Un álamo de más de 200 años resiste en la frontera de Arizona con Sonora tras la tala de otros tres, mientras manifestantes ocupan sus ramas para impedir que el segundo muro de Trump lo destruya
Decenas de personas mantienen una protesta permanente en Lochiel para proteger el último gran álamo antiguo ubicado sobre la frontera, dentro de la ruta prevista para una segunda barrera de nueve metros de altura

Un álamo de más de 200 años se convirtió en el centro de una protesta ambiental en la frontera entre Arizona y Sonora, donde activistas se turnan para permanecer sobre una plataforma instalada entre sus ramas con el objetivo de impedir que sea derribado por la construcción del muro fronterizo.
Según información de The Guardian, el árbol es el último de los grandes álamos antiguos que permanecen junto a la línea internacional en la comunidad de Lochiel, dentro del valle de San Rafael. La movilización aumentó después de que contratistas federales destruyeron otros tres ejemplares el 27 de julio de 2026.
El ejemplar se encuentra en la trayectoria de un muro secundario que se construye aproximadamente a 18 metros al norte de la frontera. En la misma zona también avanza otra barrera, por lo que el proyecto contempla dos estructuras paralelas de unos nueve metros de altura.
Los manifestantes aseguran que permanecerán en el lugar el tiempo necesario para salvar el árbol, al que algunos habitantes consideran un símbolo del paisaje y de los ecosistemas que conectan a México con Estados Unidos.

¿Cómo intentan evitar que derriben el álamo?
La protesta se desarrolla mediante una acción conocida como tree-sit, en la que una persona permanece sobre una plataforma colocada en la parte alta del árbol.
Los participantes se organizan en turnos para mantener la ocupación durante todo el día. Desde tierra, otras personas proporcionan comida, agua y los materiales necesarios a quien permanece entre las ramas. Varias decenas de activistas también acampan en un terreno privado cercano con autorización de su propietario.
La movilización ha sido pacífica. Una persona fue detenida el día en que los otros árboles fueron derribados, pero quedó en libertad ese mismo día sin que se presentaran cargos en su contra.
La activista Kate Scott, fundadora del Centro de Vida Silvestre del Archipiélago Madreano y una de las organizadoras, describió al álamo como un símbolo para la comunidad.
“Ella es nuestra Estatua de la Libertad”, declaró al referirse al último árbol antiguo que permanece en pie.
¿Por qué quieren cortar el árbol?
El tronco del álamo se encuentra en terrenos federales y dentro de la ruta prevista para una barrera secundaria fronteriza. Aunque parte de la arboleda y el campamento están en propiedad privada, el ejemplar crece en la Reserva Roosevelt, una franja federal de aproximadamente 18 metros de ancho junto a la frontera con México.
El Departamento de Seguridad Nacional de EEUU adjudicó en 2025 un contrato para construir aproximadamente 43 kilómetros de muro fronterizo nuevo en el condado de Santa Cruz, Arizona. Los documentos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza describen barreras formadas por bolardos de acero de 30 pies de altura, equivalentes a poco más de nueve metros.
En el valle de San Rafael ya se han levantado varios kilómetros de barrera. Los trabajos también incluyen perforaciones, movimiento de tierra y producción de concreto para las bases de las estructuras.

¿Por qué es importante este álamo para la región?
Los álamos necesitan acceso constante a agua subterránea, por lo que suelen crecer cerca de ríos y cauces en regiones áridas. Su presencia puede indicar la existencia de humedad y ayuda a sostener espacios de refugio, alimentación y reproducción para distintas especies.
El valle de San Rafael alberga las cabeceras del río Santa Cruz, que nace en Arizona, cruza hacia Sonora y después regresa a territorio estadounidense. La franja de vegetación que acompaña este cauce forma parte de los corredores naturales utilizados por animales que se desplazan entre ambos países.
De acuerdo con el conservacionista Russ McSpadden, alrededor del 90% de los bosques ribereños de Arizona ha desaparecido por la extracción y desviación de agua, el desarrollo urbano y la minería. Por ello, los activistas consideran que los árboles restantes tienen un valor ambiental que va más allá del ejemplar ocupado.
En el álamo que buscan proteger también fue observado un cuco piquigualdo occidental, especie clasificada como amenazada en Estados Unidos, según el testimonio del defensor ambiental.
¿La construcción del muro debe respetar las leyes ambientales?
La legislación estadounidense permite al secretario de Seguridad Nacional eximir proyectos fronterizos del cumplimiento de determinadas leyes cuando considera que pueden retrasar la construcción de barreras y caminos.
Esta facultad fue ampliada mediante la Ley Real ID de 2005, que autorizó al Departamento de Seguridad Nacional a dejar sin efecto requisitos legales para acelerar obras en la frontera.
En la práctica, estas exenciones pueden incluir normas de protección ambiental, entre ellas disposiciones relacionadas con especies amenazadas. Esto reduce las posibilidades de frenar una obra mediante procedimientos ambientales ordinarios.
Los organizadores señalaron que previamente enviaron cartas a la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) para solicitar que los álamos fueran conservados. La agencia respondió en junio que evitaría cortar árboles con aves anidando, pero activistas afirmaron haber documentado un nido antes de la tala de los tres ejemplares.
¿Qué ocurrirá con la protesta?
No está claro cómo actuarán las autoridades si los trabajos llegan hasta el árbol. Los participantes se encuentran principalmente en propiedad privada, mientras que el tronco está en suelo federal.
Los manifestantes sostienen que no abandonarán el campamento hasta obtener garantías de que el ejemplar será conservado. También buscan que la protesta llame la atención sobre el impacto de las barreras fronterizas en los corredores de vida silvestre, los cauces y la vegetación que conecta a Arizona con Sonora.
La CBP, el Departamento de Seguridad Nacional y la empresa contratista Fisher Sand and Gravel no habían respondido a las solicitudes de comentarios de The Guardian al publicarse el reporte.
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