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Dora Luz Rodríguez narra la odisea que vivió en 1980 y cómo esa experiencia la convirtió en activista por los derechos de los migrantes: ““La maldad y los hechos inhumanos que hizo esa administración, donde separó a padres de sus hijos y muchas otras acciones de violación directa a los derechos humanos, nos motivó a establecer Salvavision”

De sobreviviente del desierto a defensora de derechos humanos, su labor protege a migrantes en Nogales, Sásabe y Tucson

Dora Luz Rodríguez narra la odisea que vivió en 1980 y cómo esa experiencia la convirtió en activista por los derechos de los migrantes: ““La maldad y los hechos inhumanos que hizo esa administración, donde separó a padres de sus hijos y muchas otras acciones de violación directa a los derechos humanos, nos motivó a establecer Salvavision”

NOGALES.- El intenso sol del mes de julio se sentía sobre el cuerpo como una brasa quemante, los labios resecos y la lengua pegada al paladar por falta de agua eran una verdadera tortura, cada paso se sentía más difícil de dar que el anterior, Dora Luz y otras 25 personas migrantes simplemente ese día pensaban y deseaban en su interior no morir. Al tercer día, perdidos en el desierto en Arizona, bajo una temperatura de más de 40 grados, sin agua y sin alguna sombra; el calor, la deshidratación y la debilidad cobraron la primera víctima del grupo, al día siguiente fallecerían otros más. Al quinto día, ya al punto de desfallecer y morir de sed, por fin fueron rescatadas trece personas.

La salvadoreña Dora Luz Rodríguez Padilla, fue una de las que sobrevivió intentando cruzar la frontera en 1980, y quien además vio morir en esa ocasión a trece personas del grupo de migrantes con el que viajaba. Ella es ahora una luchadora social, fundadora de la organización sin fines de lucro, Salvavision, que protege a migrantes en Sonora y Arizona. La organización que ofrece distintos servicios de ayuda humanitaria a la población migrante, tiene su base de operaciones en la ciudad de Tucson, Arizona, sin embargo, su influencia trasciende las fronteras entre Sonora y Arizona.

Momentos en que Dora Luz era rescatada en el desierto de Arizona, cuando estaba a punto de morir de sed. La foto es de 1980. Foto: Especial

RESIDENTE LEGAL

Después de haber sido deportada en dos ocasiones y estar al borde de la muerte en el desierto, la salvadoreña logró establecerse como residente legal en los Estados Unidos. Actualmente, de 64 años, casada, madre de cinco hijos y abuela y con cinco nietos, participa activamente en los esfuerzos por garantizar los derechos de los migrantes. Fue en 1982, dos años después de la experiencia en el desierto e impulsada por su fe católica, cuando la activista se involucró en la lucha por los derechos de los migrantes, participando con diversas organizaciones de ayuda humanitaria.

Yo pertenezco a la organización de los Samaritanos que dejan agua en el desierto, así como a la organización de Fronteras Compasivas, pero fue hasta la entrada del Gobierno de Trump que iniciamos con nuestra propia organización"

“La maldad y los hechos inhumanos que hizo esa administración, donde separó a padres de sus hijos y muchas otras acciones de violación directa a los derechos humanos, nos motivó a establecer Salvavision en el año del 2016”, comentó Rodríguez Padilla.

La mujer que comenzó llevando ropa y alimento a Nogales para las personas deportadas, sin embargo, en los tiempos de pandemia, muchas personas comenzaron a ser expulsadas por el Sásabe, Sonora, lo activó la mayor labor humanitaria de la organización.

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“Con en alto número de deportaciones a un pueblo con apenas 2 mil 500 habitantes, surgió una crisis humanitaria en el 2020, por lo cual, fuimos al pueblo para ofrecer ayuda, ya que la gente dormía en las calles y solamente contaban con los servicios de un doctor particular”, dijo.

Una semana después estábamos llevando 700 despensas, ropa y medicamentos, lo cual hicimos por varios meses hasta fundar la Casa de la Esperanza el primero de mayo del 2021, donde fueron atendidas miles de personas”, expresó.

