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Hermosillo

Don Manuel tuvo que dejar su "hogar"; vivió medio siglo en el Estadio Héctor Espino

En la casa ubicada atrás del Jardín Central del Estadio Héctor Espino, vio crecer a sus siete hijos y las paredes están llenas de sus recuerdos en familia. 

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Por MIRNA LUCÍA ROBLES

Don Manuel Quijada vivió medio siglo en el Estadio Héctor Espino(GH)

Don Manuel Quijada vivió medio siglo en el Estadio Héctor Espino | GH

HERMOSILLO, Sonora.- Durante 50 años, Manuel Quijada Romo y su esposa María de los Reyes vivieron y vieron crecer a sus siete hijos y numerosos nietos dentro de las instalaciones del Estadio Héctor Espino, lugar que fue su hogar y del que guarda los mejores recuerdos.

Don Manuel, de 85 años de edad, fue el primer y último jardinero que tuvo el estadio, su casa estaba atrás del Jardín Central, debajo de la pantalla.

Tras las remodelaciones para habilitar la academia de beisbol, ya no pudo seguir ahí, además de que una tragedia familiar los llevó a dejar el que él llama su “hogar”.

Entré a trabajar aquí en 1968 y salí en 2019. Antes de esto estuve trabajando en el otro lado y fuimos a buscar trabajo en La Sauceda y ahí vimos un cartel, nos avisaron que estaban solicitando”, recuerda, “ya más asentado, nos acoplamos en la casa. Los chamacos brincando, gritando, muy a gusto. Viví muy a gusto aquí todo ese tiempo”.

Esta es la casa donde Don Manuel vivió con su familia por 50 años. Aún está de pie, debajo de la pizarra del Estadio Héctor Espino. Foto de Noviembre del 2016. Cortesía.

 

Muchas amistades

En las cinco décadas que vivió ahí hizo muchas amistades, una de ellas fue Héctor Espino, con quien tenía una muy buena relación y bromeaba, pues considera que tenían en común que ambos nacieron en un pueblo.

Hice muchas amistades con los jugadores viejos”, añade, “Héctor Espino fue el primero, Houston Jiménez, muchos de Sinaloa que ya no hay ni uno. Con todos los jefes, los patrones, hice buenos trabajos. Me querían mucho”.

Don Manuel contó que su sobrenombre "Caguas" fue puesto por Héctor Espino, al acudir a la Serie del Caribe y conoció a un beisbolista, el cual tenía un gran afinidad con él al ser ambos de pueblos pequeños.

Era un beisbolista moreno, que se parecía mucho a mí y no se acordaba cómo se llamaba y puro ‘Caguas’ le decían... y así se me quedó”, relata.

Vida agradable y tranquila

Una vez que el estadio estaba en función le tocó presenciar juegos, su vida fue agradable y tranquila hasta inicios de enero del 2019, cuando su hijo Jaime, quien trabajó desde joven con él, murió de un infarto tras una operación.

Meses después, iniciaría otra batalla, ya que al cortarles el agua y la energía eléctrica, don Manuel tomó la decisión de abandonar su casa dentro del estadio, pues empezarían los trabajos para la construcción de la Academia de Beisbol.

Yo estando allá, ya no dormía”, cuenta con tristeza, “me acordaba de mi hijo, no sabía qué hacer pero cuando me cerraron el agua, estuvimos batallando con el agua para el baño y luego cortaron la luz”.

Sobre la loma de picheo, Don Manuel observa el campo de béisbol abandonado. Foto de Noviembre del 2016. Cortesía.

Una cosa fea y luego ella (su esposa) llorando y le dije ‘¿sabes qué? Vámonos, junten todo, mañana nos vamos’, mi yerno tenía una batanga y empezamos a cargar todo. Entregué la llave y de allá, el Club Naranjeros, ni cuenta se dieron a la hora en que me fui”, expresa.

Vive en una casa de renta en la colonia El Ranchito, donde paga 2 mil pesos de renta mensual con su pensión y el apoyo de sus hijos.

En la vivienda que está atrás del Jardín Central, las paredes aún están las líneas que marcaban el crecimiento de sus hijos.

Si hubiera entrado hubiera llorado. Ahí hay pintas de mis nietos en las paredes, allá donde ponían sus nombres, ‘tata’ y ‘papá’. ¿Tú sabes que es vivir en familia a gusto? Así viví yo, toda mi vida, muy a gusto, sin que nadie me dijera nada”, afirma.

Desde fuera observa el que fue su hogar y en una lona ve cómo será la academia de beisbol. Está contento, ya que la remodelación del espacio era necesaria.

Don Manuel Quijada es originario de San José de Baviácora, en su casa, dentro del Estadio, siempre tenía productos regionales de su pueblo. Foto de Noviembre del 2016. Cortesía.

Se me hace bien que esté así, pero ya que esté listo. Así no se puede saber”, comenta, “estoy seguro que si entro me suelto llorando al ver la casa, yo creo que no hay mal que por bien no venga. El gusto que me da es que lo van a hacer”.

Para don Manuel, esta fue su primera visita desde que dejó el estadio en marzo del 2019. Pudo ver el que fue su hogar, pero no pudo entrar ya que hay material de construcción en el interior.

Le aseguraron que al terminar los trabajos podrá entrar al lugar donde un día estuvo feliz con sus hijos y donde sin duda, conoció a grandes amigos.

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