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“Ni miedo ni dolor”: Airam, el joven que sobrevivió a una caída de más de 30 metros y hoy agradece estar vivo

Las oraciones venían de todos lados y las palabras de aliento llegaban cada vez que lo necesitaban, afirmaron.

“Ni miedo ni dolor”: Airam, el joven que sobrevivió a una caída de más de 30 metros y hoy agradece estar vivo

Ni miedo ni dolor, sólo el propósito de salir adelante; eso fue lo que Airam Carballo Gálvez dijo sentir luego de caer de más de 30 metros de altura del puente del vertedor de la presa “Abelardo L. Rodríguez”, el pasado 20 de julio, superando al día de hoy más de 10 cirugías y 52 transfusiones de sangre para recuperarse. Yo le doy muchas gracias a Dios que nunca tuve dolor, no tuve miedo, no tuve nada, afirmó el joven de 17 años, quien recuerda claramente cómo fue el día de la caída, su rescate y hasta la llegada al hospital.

“Ese día íbamos llegando del pueblo porque yo tenía un compromiso de vender bolis con mis compañeros de danza. Recuerdo que mi mamá me decía que no fuera porque estaba nublado y no íbamos a vender, pero dio la casualidad que vendimos todos ese día”, recordó. Airam, junto a otra compañera, se ofrecieron a ir por más bolis hasta la colonia Las Lomas, pero decidieron irse caminando.

Para cortar camino y evitar el tráfico del bulevar Ganaderos, se les hizo buena idea irse por el puente sobre el vertedor de la presa, pero las cosas no salieron como esperaban. “Cuando íbamos subiendo vimos que bajaban unas personas. Ahora pienso que a lo mejor bajaban porque vieron que venía el tren, pero nosotros no sabíamos. Ya que íbamos a medio puente, recuerdo que volteé a ver a mi amiga y le pregunté si todo estaba bien, y me dijo que sí. Cuando vi hacia arriba, ya sólo vi las luces del tren y me tiré”, relató.

RECUERDA LA CAÍDA

Airam recuerda claramente haber caído directamente al suelo, en un golpe crudo, sin nada que detuviera o amortiguara la caída. “La verdad es que los doctores no se explican qué pasó porque yo recuerdo que caí directo; no caí a la rampa que hay en el vertedero, sino directo hasta abajo, y mi amiga también lo recuerda así”, afirmó. Al momento de caer en el suelo, Airam ya no pudo mover su cuerpo, pero asegura no haber sentido dolor en ese instante, por lo que no entró en pánico.

“No sentía dolor, nada, solamente hormigueo en todo el cuerpo. Sí sentía que no me podía parar, pero sólo eso”, expresó. Durante el rescate, que duró alrededor de dos horas y media, Airam estuvo contestando las preguntas de los paramédicos, habló con ellos, hacía lo que le indicaban, y aún en ese momento confesó que no quería pensar en la gravedad de lo que pasaba.

“Yo no pensaba en ese momento nada. Yo sólo hacía lo que me decían, recuerdo que me pedían que moviera la mano y lo hacía. Yo estuve consciente todo el tiempo hasta que llegué al hospital. “En el DIF medio me sedaron, pero fue hasta que llegué a la Clínica 14 que, yo creo que con la sedación, ya me quedé dormido”, explicó.

A pesar de la facilidad con la que contaba el suceso, Airam no podía evitar derramar lágrimas en el proceso y hacer pequeñas pausas para poder limpiarse el rostro.

Aseguró que lo más increíble para él ha sido procesar todo lo que pasó y cómo ahora está vivo gracias al amor de tanta gente y, sobre todo, a Dios, quien les dio fortaleza a él y a su familia para lograr hoy contar su historia.

JAMÁS SE LO ENTREGUÉ A DIOS: MAMÁ DE AIRAM

Ivonne Guadalupe Gálvez y Francisco Manuel Carballo, padres de Airam, explicaron lo difícil que fue vivir más de 80 días con la posibilidad de perder a su hijo en cualquier momento.

Contaron cómo en el proceso de recuperación Airam requirió más de 50 transfusiones de sangre, le extirparon el 85% de su páncreas, el bazo, y tuvieron que tratar su fractura de cadera con una prótesis de metal para que pudiera volver a pararse.

