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Hermosillo

Busca Kristian que su historia le sirva a otras mujeres

Con tan sólo 29 años, Kristian Janet Ocampo Castro luchó de frente y con todo contra el cáncer de mama.

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Por Jorge López

Kristian Ocampo participa en el programa "Cada historia puedes ser Otra".(Julián Ortega)

Kristian Ocampo participa en el programa "Cada historia puedes ser Otra". | Julián Ortega

HERMOSILLO, Sonora.- Con tan sólo 29 años, Kristian Janet Ocampo Castro luchó de frente y con todo contra el cáncer de mama, y hoy que tiene tres años en remisión dedica su tiempo a crear conciencia sobre la importancia de la detección a tiempo, pero especialmente entre las jóvenes.

Y es que señala que la gente suele confiarse al pensar que las jóvenes están exentas de enfrentarse a un reto de salud de esta naturaleza.

“Todavía sigue existiendo esa desinformación generalmente pensamos que el único estudio es una mamografía que la hacen para mayores de 38 a 40 años”, expresó.

Por ello le interesó formar parte de “Cada historia puede ser otra”, y también porque a ella le tocó vivir gran parte del proceso sin conocer la experiencia de otra persona, que como ella, estuviera librando la batalla.

Luego de un tratamiento que consistió en ocho quimioterapias, 25 radiaciones y una cirugía, reflexionó con su mamá sobre esta prueba que le tocó vivir.

Por algo pasan las cosas, esta va a ser mi misión, mi misión va a ser crear conciencia con todas las mujeres de que no nomás a cierta edad te puede dar cáncer, no... hay mujeres de 28 años con cáncer”, expresó.

En su caso ella siempre estuvo atenta y con chequeos médicos cuando le fue detectado un fibroadenoma.

“Aunque siempre estuve en revisión, el tumor fue uno de los tumores que crece super rápido”, expuso.

Cuando la pasaron con un ginecólogo oncólogo y luego de varios exámenes le confirmaron el diagnóstico estuvo en shock. “Fue un 7 de enero”, recuerda con claridad, cuando faltaba poco menos de un mes para su cumpleaños.

Aunque fue una noticia triste en su momento y pasó por momentos difíciles después de las quimioterapias, cuando no podía ni moverse por el dolor, comprendió que todo era parte del proceso, y los tratamientos su medicina para estar mejor.

“La enfermedad te enseña a celebrar la vida”, afirmó, “a querer vivirla a no querer perderte ningún instante de ella en mi caso unió a mi familia de una manera impresionante”.

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