“Sé lo que se siente pasar hambre”: Ernesto pasó de ser estudiante a becar a alumnos foráneos de la Unison con apoyos de comida en su cafetería
Brinda una comida completa a casi 50 alumnos foráneos por semestre y también ha habido maestros que se suman a la iniciativa.

HERMOSILLO, Sonora.- Ernesto Navarro Gómez, encargado de la Cafetería de Educación en la Universidad de Sonora, inició hace seis años un programa de becas alimentarias para apoyar a estudiantes foráneos con un alimento diario. La iniciativa comenzó con 10 beneficiarios y actualmente brinda una comida completa a casi 50 alumnos por semestre.
Ahorita hemos becado hasta 50 estudiantes, gracias a Dios y a padrinos que salen de las redes sociales, o padrinos que tenemos aquí en Enfermería, que son algunos maestros que se suman y nos becan estudiantes para que tengan su comida y refresco”, comentó.
El proyecto, relató, surgió al observar que muchos estudiantes batallaban para poder alimentarse, situación que lo hizo recordar su propia experiencia como universitario foráneo y sentir la necesidad de apoyarlos.
Para Navarro Gómez, esta iniciativa representa una forma de devolver un poco de lo que la comunidad estudiantil le ha dado a su negocio a lo largo de los años, así como la confianza que siempre le han brindado al consumir sus alimentos.
Yo también fui alumno foráneo y me tocó andar batallando para la estudiada y para la comida, porque en mis tiempos, al menos yo, jamás conocí una cafetería”, relató. “Entonces, cuando te das cuenta de que hay alumnos que le batallan, que no tienen para comer y que duran todo el día sin alimento, empezamos a idear formas de ayudarlos”.

AL PRINCIPIO “FIABAN”
En un inicio, explicó, optaron por “fiar” los alimentos o cobrarlos a un precio más módico, adecuado a las posibilidades de los estudiantes; pero, al notar que esto no era suficiente, decidieron comenzar a otorgar becas.
“Fue hace cinco o seis años cuando pusimos la convocatoria oficial, que realmente es una cartulina que pegamos en la pared de la cafetería”, bromeó. “Siempre nos comprometemos a becar entre 10 y 15 alumnos para irnos medidos, pero cuando llegan las solicitudes y ves la necesidad, realmente siempre agarramos más”, explicó.
Lo hicimos para devolver un poco de lo que los alumnos nos han dado. Nosotros nos debemos a ellos, y si nos está yendo bien a nosotros, queremos que les vaya bien a ellos también”, agregó.
A lo largo de estos años, dijo, las experiencias han sido mayormente positivas. Aunque en algunas ocasiones detectaron que jóvenes solicitaron la beca sin necesitarla, la mayoría de los casos reflejan el impacto que tiene una comida diaria en el desempeño y ánimo de los estudiantes.
“Ha habido veces que los alumnos, sin que nosotros se los pidamos, nos traen el kárdex del semestre que no estuvieron becados y del que sí, y de verdad se ve la diferencia.
Los ves contentos. Me dicen: ‘Señor Navarro, nomás para que vea que lo que usted está haciendo es muy bueno’, y uno se emociona. Han venido alumnos a darnos las gracias cuando terminan la carrera; vienen y se despiden de nosotros, aunque yo los haya becado solo un semestre”, relató.
SIN HACER CUENTAS
Aunque es consciente de que este apoyo representa un gasto que sale directamente de su negocio, aseguró que nunca ha querido hacer cuentas sobre lo que invierte.
“Yo nunca he sacado, ni he querido sacar las cantidades de cuánto gasto, porque lo disfruto mucho. Una vez un maestro vino y me dijo: ‘¿Oye, sí sabes cuánto es lo que estás invirtiendo y echando para afuera en becar a los alumnos?’ y le respondí que no, y que lo único que me importaba es que lo que yo le doy a los alumnos jamás me ha hecho falta, gracias a Dios”, compartió.
“El maestro me dijo que era bastante considerable lo que invertía, pero yo creo que la bendición llega de otras formas, no necesariamente monetarias, y gracias a Dios a nosotros nos ha bendecido mucho”, reafirmó.
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