Todo el proceso fue muy difícil, tanto de aceptar como de entender, afirmaron, pero la fuerza para sobrellevarlo fue ver la fortaleza de Airam por recuperarse y el apoyo de tanta gente que, sin conocerlos, les brindaron una oración, un abrazo, una donación de sangre o un deseo positivo para Airam, llenándolos de luz durante ese túnel oscuro.

“Hasta los médicos nos decían que siguiéramos agarrados de la mano de Dios; ellos mismos nos decían que Él era el que mandaba.

“Nos tocó que hasta nos invitaran a una oración antes de una cirugía y nos permitieron ponerle la mano en el corazón a Airam”, contó conmovida Ivonne.

NO FALTARON LAS ORACIONES

Las oraciones venían de todos lados y las palabras de aliento llegaban cada vez que lo necesitaban, afirmaron, mostrándoles señales divinas de que algo superior a ellos tenía a Airam tomado de la mano.

Fue por eso, aceptó Ivonne, que ella jamás entregó a su hijo a Dios para que se lo llevara, sino que le pidió que lo dejara a su lado y le permitiera verlo recuperarse.

“A mí me pidieron mucho que lo entregara, mis hermanas me decían que ya me lo había prestado 16 años y que se lo entregara de vuelta, pero no. Yo les decía que no, que no estaba enojada, pero Dios sabe que soy madre y le pedía mejor que me lo dejara.

“Yo le pedía que me lo siguiera dejando, que no me lo quitara todavía, y que respetaba su decisión, pero jamás loiba a entregar; yo quería que me lo dejara”, platicó llorando.

“QUIERO SEGUIR RECUPERÁNDOME”

Fue el 22 de agosto de 2025 cuando Airam volvió a despertar, después de un mes inconsciente. Recuerda haberse sentido impresionado del estado en que se encontraba su cuerpo, más aún después de escuchar todos los procedimientos que había necesitado.

“Cuando recién desperté, lo primero que pregunté es por qué estaba abierto, por qué tenía un sistema VAC que sirve para acelerar la curación de heridas crónicas, agudas, úlceras y sitios quirúrgicos, retiran do fluidos, reduciendo la inflamación y estimulando el tejido de granulación para un cierre más rápido y efectivo.

“Me explicaron que fue porque tuvieron que quitar casi todo el páncreas, que me dejaron el 15%, y que esto era para drenar todas las enzimas y cosas que produce el páncreas; me pusieron el aparato”, expuso.

Sorprendentemente, dijo, no tuvo más que una fractura en su cuerpo, en una parte de la cadera, que si bien fue bastante delicada por la zona donde ocurrió, las consecuencias pudieron ser mucho más graves.

APRENDER A CAMINAR

Aun así, contó, el proceso de recuperación no fue nada fácil, pues requirió prácticamente volver a aprender a caminar, deglutir y hasta tomar agua, debido a las consecuencias que dejó el golpe en su cuerpo.

“Tenía unos fijadores externos, que son dos tornillos metidos a cada lado de la cadera para fijármela y que soldara. Estuve con ellos como cuatro o cinco meses; me los quitaron el 14 de noviembre, el 15 me paré y de ahí ya empecé a caminar.

“Al principio tuve que aprender a tomar agua otra vez, porque no podía ni mover la boca; me daban agua con una servilleta, sólo remojándome la boca”, relató.

A la fecha, Airam, estudiante del Cobach Villa de Seris, ya puede caminar con bastón y logró que le retiraran la sonda de la traqueotomía desde el 5 de noviembre.

Sus cuidados actuales son de seguimiento y una alimentación saludable, debido a la disminución del páncreas al 15%.

Conmovido hasta el llanto, dijo sentirse muy agradecido de poder estar con vida y de poder moverse, y tiene fe de que pronto también podrá volver a bailar folclórico, como tanto disfrutaba antes del accidente.

Su sueño, dijo, es poder ser ingeniero agrónomo o dedicarse a algo relacionado con el campo, ya que es algo que le apasiona mucho y que desea concretar con esta segunda oportunidad de vida.

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