donde observa de pie, se cansa y se sienta a esperar a ver si el carnicero se apiada de él.(Julián Ortega)

La visita más constante es en un puesto de carne del Mercado Municipal donde observa de pie, se cansa y se sienta a esperar a ver si el carnicero se apiada de él. | Julián Ortega

Busca sobre la banqueta de la calle Monterrey algo que haya quedado en un vaso.(Julián Ortega)

Busca sobre la banqueta de la calle Monterrey algo que haya quedado en un vaso. | Julián Ortega

Busca entre el piso restos de comida para poder alimentarse poco a poco.(Julián Ortega)

Busca entre el piso restos de comida para poder alimentarse poco a poco. | Julián Ortega

Cansado de vagar y sin conseguir que alguien le dé agua y comida, se echa sobre un bache con agua sucia para refrescarse antes de continuar su recorrido.(Julián Ortega)

Cansado de vagar y sin conseguir que alguien le dé agua y comida, se echa sobre un bache con agua sucia para refrescarse antes de continuar su recorrido. | Julián Ortega

HERMOSILLO, Sonora.- Miles de perros deambulan por las calles de la ciudad en busca de alimento y un lugar para resguardarse de las inclemencias del clima. Hay lugares como el Mercado Municipal donde los perros callejeros son ya conocidos por todos. No necesariamente tienen un nombre, pero se les puede ver a diario en el lugar.

De color negro y blanco, uno de esos canes recorrió las calles del Centro de la ciudad en busca de agua y alimento.

Es tranquilo, pero muy arisco. Da vueltas una y otra vez alrededor de las carretas de hot dogs y taquerías. Llega con la mirada triste en espera de que alguien se apiade de él y le brinde un trozo de alimento.

Su momento más triste quizá es cuando se detiene frente al carnicero en el mercado, quien con destreza realiza los cortes de la res y los acomoda en charola.

Nadie lo voltea a ver. No le queda más que tirarse sobre un charco de agua sucia que está sobre la calle Guerrero. Se acuesta un momento, se refresca y toma agua, para después de unos minutos reiniciar su recorrido en busca de alimento y un poco de cariño.

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