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Declaran la guerra al plástico

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Por Tanya Vásquez

Declaran la guerra al plástico

Declaran la guerra al plástico

Además de crear conciencia para la reducción de plásticos de un solo uso, Carla Celaya y más de 40 mujeres han empleado a mujeres del Cereso y personal de la Cruz Gálvez en la fabricación de Mi bolsa no es de plástico.

El movimiento inició desde el año pasado coordinado por la nutrióloga Carla Celaya, quien al participar en el programa Mujeres Sonorenses de 100, invitó a más de 40 participantes y realizaron un proyecto para el beneficio del medio ambiente.

Los plásticos de un solo uso como bolsas, popotes y envases desechables forman gran parte de la basura que se desecha y terminan en los océanos. Motivada para tratar de hacer algo al respecto, Carla decidió dejar de utilizar las bolsas de plástico para el supermercado y posteriormente lanzó #MiBolsaNoEsDePlástico.

“Empecé a utilizar telas reutilizables para las compras y poco a poco fui recortando plástico en el negocio, su tiempo de vida es corta y su permanencia en el ambiente es muy larga; por eso hicimos este proyecto que comenzó en noviembre para reducir la huella ambiental”, platicó.

La idea era importar bolsas de tela desde China, pero pudieron recuperar unas telas que fueron donadas por el DIF estatal y se acercaron al Cereso femenil para que fueran fabricadas por las internas.

Con una aportación inicial de más mujeres participantes, lograron el primer tiraje, pero querían que tuviera una identidad y fueron a la Cruz Gálvez donde cuentan con un taller de serigrafía y ahí colocaron el logotipo del movimiento.

A la fecha llevan más de cinco mil bolsas fabricadas y distribuidas, a un costo de 30 pesos, en distintos negocios de las mismas participantes de este proyecto.

El principal motivo para iniciar este movimiento de sustituir las bolsas de plástico, se dio después de conocer que los residuos de este material llegan en su mayoría al océano y cómo afecta ésto a la vida marina, por lo que también va acompañado de un movimiento para crear consciencia.

“Muchos creen que por tirarlo al cubo de basura ya está seguro; pero muchas veces pasa que se rompe la bolsa, llega a las calles, llueve, se va a una corriente de agua y se va al mar. Nos hace falta con la cultura de separar la basura y reciclar, ser conscientes del problema”.

CAMBIO DE HÁBITO

Carla Celaya atiende en su consulta nutricional y además es propietaria de un restaurante. Ahí también comenzó otro movimiento para disminuir el consumo de plásticos en la distribución de alimentos.

“Lo que más contamina son las bolsas y es lo más fácil de cambiar, el hacer consciencia de disminuir, el plástico en su mayoría está relacionado con el giro de alimentación, vasos, contenedores y es la basura que vemos en la calle. El mismo ritmo de vida actual que exige el uso de comida para llevar y yo me sentía parte del problema”, comentó.

Carla ofrece sus alimentos en materiales a base de bioplásticos, y aunque el costo es mayor, el beneficio para el planeta y quienes lo habitamos la han motivado a seguir.
También brinda un 10% de descuento si el cliente lleva su recipiente.

“Es formar un hábito uno mismo llevar las bolsas en el carro”, afirmó, “en la bolsa de mano para cuando vayamos al mandado, por estadística una familia mexicana promedio consume 62 bolsas de plástico a la semana”.

OTRAS ACTIVIDADES

Además de la fabricación y distribución de bolsas de tela, las integrantes de este movimiento también han realizado actividades de reforestación y de limpieza de espacios públicos y playas.

Este 30 de septiembre realizarán la limpieza de más de ocho kilómetros de playa en Kino Nuevo, como parte del movimiento mundial de Ocean Conservancy.

La limpieza consistirá en la recuperación de todos los residuos en la orilla de la playa para su separación y registro para este movimiento internacional.
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