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Hermosillo

Hacen un alto en su camino en busca del “sueño americano”

Por la calle Salamanca final, a un costado de las vías del tren, descansan un momento mientras el padre Gilberto Lezama les brinda alimento.
 

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Por Julián Ortega

Con gorra y paliacate se protegen de los rayos del Sol.(Julián Ortega)

Con gorra y paliacate se protegen de los rayos del Sol. | Julián Ortega

HERMOSILLO, Sonora.- Varias son las personas que a diario se observan a la orilla de las vías del tren, en espera de que alguien llegue para ofrecerles trabajo, comida o cualquier tipo de ayuda, en la calle Salamanca final muy cerca del ejido la Victoria.


Son personas que viajan de un punto a otro en busca de mejores condiciones de vida, unos llegan a la capital para buscar trabajo en la Costa de Hermosillo y otros simplemente hacen paradas de pocos días para seguir su camino hacia Mexicali o Nogales, con miras a intentar llegar a los Estados Unidos.


COMEDOR CERRADO
El padre Gilberto Lezama todos los días les lleva los alimentos, muy cerca de las vías del tren, ya que el albergue para migrantes lo mantiene cerrado por la pandemia del Covid-19, pero aún así no desampara a los más necesitados.


“Ahorita por cuestión del Covid-19 no estamos atendiendo en el comedor por cuestión de la sana distancia y (que debes) quedarte en casa, pero les traemos alimentos diario, gracias al apoyo de empresarios y ciudadanos en general, que apoyan nuestro comedor lo que nos ha logrado mantener ese nivel de ayuda para las personas que lo necesitan”, expone el padre Gilberto Lezama.


“Yo quiero ir a Mexicali, después para brincar al otro lado y trabajar allá, estuve trabajando en los campos de la Costa de Hermosillo en la cosecha de la calabaza, sandía”, comenta Abraham Sarago.


“Ganaba mil 400 pesos semanales pero me quedaban 200 o 300 pesos libres después de pagar la comida diaria y la renta de donde nos quedábamos a vivir y pues así no se puede salir adelante, es por eso que estoy esperando el tren”, señala el joven de 21 años, quien desde los 6 años empezó a trabajar con su padre en el estado de Chiapas.


Con rostros desencajados por el cansancio y el hambre, desde muy temprano los migrantes hacen fila en espera de que alguien llegue con comida y agua, mientras se guarecen en las banquetas y pequeños árboles del lugar, en lo que se deciden si seguirán en descanso o subirán cuando pase el tren para seguir su camino.
A pesar de los riesgos de contagio por Covid-19, los migrantes reciben apoyo alimentario en este punto.
 

Se sientan 'en hilerita', por la calle Salamanca final.
Con gorra y paliacate se protegen de los rayos del Sol.


En ocasiones el cansancio los vence y duermen por momentos, sentados en la banqueta.
A un costado de las vías del tren, entre la colonia Las Amapolas y el ejido la Victoria, los migrantes hacen una escala en su camino.


Expuestos a temperaturas extremas y cansancio, así viajan los migrantes quienes llegan a la capital y hacen un alto en el camino.El rostro de los migrantes cambia por completo en cuanto reciben pan suficiente, plátanos, agua y sopa además de un platillo.

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