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Francisca Alicia Castro dedicó su vida a cuidar enfermos y terminó convirtiéndose en la madre y guía de toda una colonia en Hermosillo

“Panchita” Castro fue recordada por familiares, amigas y ex compañeras como una enfermera ejemplar que ayudó a generaciones enteras dentro y fuera de los hospitales

Francisca Alicia Castro dedicó su vida a cuidar enfermos y terminó convirtiéndose en la madre y guía de toda una colonia en Hermosillo

HERMOSILLO. — Francisca Alicia Castro Ibarra dedicó su vida al servicio de los demás como enfermera, siempre con vocación y entrega, aunque no tuvo la oportunidad de ser madre, su amor la llevó una para Francisco Eliezer Sánchez Galván y guía de muchos más, convirtiéndose en una verdadera maestra de vida.

Para Francisco Sánchez; Francisca “La Chica” Castro fue la madre que le salvó la vida, pues al nacer como un niño muy enfermizo, ella lo sacó de la incubadora para cuidarlo personalmente, dándole el peso y la fuerza necesaria para sobrevivir gracias a su experiencia.

Aunque no compartían la misma sangre, ella fungió como madre y padre a la vez, enseñándole desde valores académicos hasta oficios como mecánica y plomería, impulsándolo siempre a superarse hasta que Francisco Sánchez logró obtener su doctorado, un logro que ella pudo presenciar con orgullo antes de su partida, un incendio en su domicilio ocurrido el pasado 6 de mayo en la calle Zacatecas en la colonia San Benito.

“Le digo mamá con mucho cariño, porque mi madre biológica trabajaba todavía y la persona que me crió, que me enseñó todo en la vida, que me llevaba al kinder, a la primaria, secundaria, estuvo en todas las etapas fue mi mamá Alicia “Panchita” Castro. Ella me inculcó los valores del estudio, del esfuerzo, pude entrara a la Universidad de Sonora, seguí estudiando la maestría y doctora, y le tocó verme todos mis estudios profesionales”, comentó Francisco Sánchez.

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“Panchita” Castro fue recordada por generaciones de enfermeras y vecinos

En pleno Día de las Madres, 10 de mayo, Francisco Sánchez, junto a su madre biológica Julia Galván, y ex compañeras Rosela Verdugo y Rosario Solís, despidieron a Francisca Alicia recordando su gran corazón y trayectoria como enfermera en una misa en la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Fátima en la colonia San Benito.

Francisco Sánchez afirmó que “Panchita” siempre será pilar de su existencia, recordando que para ser madre solo se necesita la decisión de amar, Francisca fue su refugio emocional y su guía constante, demostrando que el vínculo de crianza es tan poderoso como cualquier lazo biológico.

“Fue una gran mujer y fue mi madre y mi padre, se podría decir, porque ella me enseñó cosas básicas de mecánica, electricidad, que ella misma aprendió en la vida para solucionar problemas y ayudarle a la comunidad. Creo que mi vida sería diferente sin ella. En la escuela me decían que si era mi abuela, y siempre decía que era mi mamá”, señaló Francisco Sánchez.

Su vocación nació ayudando a personas necesitadas en Hermosillo

La vocación de servicio de Francisca Alicia nació en la Central de Abastos Francisco I. Madero, donde desde los diez años ayudaba a su padre y recolectaba fruta para los necesitados, este inicio humilde forjó su carácter generoso y la llevó a estudiar enfermería para dedicar su vida entera a la salud pública, recordó su ex compañera de generación Rosario Solís.

Tras ambas coincidir en la Universidad de Sonora en la generación 1972–1975, Rosario Solís destacó que Francisca Alicia fue pionera al recorrer las calles de Hermosillo en motocicleta para visitar enfermos, su labor comunitaria en la colonia San Benito la convirtió en una leyenda de la enfermería, siempre dispuesta a caminar los barrios más alejados para atender a las familias vulnerables.

En la Universidad de Sonora fue una estudiante brillante con el mejor promedio de su generación, recibiendo incluso un reconocimiento de la presidencia de la República con Luis Echeverría, a pesar de sus logros, siempre mantuvo una sencillez absoluta, prefiriendo compartir sus conocimientos con las nuevas generaciones sin ningún egoísmo.

“Muy humilde porque nunca presumió sus logros. Ella conocía muchas necesidades, siempre visitó a las poblaciones de la periferia cuando empezó a crecer Hermosillo, siempre iba con su hielera para vacunar y atender a quien lo necesitara”, expresó Rosario Solís.

Francisca Alicia también apoyó a estudiantes y enfermeras foráneas

Sus ex compañeras destacaron que Francisca Alicia fue una protectora para las enfermeras foráneas, brindando hospedaje y apoyo emocional a quienes llegaban solas a estudiar, para muchas, siendo también la madre que las sostuvo durante sus pérdidas familiares, transmitiendo un amor que iba mucho más allá de su responsabilidad como jefa o supervisora.

Incluso jubilada, se mantuvo activa como gestora social en su comunidad, luchando por mejorar las condiciones de las escuelas y eliminando focos de infección en las chatarreras locales, su energía era inagotable cuando se trataba de proteger la salud y la seguridad de sus vecinos en Sonora.

“Ayudaba mucho a mucha gente, entre ellas me cuento yo, como estudiante foránea, tuve la oportunidad de contar con su apoyo, porque tuve pérdidas importantes en la familia y ella fue mi sostén aquí porque yo no tenía a nadie más, mi apoyo emocional fue de ella”, señaló Rosario Solís.

Hoy sus cenizas descansan tras una vida de sacrificio y amor incondicional, dejando un legado de profesionalismo y humanidad. Francisca Castro no solo curó cuerpos como enfermera, sino que transformó vidas enteras con su inmensa capacidad de dar, convirtiéndose en la madre de toda una colonia.

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