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Hermosillo

Don Rosendo es el “encantador de pichones”

Las aves esperan su llegada en lo alto de los edificios de la calle Serdán y en cuanto lo ven bajan veloces para recibirlo en un lote baldío, donde atiende a la primera parvada.

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Por Julián Ortega

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Las aves esperan su llegada en lo alto de los edificios de la calle Serdán y en cuanto lo ven bajan veloces para recibirlo en un lote baldío, donde atiende a la primera parvada.

Las aves esperan su llegada en lo alto de los edificios de la calle Serdán y en cuanto lo ven bajan veloces para recibirlo en un lote baldío, donde atiende a la primera parvada.

Las aves esperan su llegada en lo alto de los edificios de la calle Serdán y en cuanto lo ven bajan veloces para recibirlo en un lote baldío, donde atiende a la primera parvada.

Las aves esperan su llegada en lo alto de los edificios de la calle Serdán y en cuanto lo ven bajan veloces para recibirlo en un lote baldío, donde atiende a la primera parvada.

Las aves esperan su llegada en lo alto de los edificios de la calle Serdán y en cuanto lo ven bajan veloces para recibirlo en un lote baldío, donde atiende a la primera parvada.

Las aves esperan su llegada en lo alto de los edificios de la calle Serdán y en cuanto lo ven bajan veloces para recibirlo en un lote baldío, donde atiende a la primera parvada.

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Las aves esperan su llegada en lo alto de los edificios de la calle Serdán y en cuanto lo ven bajan veloces para recibirlo en un lote baldío, donde atiende a la primera parvada.

Las aves esperan su llegada en lo alto de los edificios de la calle Serdán y en cuanto lo ven bajan veloces para recibirlo en un lote baldío, donde atiende a la primera parvada.

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Las aves esperan su llegada en lo alto de los edificios de la calle Serdán y en cuanto lo ven bajan veloces para recibirlo en un lote baldío, donde atiende a la primera parvada.

Las aves esperan su llegada en lo alto de los edificios de la calle Serdán y en cuanto lo ven bajan veloces para recibirlo en un lote baldío, donde atiende a la primera parvada.

HERMOSILLO.-Puntual, todos los días, así llueva, truene o relampaguee don Rosendo Mayoral llega a las 15:30 horas al Centro de la ciudad, porque tiene una cita muy especial: Decenas de pichones saben que él estará ahí para darles de comer.

Las aves esperan su llegada en lo alto de los edificios de la calle Serdán y en cuanto lo ven bajan veloces para recibirlo en un lote baldío, donde atiende a la primera parvada.

“Yo disfruto todos los días darle alimento a estas aves, me siento tranquilo, relajado y me sirve como ejercicio diario recorrer varias banquetas donde voy arrojando trigo y arroz para que se alimenten, pero estos días el ruido de las máquinas los ahuyenta y no han llegado tantas como otros días”, comenta don Rosendo.

Carga dos bolsas en sus hombros y va religiosamente todos los días a una frutería para abastecerse con 5 kilos de alimento: Arroz para las aves pequeñas y trigo para los adultos. 

UNO MUY ESPECIAL

Pero lo que hace aún más especial cada tarde es la llegada de un pequeño pichón que tiene una malformación en su pata derecha y el pico quebrado, por lo que él no puede comer granos, a él le lleva migas de pan y tortillas partiditas. 

“Hace dos años, llegué al Mercado Municipal a tomar café y después me senté en el andador, vi que se acercó un pichón con una malformación en su pata derecha y con el pico chueco por lo que no podía comer”, relata.

“Le empecé a hacer bolitas de pan y de tortillas para que pudiera alimentarse, así es como comía porque los demás pichones no lo dejaban y es el que más se acerca a mí, así empezó esta historia”, cuenta mientras muele entre sus manos los pedazos de tortillas que lleva.

A sus 68 años de edad ni siquiera la pandemia de Covid-19 lo detuvo, porque no faltó un solo día a su cita con las aves.

“Todo esto estaba bien solo y con más razón venía para darles comida porque en parte ellos se alimentaban de los restos de (comida) de los restaurantes, de los pedazos de pan que tiraban a la calle a los contenedores, de los pedazos de tortillas de los taqueros”, relata, “yo nunca abandoné a mis animalitos”.

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