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Mayos, pueblo noble que busca conservar sus raíces

Mayos, pueblo noble que busca conservar sus raíces

Debajo de una ramada tradicional y bajo el manto de estrellas, seis indígenas mayos danzan al ritmo de notas musicales que emulan sonidos de la naturaleza, al tiempo que personifican a animales en honor a sus deidades.



Antes dejaron a Cristo y a varios santos en su respectivo altar, en medio de una vistosa fiesta a la cual todos están invitados. Es Semana Santa, una de las mayores celebraciones cristianas de este grupo indígena asentado en el Sur de Sonora.



La Navidad, el día de la Virgen de Guadalupe, la celebración a la Virgen de la Concepción y la Pascua son sus mayores celebraciones, pero en su calendario de festividades figuran casi 200 fiestas.



“El mayo es noble, confianzudo, hospitalario. El trato entre yoremes (mayos) es igual, pero de yoreme a yori (blancos), el mayo es sicoanalista, te ve a los ojos, si no te ofrece una silla cuando vas a su casa, ah caray, no eres bien recibido”, describe José Gil Jocobi Verdugo.



El promotor cultural de la etnia señala que tehuecos, zuaques, sinaloas, tepahues, conicaris, baciroas, macoyahuis, comanitos, mocoritos, tahues y acaxees, entre otros grupos, se fundieron en un solo grupo indígena: Los mayos.



EL GRUPO MÁS NUMEROSO


Ocuparon un territorio vasto comprendido entre el Sur de Sonora y el Norte de Sinaloa, donde aún permanecen aunque en menor número. En la entidad, se estima que habitan unos 80 mil yoremes o, lo que la convierte en la tribu con más población de Sonora.



Están asentados en los municipios de Navojoa, Etchojoa, Huatabampo, Benito Juárez, a la ribera del Río Mayo que irriga un extenso valle agrícola del mismo nombre.



A pesar de que conservan las tradiciones y rituales de sus antepasados, los mayos se diferencian del resto de las tribus que habitan en el Estado por su apertura al mundo exterior y su mayor vocación intercultural.



Pero esta disposición del mayor también pone a la Tribu en peligro de extinción de su cultura, destaca Tonatiuh Castro Silva, investigador de la Unidad Regional de Culturas Populares.



“Esta disposición que se ha visto en muchos pueblos a lo largo de la historia puede determinar también su extinción cultural, es el caso que ocurrió a los ópatas”, explica.



A pesar de que los mayores buscan conservar sus raíces, las nuevas generaciones están más enfocadas en la vida moderna, algunos jóvenes se preocupan por estudiar y los niños ya casi no hablan la lengua mayo.



Como látigos con los que reciben un castigo, la pobreza y la falta de oportunidades golpean a niños y adultos, esta condición en la que viven en algunos poblados trajo consigo problemas como alcoholismo, drogadicción y delincuencia, a decir de algunos habitantes.



Aún con dificultades, los mayos aseguran que tienen un futuro todavía prometedor y preparan a los más chicos para que trabajen por él, un porvenir donde estén incluidas sus tradiciones.



“Para mí (danzar) es un don que me dio Dios y también porque mis antepasados me lo heredaron, me siento muy orgulloso de esto y quiero seguir con esto”, menciona el danzante Esteban Jocobi, de 11 años, “si yo algún día llegara a tener hijos, los puedo enseñar para que nunca se pierda la tradición”.


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