SÁSABE, ZONA DE GUERRA

Fue en octubre del 2023 cuando la casa cerró debido a la violencia desatada por la guerra entre grupos criminales que se disputan la zona, por lo cual, las funciones de la organización cambiaron, ya que los pobladores del Sásabe pasaron a ser refugiados en los Estados Unidos.

“A todos esas personas que fueron obligadas a dejar sus tierras les ayudamos a conseguir una casa, escuela para sus hijos y trabajamos, ya que fueron despojados de todo lo que tenían de un momento a otro”, señaló la activista.

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Aunque la organización sigue impulsando varios frentes, actualmente concentran su trabajo en apoyar a más de 60 familias de personas indocumentadas que viven en Tucson, las cuales se quedaron sin trabajo y tienen miedo de ser arrestados por las autoridades de migración.

“Ahora mismo apoyamos a estas familias con todo lo básico, desde alimento hasta el pago de la renta, de la luz y el gas, pues no pueden salir a trabajar por el temor de ser arrestados por las autoridades de migración” dijo.

Pies lacerados de una persona migrante que buscaba llegar a EE.UU. Foto: Especial

EL HECHO QUE MARCÓ SU VIDA

Después de dos intentos de cruzar ilegalmente a los Estados Unidos en enero y febrero de 1980, Dora Luz se vio en la necesidad de arriesgarse una tercera vez ya que en su país había estallado una la guerra civil.

El conflicto armado en El Salvador se dio entre 1980 y 1992 propiciado por la injusticia social y la pobreza, marcado por la violencia y la represión, en donde se enfrentaron la Fuerza Armada de El Salvador (FAES) al grupo insurgente del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

En ese entonces el Gobierno mataba a los estudiantes como yo, quienes nos atrevidos a levantar la voz por las injusticias, por lo cual, con la bendición de madre intenté salir varias veces del país para buscar refugio en los Estados Unidos"

“Después de dos deportaciones, en julio de 1980, salimos de El Salvador un grupo de 26 migrantes guiados por coyotes salvadoreños, con la promesa de que nos llevarían hasta la ciudad de Los Ángeles, California”, recordó.

Rodríguez Padilla, dijo que al llegar a Sonora, los “coyotes” salvadoreños emplearon a un “coyote” de Sonoyta, quien los aventuró por el desierto con una temperatura superior a los 40 grados centígrados.

Desde la primera noche el ‘coyote’ se perdió y nos abandonó en el desierto, ese grupo de 26 personas la mayoría éramos jóvenes y recuerdo perfectamente a cuatro personas que marcaron mi vida; tres hermanitas de 12, 14 y 16 años que viajaban solas y una mujer con tres meses de embarazo".

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“Al tercer día en desierto murió la primera persona del grupo y ya estábamos tomando nuestros propios orines por la desesperación y fue hasta el quinto día que fuimos rescatados por una brigada de búsqueda entre autoridades y comunidad civil de Estados Unidos”, comentó.

Su fe en Dios y su amor al prójimo ha llevado a Dora Luz Rodríguez a brindar apoyo a cientos de migrantes. Foto: Especial

LAS TRES HERMANITAS

Dora Luz platicó que esa experiencia la marcó para siempre, ya que miró morir a las tres niñas y a una mujer con tres meses de embarazo; lo que hizo que su vida se enfocara al servicio de la comunidad migrante.

Las vi morir y no pude hacer nada; ese día fuimos rescatadas 13 personas del desierto, pero 13 de nuestros hermanos perdieron la vida a nuestro alrededor, es por eso que todos los días nos levantamos con el corazón por delante, buscando ayudar a quienes arriesgan todo por una mejor vida”, expresó.

Después de más de cuatro décadas de aquel acontecimiento que casi le arrebata la vida, la activista salvadoreña sigue caminando entre el dolor y la esperanza, cargando los nombres de quienes no sobrevivieron como una promesa silenciosa. Cada bolsa de comida entregada, cada familia que es acompañada en sus procesos de angustia dentro y fuera de los Estados Unidos y cada migrante protegido es una forma de devolver humanidad a una frontera que muchas veces la niega.

Su historia no solamente es la historia de una sobreviviente,sino la de una mujer que transformó la tragedia en misión y el recuerdo de trece vidas perdidas, en un compromiso inquebrantable de amor y ayuda a los migrantes.

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