Cerro de La Campana
Hay quienes advierten faltas graves en la construcción e incumplimiento a la normatividad para áreas hospitalarias por lo que llaman a que esa rehabilitación sea supervisada por especialistas y no sólo quede en un arreglo superficial.
Mientras se resuelve si habrá o no un nuevo hospital del Issste en Hermosillo, la rehabilitación del edificio actual “Fernando Ocaranza” se ha convertido en una gran urgencia que ha quedado en medio de una polémica en redes sociales de réplicas y contrarréplicas de su director general, Martí Batres.
Luego de que sus publicaciones en redes sociales desataran críticas por mostrar la instalación de aerocoolers en el hospital local y la difusión de otras acciones que considera importantes para la “remodelación integral”, como lo dijo ayer, Batres salió a defenderse y a llamar “andanada de desinformación” lo que se ha dicho, a desmentir datos, a decir que hubo confusiones y a señalar que esas instalaciones estuvieron en el abandono por “36 años de neoliberalismo”.
Desde hace varias semanas los trabajadores y derechohabientes salieron a denunciar con bloqueos viales y protestas, y dejaron evidencia de las condiciones deficientes de las instalaciones, que han tenido eco nacional. Apenas así lograron atención institucional y han visto obras de rehabilitación, pero hay fallas que siguen presentándose como quedarse sin luz.
Hay quienes advierten faltas graves en la construcción e incumplimiento a la normatividad para áreas hospitalarias por lo que llaman a que esa rehabilitación sea supervisada por especialistas y no sólo quede en un arreglo superficial.
El director del Issste sólo en la última semana publicó visitas al Centro de Cirugía Ambulatoria, a la Clínica de Neuropsiquiatría o Estancia Temporal para Enfermos de los estados y la Clínica de Especialidades Dentales, todas unidades del Issste. Quizás contemple también una visita por la ciudad.
Y es que, tal como lo hace la presidenta Claudia Sheinbaum con sus recorridos por los estados, no hay como estar en el terreno y ver lo que se hace y lo que falta.
Ahora es la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (Anuies) la que pone de nuevo el tema sobre la mesa de la necesidad de aumentar el presupuesto para atender la cobertura, gratuidad y calidad educativa.
Ese mismo planteamiento hizo la semana pasada el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Leonardo Lomelí, ante una comisión de diputados federales, pues ven que los dineros no alcanzan aunque aseguran que se han “apretado el cinturón”.
Lo que dice el coordinador de Vinculación Estratégica de la Anuies es que buscarán que el Congreso apruebe un incremento nominal de 8% al presupuesto de las universidades públicas para 2027 al explicar que los aumentos autorizados este año quedaron por debajo de la inflación y que el rezago financiero ya supera los 50 mil millones de pesos tras la desaparición de fondos extraordinarios desde 2018.
Y este llamado se agudiza pues la crisis estalló en Universidad Autónoma de Sinaloa donde hay paros laborales, dificultades para cubrir salarios y prestaciones, además de una dependencia creciente de apoyos extraordinarios; ahí el sindicato insiste en que los recursos temporales no resuelven el problema de fondo. Una historia similar a la que acaba de vivir la Unison con 49 días de huelga en lo que va del año, 27 días del Sindicato de Trabajadores Académicos (Staus) y 22 días del Sindicato de Trabajadores y Empleados (Steus).
Con este escenario, los expertos reiteran que la educación superior debe ser considerada una inversión para el desarrollo de México y que los discursos deben reflejarse en el presupuesto porque si no habrá que acostumbrarse a las crisis financieras de las universidades.
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